
Escribe Adrián Jaime y advierte: «Sin una normativa en esa dirección el sector enfrenta un horizonte cada vez más dramático.»
Publicado por el diario TiempoAr
Tan solo una ley, como la propuesta por el diputado Sebastián Galmarini, es precisa para reimplantar los derechos que permitan a la producción de cine nacional volver a generar millares de puestos de trabajo en el ámbito cinematográfico, como así también en toda la cadena de valor a lo largo y ancho del territorio argentino.
De otro modo, antes que cante el gallo, todas las películas que alguna vez se disfrutaron en las salas y en las pantallas de nuestro país se esfumarán con la nostalgia de un recuerdo cada vez más lejano.
Cuando entre en vigencia lo que por mandato presidencial han votado los “representantes” en el Congreso de la Nación, el cine nacional perderá todo su vigor y el financiamiento surgido de su propio quehacer y de las leyes que posibilitaron su existencia. No habrá más fuentes de fomento verdaderas que permitan producir cientos de películas y generar millares de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, formalizados o en blanco, ni surgirán empleos en toda la cadena de valor que permite la elaboración de un film (desde los comercios, hoteles, transporte y técnicos hasta los actores y actrices que están delante de las cámaras).
Las mentiras de este gobierno calaron hondo gracias al trabajo incesante de los cultores del odio, de la desinformación, del sálvese quien pueda y de quienes, sin un gramo de amor ni convicciones, han vendido su alma por dos monedas, desconociendo todo lo que genera la industria audiovisual en nuestro bendito país.
Son tan solo dos artículos de esa ley artera que fue llamada de Modernización Laboral los que implosionarán las bases del fomento cinematográfico argentino. Fomento que tiene casi 80 años de existencia ininterrumpida. Son los contenidos de esos artículos los que han intentado imponernos reiteradas veces y por lo cual debemos defender al cine nacional a capa y espada, con argumentos claros y precisos, porque nos sobran razones por las que debemos reimplantar una nueva ley que impida la desaparición del cine argentino.
La Ley de Cine actualmente en vigencia podría ampliarse y mejorarse, sí, pero hoy resulta indispensable defenderla sin vacilar, tal como es, y protegerla de la rapiña gubernamental y sus aliados circunstanciales.
Son esos dos artículos de la Ley de Modernización Laboral (210 y 211) los que, como tiros de gracia, buscan descerrajarle al corazón del cine nacional. Esos artículos son los que debemos impedir que entren en función o, mejor dicho, que al entrar el 1ro de enero de 2028 tengan ya un anticuerpo legal que les impida generar el daño previsto a todo el sector audiovisual. El tiempo correrá muy rápido en el proceso electoral que se avecina y las prioridades estarán puestas en las alianzas políticas.
Es por ello que la forma más directa y convocante es reimplantarlos ahora con otra ley que reinstale las funciones del fomento que cumplen y permita así tanto continuar su existencia como seguir generando trabajo a toda la cadena de producción nacional de cine.
Sin ese acuerdo estratégico simple y básico en defensa del cine argentino, no habrá posibilidad de triunfo ante el despiadado atropello que vivimos. Sin el respaldo unificado de todas las entidades del sector (pequeñas o grandes), sin la participación activa de las escuelas y estudiantes de cine, de los profesionales y artistas, de los productores y de los funcionarios provinciales de ámbitos culturales, de los sectores políticos conscientes, de legisladoras y legisladores honestos que pueden sostener argumentos de cara a la población; sin todos ellos unidos en defensa del cine, no se vencerá a quienes impusieron la discusión envenenada por el odio a través del bombardeo mediático.
Tampoco caben muchas dudas de que aquellos que promuevan la desesperanza o el posibilismo acomodaticio a cambio de migajas también pagarán muy cara su traición, teniendo que enfrentar la responsabilidad ante sus pares y ante la historia. Sus caretas caerán más rápido de lo que piensan, ya que este ciclo de ideas neoliberales se acabará tan velozmente como en aquellos vertiginosos días de 2001, producto del hartazgo popular que nunca soporta la traición en forma indefinida.
La falaz idea de que el mejor país que se puede tener es aquel donde se destruyen las industrias, donde los jubilados no tienen acceso a los remedios, los niños autistas no tienen derechos, los desocupados no tienen esperanzas, donde los trabajadores deben estar de rodillas, las mujeres deben ser sometidas a la violencia y el futuro es un derecho que solo disfrutan los perversos enquistados en el poder… es una gran mentira de patas cortas que debe ser desarmada para evitar la descomposición social con la que este gobierno sueña llevarnos de las pestañas con su arsenal mediático.
Aquellos que se han identificado con las ideas perversas de este gobierno que lo destruye todo son en gran medida culpables o víctimas. Tal vez. Pero de seguro, en gran medida, son responsables de lo que pasará en el futuro inmediato.
No dejemos que Argentina pierda su cine, su soberanía. El país necesita ponerse de pie, reconstruirse económicamente y continuar peleando por una vida digna con derechos plenos antes de que sea demasiado tarde para lamentos.
Proyecto de Ley Galmarini
El texto del proyecto que el diputado Galmarini presentó es este:
Art. 1°.- Derógase el artículo 214 de la Ley N° 27.802 (B.O. 6/3/2026). Restablécese la vigencia de los incisos a), b) y c) del artículo 21 y los artículos 22 y 23 de la Ley de Fomento de la Actividad Cinematográfica Nacional N° 17.741 (t.o. 2001) y sus modificaciones, los que continuarán integrando los recursos del Fondo de Fomento Cinematográfico administrado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).
Art. 2°.- Derógase el artículo 215 de la Ley N° 27.802 (B.O. 6/3/2026). Restablécese la vigencia de los incisos a) y c) del artículo 97 y el inciso a) del artículo 136 de la Ley N° 26.522 y sus modificaciones.
Art. 3°.- Incorpórase como inciso k) del artículo 21 de la Ley N° 17.741 (t.o. 2001) y sus modificaciones, el siguiente texto: «k) Con las partidas que anualmente le sean asignadas en la Ley de Presupuesto General de la Administración Nacional.»
Art. 4°.- La presente ley entrará en vigencia a partir del día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial.
El artículo 1° del proyecto restablece la vigencia del impuesto que paga el espectador en las salas de cine con afectación específica al Fondo de Fomento Cinematográfico.
El artículo 2° del proyecto restablece la vigencia del aporte que, según lo dispone la actual Ley de Medios, el ENACOM destina al Fondo de Fomento Cinematográfico.
El artículo 4° formaliza la posibilidad de que el Fondo de Fomento Cinematográfico reciba aportes provenientes del Presupuesto Nacional, cosa que ha venido sucediendo pero, por no estar previsto como recurso en el Art. 21 de la Ley de Cine, existe la posibilidad de que el actual Gobierno, o “desgobierno” lo desconozca.
3- La tarea pendiente en un plazo “parlamentario” reducido
El trámite parlamentario normal de todo proyecto exige primero que la o las Comisiones a los cuales se asigne lo incorporen a su Orden del Día y lo traten, cosa que no sucede con todos los proyectos presentados y esto depende del presidente de cada Comisión o de los legisladores que las integren, habitualmente siempre son más los proyectos de ley nunca tratados que los que sí lo son; y este “ninguneo” es una forma silenciosa y no comprometida de rechazarlos. Cuando se consigue que el proyecto se trate se debe conseguir que la misma emita dictamen favorable, con o sin modificaciones. Una vez que el proyecto tiene dictamen favorable, se debe conseguir que la Comisión de Labor Parlamentaria de la Cámara, que integran los presidentes de bloque, lo incluya en el Orden del Día de una sesión. Una vez que esto se consigue hay que lograr que el proyecto sea aprobado en el recinto.
Si es aprobado, luego pasa a la Cámara de Senadores, en la cual se repite esa misma tramitación. Si la Cámara de Senadores lo aprueba pasa al Poder Ejecutivo, que puede “vetarlo”, si el mismo no coincide con sus políticas, y carece de un respaldo político fuerte en la sociedad para evitar el veto.
Una relevante tarea, que recae fundamentalmente en el Diputado Galmarini y su equipo, consiste en sumar a otros diputados a su proyecto, con criterio federal y transversal, políticamente hablando. Un buen ejemplo de esa actitud fue la de la diputada riojana Gabriela Pedrali quien, cuando presentó el Proyecto de Ley Federal de Cine que elaboró el Espacio Audiovisual Nacional (EAN), supo sumar a su firma a los entonces diputados de su bloque (el Frente de Todos) Litza, Monica (Buenos Aires), Parola, María (Formosa), Moises, María (Jujuy), Ginocchio, Silvana (Catamarca), Pedrini, Juan Manuel (Chaco), Calletti, Pamela (Salta), Godoy, Lucas (Salta), Sand, Nancy (Corrientes), Romero, Jorge (Corrientes), Costa, Anahi (Catamarca), Montoto, María (Santiago del Estero), Daldovo, Nelly (Formosa), Gaillard, Ana (Entre Rios), Herrera, Ricardo (La Rioja), Casas, Sergio (La Rioja), Aubone, Ana (San Juan), Paponet, Liliana (Mendoza) Souto, Natalia (B. Aires) y Mastaler, Magali (Santa Fe). También invitó, y se sumaron, a los diputados Rizzotti, Jorge (Jujuy) y Bouhid, Gustavo, ambos jujeños de la UCR y a la diputada Stolbizer, Margarita (Buenos Aires), de Encuentro Federal. La presencia de diputados de diferentes provincias y de diferentes bloques brinda a los proyectos un perfil federal y que trasciende los límites partidarios (2)
El tiempo parlamentario del que disponemos es escaso. El Mundial de Fútbol y las vacaciones de invierno de este año obstaculizan o impiden acciones concretas. Las sesiones ordinarias terminan el 30 de noviembre y se reiniciarán el 30 de marzo. El 2027 es un año electoral y los diputados relevantes políticamente participan en las decisiones propias del armado de las alianzas políticas, de las listas y de la campaña electoral, la cual decide la supervivencia, o no, de la mitad de la Cámara de Diputados y de un tercio de la Cámara de Senadores., por lo cual en esos tiempos es difícil interesarlos en otros temas. A ello se suma el que, normalmente, la “semana de labor parlamentaria” va de martes a jueves, pues los viernes los Diputados del interior viajan a sus provincias, y viajan de regreso los lunes.
No obstante esas limitaciones, considero que es posible lograr que este proyecto se convierta en Ley si el sector se moviliza con intensidad para difundirlo, apoyarlo y conseguir respaldo político y social para su tratamiento y aprobación, tal como se logró con la reforma de la Ley de Cine en 1994, que se aprobó a pesar de contrariar las políticas del menemismo y sus secuaces, y le aseguró a la producción nacional los relevantes recursos que, hasta hoy, le aporta la Ley de Medios. Lo adverso de las circunstancias señaladas deben hacernos aplicarnos más y redoblar el esfuerzo.
Por ello, creo que personas y entidades representativas de la producción, el arte y la técnica deberían promover acciones concretas, junto a los colaboradores del diputado que es autor de la iniciativa, destinadas a la difusión y apoyo de este proyecto, asistir a las actividades que seguramente se organizarán en el ámbito legislativo, establecer una relación “cuerpo a cuerpo” con los diputados, especialmente con los que integran las comisiones a los cuales se derive su tratamiento, con sus presidentes y con los líderes de los distintos bloques parlamentarios. La presión política y social sobre los legisladores configura el procedimiento necesario para hacer avanzar los proyectos que no vienen respaldados por el Poder Ejecutivo de turno y, más aún, los que contrarían sus políticas generales.
Si asumimos la responsabilidad que estos tiempos nos imponen es posible que lo logremos. Galmarini tomó la iniciativa y presentó el proyecto necesario. Cabe a la industria cinematográfico salir a defenderlo.
Notas
(1) Expediente en la Cámara de Diputados N° 2678-D-2026, recientemente presentado.
(2) Cfr. Expediente Diputados: 6716-D-2022. No aceptó sumarse a la firma de este relevante proyecto el entonces diputado cordobés Pablo Carro (FdeT) que en diferentes oportunidades apoyó con eficiencia los reclamos del cine nacional. Me sumé, sin éxito, al pedido de que lo hiciera y nunca se supieron las razones de su rechazo, pero sospecho que se debió a “las pequeñas cosas” que tenemos los seres humanos, las cuales muchas veces obstaculizan, o impiden, que se concreten las grandes cosas.
FUENTE: OTROS CINES





