Sirios refugiados en suelo santiagueño: relatos que estremecen

Toama Asaad llegó hace dos semanas a Santiago del Estero con sus brazos atados, acompañado por su esposa Rania Zaidan y sus hijos Iván (12), Ili (11) y Alma (4). Dejaron Kfarbo, ciudad de Siria donde conocieron la prosperidad y ahora se quedaron sin nada como consecuencia de la guerra interna y de las amenazas de muerte del grupo terroristas Isis.
Dejaron sus campos de olivo y sus camiones donde transportaban el cultivo y partieron con la esperanza de encontrar la paz. Hambre, sed y un montón de privaciones hicieron que Asaad y su familia partieran de Turquía, donde estuvo un mes con la incertidumbre como amenaza constante de no lograr superar las duras situaciones que les imponía la nueva vida. Sin comida, sin agua, pero con los sueños intactos, supieron que en la Argentina estaba Santiago del Estero, una provincia que los recibiría con los brazos abiertos.
“Dejamos todo, desde nuestra casa hasta varias propiedades. Nos quedamos sin nada. Vinimos a la Argentina para salvar a mi familia de la amenaza del grupo armado Isis. Tengo que empezar de cero. Kfarbo se va convirtiendo en una ciudad fantasma. De tener 20 mil habitantes hoy poseé 10 mil” destacó en una entrevista con El Liberal. Por miedo a esa guerra fratricida, muchas personas vinieron a Santiago del Estero, provincia que históricamente recibió a miles de almas desde el Oriente Medio y, siempre por un denominador común, escapar a la guerra.
Con la angustia de haber dejado familia, tierra y amigos, y haber padecido sufrimientos, los Asaad disfrutan de la paz que encontraron en Santiago.
“Teníamos miedo. Debíamos cuidarnos de los grupos extremistas que secuestran gente a cambio de dinero y que, muchas veces, toman el dinero y no devuelven a las personas. En un tiempo, vivíamos bien. Ahora, con esta locura de la guerra hemos perdido muchas cosas. El Isis comete atrocidades y el miedo paraliza a todos”, indicó. “No podíamos vivir normal y tranquilamente. Teníamos mucho miedo por nuestros hijos. Marcado por el terror, y sin importar los padecimientos que sufrimos, decidimos dejar todo y salvarnos. Aún tengo a mis padres en Kfarbo, como también mi hermana y su esposo. La semana que viene, llegarán mi hermana con su marido e hijos y luego vendrán mis padres”, recalcó. Toama y su familia vinieron por cuenta propia y no a través del programa de recepción de refugiados implementado por el gobierno argentino.
“Hoy estamos agradecidos a los santiagueños por recibirnos muy bien. Nos hemos integrado por la existencia de muchos paisanos que han facilitado nuestra estadía aquí. La casa donde vivo (Moreno y Sáenz Peña) es gracias a un paisano que nos ofreció. El único obstáculo que encontramos es el idioma”, enfatizó. Con la angustia de haber dejado familia, tierra y amigos, y haber padecido sufrimientos, los Asaad disfrutan hoy de la paz que encontraron en Santiago.
Fuente: mensajera.net/argentina





