El hombre de arena de las Barrancas (*)

El hombre de arena es un cuento del escritor alemán E.T.A. Hoffman. El nombre original es Der Sandmann, fue publicado en 1817 en un libro llamado Cuentos nocturnos y es uno de los relatos más representativos del Romanticismo alemán. El cuento consta de tres partes conformadas por la correspondencia de tres cartas entre tres personajes. En la primera carta, Nathanael, el protagonista le escribe a un tal Lotario y en esa carta le recuerda su terror infantil a un legendario hombre de arena que, según se decía, les arrancaba los ojos a los niños y les echaba arena hasta que comenzaran a sangrar.
Por Alma Rodríguez
Dice el protagonista y narrador: “Dominado por la curiosidad, y deseoso de saber alguna cosa más precisa sobre el hombre de la arena y sus relaciones con los míos, pregunté finalmente a la anciana que cuidaba de mi hermanita quién era aquel ser misterioso: «¡Ah, Thanelchen! —me contestó—. ¿No lo conoces? Es un hombre muy malo, que viene en busca de los niños cuando se niegan a acostarse y les arroja puñados de arena a los ojos, los encierra en un saco y se los lleva a la luna para que sirvan de alimento a sus hijitos; éstos tienen, así como los búhos, picos ganchudos, y con ellos devoran los ojos de los niños que no son obedientes.»
A partir de este mito, el protagonista enloquece porque comienza a ver en la figura del hombre de arena el rostro de lo siniestro y esa visión empieza a atormentarlo hasta enloquecer. El hombre de arena representa todo lo siniestro.
Los miedos de Nathanael de la Alemania del siglo XIX no son muy distintos de los miedos de alguna señora de clase media alta de Barrancas de Belgrano -por dar algún ejemplo de barrio porteño- del siglo XXI, porque el miedo a lo siniestro es el mismo, sólo cambia quién encarna ese siniestro. ¿A qué le teme esta señora? ¿Cuál es “su” hombre de arena? A ver, pensemos. A nivel personal, puede que le tema a no llegar al verano lo suficientemente bronceada y en forma. O a entrar a una fiesta y ver a una amiga con su mismo vestido. O que el baño de keratina no le funcione al cien por ciento. Le teme a los pañuelos verdes e, incluso, al lenguaje inclusivo. Pero no nos interesa tanto su “a nivel personal” sino su “a nivel social, político y económico”.
Su hombre de arena político tiene nombre y apellido, se llama Peronismo. Y junto con él, su regreso
Si bien no sabe definir bien eso de “el Peronismo”, sabe que no le gusta por varios motivos: porque no le conviene (como dice su “referenta intelectual”, La Chiqui), porque la desclasa, la rebaja y la iguala al resto de la grasada. Se lo imagina bajo innumerables aspectos: sabe que es algo que puede aparecer de noche, en sus pesadillas, con la forma de choripán o de militante de la Cámpora entre mil modos posibles.
Su hombre de arena económico no es difícil de prever: tiene forma de cepo, definido y macabro, y constituye el peor de los “cucos” porque ella presiente que puede aparecer cualquier mañana bajo la forma de alguna noticia de diario comunicándole que no podrá comprar los dólares que necesita para su semestral viaje a Miami.
Pero su miedo social es el más jodido, porque, además de manifestarse de distintas formas, casi ninguna es decible
Su hombre de arena “social” son los pobres, los morochos, los “piqueteros” -como ella les dice- los que cobran planes, los que juntan basura o duermen en la calle, los que, cada mañana, viajan desde los suburbios en colectivo para trabajar en su barrio. También son quienes, sabiéndose pobres para siempre, accedieron alguna vez a un auto, un lavarropas o una notebook muy parecida a la de su nieto otorgada por algún plan asistencial escolar.
La vecina de Belgrano sabe distinguir a su “hombre de arena” porque convivió con él durante doce años. Pero no sabe cómo hará de ahora en más para combatirlo, porque hace muy poco, y a causa de las políticas implementadas durante estos cuatro años para desterrarlo, tuvo que despedir a la señora que trabajaba en su casa como mucama y quien salía a “cacerolear” por ella.
(*) Gracias a Pedro Saborido, con quien intercambiamos algunas ideas que dieron origen a esta nota.





