A 40 años del Golpe, acción y reflexión para resistir a los buitres

“40 años no es nada”, parecen repetir algunos personeros políticos corporativos que anuncian por estos días un regreso a los días de José Alfredo Martínez de Hoz. Y son 40 años del golpe los que se cumplen el próximo 24 de marzo, cuando miles de argentinos salgan a recordarlo de modo activo, decidido y con la convicción de un país difícil de doblegar.
Escribe Alejandro C. Tarruella, especial para InfoBaires
Sucede que son los días en que Paul Singer y el gobierno van en aparente rumbo a un endeudamiento histórico, voraz y destructivo, tan difícil para el país que hasta algunos que votaron a favor de acordar lo que exigen los fondos buitre, analizaron que es dramático el camino que quieren hacer economistas como Prat Gay, Sturzenegger, Melconian y otros. Es de suponer -dicen-, que no van por los lauros, sino por las comisiones. Como en el 2001.
Greg Palast, notable periodista y pensador norteamericano, calificó a Paul Singer de “pirato y corsario”. Dijo luego que «la razón por la que influyó en la elección de Argentina fue para conseguir un presidente títere que le escriba un cheque que le dé ganancias de 10.000 por ciento. Ahora está buscando lo mismo en los Estados Unidos. Paul ‘el buitre’ Singer es el donante nº 1 del Partido Republicano.»
Este es, en parte, el trasfondo del recordatorio en las calles del 24 de marzo que comparte no olvidar el golpe cívico militar que encabezaron los uniformados Videla, Massera y Agosti, acompañados, entre otros, por la justicia.
Este año de 2016, el recordatorio se da en un campo de adversidades. La Argentina vive un retroceso pronunciado en los logros que se iniciaron el 25 de Mayo de 2003, cuando asumió el gobierno de Néstor Kirchner. Se inició allí un tiempo en el que se recuperaron las paritarias para los trabajadores, se reconocieron urgentes necesidades de diferentes sectores nacionales, se planteó una continuidad con profundización de las políticas de Derechos Humanos y hubo un cambio rotundo en la economía, iniciándose un proceso de industrialización con peso en las pymes.
Se trabajó sobre un modelo industrial que contempló industrias como la nuclear, la automotriz, saltos como el dado en el desarrollo satelital, y un cambio notorio en la educación con incorporación de nuevas universidades. La cultura que sobrevivía a la dictadura, cobró impulso en el marco de una economía que integraba paulatinamente a cada sector de la vida nacional, las provincias y los municipios. Otro tanto ocurrió con la salud.
40 años son la medida exacta para una reflexión colectiva que va a mostrar que hay una ciudadanía de pie, no dispuesta al olvido como lo quieren los mercaderes
En estos momentos, ese horizonte es negociado como si fuese moneda de cambio de una pertenencia en el campo internacional, que solo se explica en el marco de un sometimiento que intenta devolver al país a los términos de los años de oro del neoliberalismo en la década de los noventa.
Despidos sin causa motivados por el revanchismo, nombramientos a dedo, decretos sin consistencia institucional, falsos alineamientos con las grandes potencias para alejar al país del propio continente, subrayan la intenciones de acabar con el Mercosur y eliminar la posibilidad de ingresar a los BRICS, como Brasil, ahondando los vínculos con países que se mueven fuera del arco del imperio. La venida de Barak Obama a la Argentina, se inscribe en ese marco bajo la premisa del sometimiento nacional.
Es allí donde la fecha tiene otro ingrediente que es común a nuestros padeceres: el intento golpista de sectores de la justicia brasileña contra la presidenta Dilma Roussef y su principal ministro del gabinete, Luiz Inacio Lula. El imperio quiere que Brasil se someta como en 1964 a los dictados del norte. Quiere que salga de los BRICS y que la policía pase a ser la fuerza de represión interna de los conflictos. No en vano, la policía está implicada de modo parcial en el intento golpista.
Las multitudinarias manifestaciones en San Pablo y otras ciudades, en apoyo a la institucionalidad y la continuidad del camino que inició en su momento Lula es contundente, pero el peso y la estratificación del golpismo, hundido en la carne de las instituciones brasileñas, hacen que el conflicto no se resuelva de un día para otro.
La solidaridad argentina es clara desde la política, los sindicatos, los derechos humanos y la ciudadanía en general. Pepe Mujica lo sintetizó al recibir su Doctorado Honoris Causa en la única universidad de un sindicato que existe en el planeta, la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET).
La historia es dinámica y sabia. Hay que trabajar para comprenderla y darla vuelta como la tortilla. Por eso hay que recordar en la calle a los desaparecidos, los mutilados, los movimientos destruidos, los trabajadores (el núcleo mayor de las víctimas) y, los colectivos de derechos humanos y otros o fragmentados por las pérdidas, los gremios sometidos por la dictadura, las organizaciones sociales, las luchas incesantes, la solidaridad interna y externa; el mundo se conmocionó ante desapariciones de adultos, jóvenes y niños, ante miles de asesinatos, y puso el grito junto a madres, abuelas, la Comisión Nacional de Trabajo y organizaciones en lucha (recuérdese que hay un centenar de periodistas desaparecidos más los perseguidos, cuyo eco se escucha hoy en centenarios de despidos).
Recordar entonces, significa hoy en el cuadro de situación que vive el país, redefinir los espacios de unidad política para la acción, ser severos y flexibles para ganar a quienes están en las puertas de comprender la necesidad de actuar para recuperar la iniciativa en la transformación del país.
40 años son la medida exacta para una reflexión colectiva que va a mostrar que hay una ciudadanía de pie, no dispuesta al olvido como lo quieren los mercaderes, dicho esto en un sentido sartreano. Resistir, entonces, a los buitres de afuera pero también a los de adentro.





