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Córdoba: Juicio por el homicidio del joven Joaquín Paredes

Los imputados enfrentan las acusaciones de: homicidio agravado por el uso de arma de fuego y en abuso de la función pública, abuso de arma, amenaza calificada

El juicio se lleva a cabo en los Tribunales de la ciudad de Cruz del Eje. Están imputados: Mikael Mercedes López, Iván Alexis Luna, Enzo Alvarado, José Luis Gómez, Ronald Fernández Aliendro y Alberto Sosa Gallardo (subcomisario).

El Tribunal está integrado por Ángel Francisco Andreu, Ricardo Arístides Py y el juez Javier Rojo. En tanto que desde la fiscalía de la Instrucción que interviene en este causa, se desempeña Fabiana Pochetino.

Los abogados defensores: de Ronald Fernández es Carlos María Cardeihac. De Maykel López: Ricardo Moreno y Yamila Moreno. De Enzo Alvarado, Jorge Gómez e Iván Luna es Pedro Despouy Santoro y Eduardo Aramburu

Los abogados querellantes: Claudio Orosz, Ramiro Fresneda de la familia de Joaquín y por la madre de Brian -Paola Navarro- es Dr. Jarcia y Dra. Mónica Paz.
EL CASO: La madrugada del 25/10/2020, un grupo de policías se trasladó hasta la plaza de la localidad cordobesa de Paso Viejo, tras recibir llamados sobre una reunión de jóvenes en ese lugar. Cuando llegaron se produjo una discusión con los jóvenes, que derivó en una balacera por parte de los policías. Uno de los balazos impactó en la espalda de Paredes (15) y le causó la muerte. Otro se incrustó en el brazo de Brian Brandon Villada (15), quien debió ser asistido en un centro de salud.
En la tercera audiencia, dio su testimonio, Jorge Navarro, amigo de Joaquín, presente en la plaza cuando fueron amenazados por Sosa Gallardo. Estuvo en la zona de los disparos donde matan a Joaquín y en la comisaría cuando son recibidos nuevamente con disparos. Navarro, conoce a los imputados y se nombra “amigazo de Joaquín”.
En el testimonio, comenta: «Esa noche estaban en la plaza con sus amigos: Caña, Piojo, Toti y Mauro, tomando frente a la iglesia, cuando les piden que se vayan. Se retiran hacia el dispensario y ponen a cargar un parlante chico. Al momento de contar qué pasó en el dispensario, se muestra consternado. Cuenta que llega cuero “Iván Luna”, Ronald y López. Ronald sacó la escopeta, hizo tiros, pero no pegó a nadie. Dejó la escopeta en el móvil y comenzó a disparar con el arma y ahí le pega a su hermano. Todos corren para esconderse, luego ven a Joaquín muerto, piden ayuda, van al dispensario y nadie los atiende. “Tuvimos que romper, fuimos a la comisaria y rompimos de la bronca que teníamos”. No prendieron fuego. Desde la ruta los agentes les respondían con bala.»
La fiscal pregunta sobre el primer momento en la plaza, cuando los corren, dijo que «llega la policía en una Amarok. Reconoce que se baja Sosa Gallardo, Ronald y el que mató a Joaquín. Marca en el croquis de Paso Viejo todas las ubicaciones: “éramos 15, veo llegar un sólo móvil, se estaciona enfrente de la radio la camioneta, bajan 4 y dicen algo, discuten y se alocaron los policías, baja con su escopeta en actitud que intimida”.
Ahí interviene el abogado defensor Videla, en tono imponente sobre la indicación que hace con el arma. Hacen retirar al testigo de la sala. El abogado querellante,Orosz, solicita que deje de hostigar al testigo. Videla redobla su actitud afirmando “que los testigos se hacen las víctimas”.
Entra el testigo y se solicita que los imputados se retiren de la sala de audiencia, para dar mayor calma. Navarro retoma su palabra, confirma que se bajan y que las balas de goma iban hacia los móviles y las balas de plomo a matar, contra ellos.
Explica que los demás policías se bajan sacando sus armas de puño, a una distancia muy corta. Cuando comienzan los disparos él corre hacia la tapia de una casa vecina. Con respecto a cuántos disparos fueron, explica “varios”. Nadie salía del dispensario, queríamos que nos ayuden. Corrimos desesperados hacia la comisaria, pasamos por el alambrado.
Ilia -el defensor de menores- preguntó al testigo ¿desde dónde cae Joaquín, a qué distancia estaba? El testigo respondió que “adelante cae su amigo”.
Con respecto a las piedras confirma que era escombro que había cerca y las tiraban contra la policía que estaban disparando plomo. Le piden ayuda a la policía, pero ellos arrancan los móviles y se van todos. Dice que estaba oscuro en la noche.
En un segundo momento en la comisaria: cruzan la plaza y “cuando llegamos a pedir ayuda, la policía desde la ruta los recibe con más disparos”. “Rompemos de bronca porque no nos ayudaron y nos mataron a mi amigo”. “No avancé porque había muchos disparos y nos cubríamos con los árboles”. Comenta que en ese momento rosa un disparo, siente una quemazón en su pie. Luego se desmayó y se despertó en el hospital de Soto.
La defensa pregunta: ¿por qué rompen el dispensario? Navarro responde: para pedir ayuda, habían golpeado y no los atendían y su amigo se estaba muriendo. Si hubieran tenido ayuda, “no rompíamos nada”.
Recuerda los nombres de los policías: Ronald, Iván, Enzo y Sosa Gallardo.
Aclara que en el dispensario le disparan una bala en un pie y en el otro pie se corta con un vidrio.
García pregunta ¿Qué tomaban? Responde: vino en caja, no había botellas cerca. En el dispensario el primero que dispara es Sosa Gallardo, que tenía conflicto con uno de sus amigos. Confirma eso.
Ilia pregunta sobre el disparo a su hermano: confirma que Ronald Fernández Aliendro dispara desde cerca.
Navarro explica “tengo que salir adelante para que se haga justica por Joaquín. Nos ayudan los psicólogos. Sigo viviendo en Paso Viejo”. Al finalizar su testimonio y ante una pregunta responde: “Todos disparan al cuerpo”.
El segundo testimonio lo da Gianella Torres, a partir del mediodía.
Dice que conoce a Enzo Alvarado, porque es su cuñado, es amiga de Ronald, también a Iván Luna porque salió con su tía. Conoce a Joaquín y Brian es su primo.
Recuerda que esa noche no estuvo durante la madrugada. Si estuvo temprano en la plaza, cuando ve llegar el móvil policial. Se acercan a los chicos diciéndoles que no pueden estar. Los policías se acercan al grupo de Joaquín a los que no tratan mal. Se van los móviles y los chicos empiezan a insultarlos. Ella le llama la atención a su hermano. Luego va a casa de sus tíos y luego a dormir. La despiertan los disparos ya que vive a dos cuadras del dispensario. Sale al frente de su casa, un chico grita que mataron a uno. Se quedó despierta y al otro día sale al pueblo para ver el lugar, escuchan que culpaban a la policía.
Dice que “sintió que algo iba a pasar”. Le pregunta la fiscal sobre esto y responde que es porque conoce a su hermano y a los chicos que insultan. Agrega que ve bajar a uno-ella estaba a menos de media cuadra y había luz. Les piden que bajen la música y que se retiren, cuando bajan la música, recuerda que ese policía que baja del móvil, era con algo largo y negro, que puede ser una escopeta. Escucho disparos cerca y más lejos. A las 6 va al lugar y a lo de su tío y ve a policías alzando cosas del suelo y marcando la escena. Pasando por la calle, del lado de la radio, en la segunda casa de la esquina encuentra un cartucho. Lo lleva a su casa y lo pasó a buscar un policía. Había vainas en el piso, cerca de la radio, otro cerca de un árbol, cerca del dispensario.
Leen su declaración, ya que había dicho originalmente que levanta un cargador, no un cartucho. Confirma que levantó un cargador con 3 ó 4 balas, su hermana lo guarda en su cajón.
En la declaración había dicho que vio a un grupo de chicos y uno se cayó. Confirma eso y agrega que pasó una mujer que dijo que “el gringo le mató su hijo”. Reconoce a la mujer como Paola Navarro.
Indica en el mapa donde cae la persona cerca de la tienda más cercana a su cuadra.
Le preguntan sobre los móviles a las 6 de la mañana, si había piedras: reconoce mitades de ladrillos y piedras en el medio donde sucedió, también ve botellas.
Le preguntan cuándo se enteró sobre la muerte de Joaquín, responde “Al otro día”. Le vuelven a leer lo que dijo inicialmente: que Débora Villada le dice que mataron a Joaquín. Intenta explicar que a eso se lo dijeron.
Reconoce que de tanto extrañar a Enzo, cuando lo liberaron fue a verlo. Se siente entre la espada y la pared.
Ante la pregunta del defensor Videla: ¿los chicos son violentos? Responde: quilomberos. Ante la pregunta de cuánto conoce al grupo de amigos: sólo algunos menores, se echaron a perder con alcohol y drogas, porque son viciosos. Le preguntan sobre los consumos: dice que consumen bolsas con algo blanco, bolsas negras con yuyitos, Poxiran, gotita. Como entre las personas estaba su hermano, le preguntan qué le contó. Responde que no le contaba nada, sabe que su hermano sabe todo, pero no quiere hablar. Sabe que golpearon la puerta del dispensario para que los atendieran y después rompen. Le preguntan cómo era Joaquín: jamás escuchó que fuese de pelear ni andar robando, se drogaba, era bueno, con su sonrisa. Antes de que esto pasara, vio cómo le pegó a su abuelo una piña y lo tiró, estaba drogado. Vino su tía y lo llevo de la oreja.
Luego del cuarto intermedio, antes de citar al tercer testigo el abogado querellante-Orosz- pide que por los dichos de Gianella Torres (Joaquín estando drogado golpea a su abuelo) citar al abuelo -Esteban Paredes- y la tía de Joaquín -Maribel Paredes- para hacer un careo, quienes son citados para declarar mañana jueves 27.
Comienza el tercer testimonio, de Marcos Heredia a las 15 hs. Conoce a casi todos los imputados, conoce a Joaquín como amigo íntimo de sus hijos. Pide justicia para que Joaquín descanse en paz y sus amigos dejen de ser perseguidos.
Comenta que ese día estaba durmiendo, su mujer lo despierta porque sentía muchos tiros. Sale a buscar a sus hijos en bicicleta y se encuentra a dos móviles. Llega al dispensario los chicos gritaban “que salgan a atender a Joaquín”. Maciel le dice que le habían dado un tiro a su amigo, tira su bici y se acerca a donde estaba tirado, lo ve, le busca heridas no encuentra al frente en su pecho. Escucha que da su último respiro.
Parecía una flor el hueco que tenía Brian en el brazo, lloraba. Se va a buscar a su hijo. Encuentra a Maciel y lo lleva a lo de su madre, que vive cerca.
En la plaza encuentra a su hijo escondido atrás de un algarrobo de la plaza. Cruza los móviles en la esquina Luis nieto y Fernando Crespo. La ambulancia tarda más de 20 minutos en llegar. Los gritos que escucha son de pedido de ayuda.
Escucho muchos disparos que venían desde la ruta.
Sus hijos le comentaron que a la plaza llegaron 3 policías, se baja Ronald con la escopeta apuntándolos y tratándolos bien. Luego ellos se van al cumpleaños a donde llega Joaquín y otro hijo. Llegan los policías disparan varios tiros. Se quiebra detallando como corre su hijo junto a Joaquín quien dice “ay”.
Comenta que el trato de los policías “siempre actúan con prepo, maltratando a los chicos”. Comenta que el único lugar donde había wifi es al lado de la comisaria, “pero los agentes siempre los patotean y los corren”. Sabe que pidieron ayuda, pero la policía se fue. Vio a sus hijos muy mal, llorando a los gritos, “estaban sorprendidos y asustados”. Su hijo pierde el celular, “llevo a mis hijos a mi casa -aunque no querían irse- y vuelvo a buscar el teléfono de Leonel”. “En el dispensario no había piedras, ni botellas, si quedó una crocs de Joaquín”. Se fue de Paso Viejo, porque la policía persigue a los chicos, siempre los molestan a cualquier hora, maltratándolos (se quiebra): “abandoné mi casa, mis padres, mis amigos. Vuelvo de vez en cuando, porque tengo miedo y recuerdo”.
Cuenta que hace dos meses que a Maciel lo para un patrullero. Venía de entrenar. Lo pusieron contra la camioneta, le revisaron todo. Le preguntan de dónde es y cuando responde que es de Paso Viejo le dicen: “¡Ah, ustedes son los machitos de Paso Viejo!”. Ya no quiere ir más al pueblo, dice con la voz quebrada. Siempre los molestan.
Sus hijos iban a hacer las tareas de la escuela usando el wifi frente de la comisaria, pero los corrían.
Después de la muerte de Joaquín, todos culpan a los chicos. Al día de hoy la policía los persigue, no pueden ir a estrenar, ir a la escuela, no pueden ir a la plaza, no pueden visitar a sus abuelos. Orosz aclara que los gestos surgen de los diversos allanamientos sin sentido más lo relatado en los últimos días, y pide que se investiguen los hechos de violencia institucional que claramente están sucediendo. Le preguntan a Heredia si ha denunciado estos hechos de persecución. “No, porque tapan todos. Me van a terminar metiendo preso a mí. Realicé denuncia en fiscalía”.
La querella solicita que se redacte un acta con lo que declaró el testigo y se remita a la Fiscalía para que estos hechos –la persecución y allanamientos- se investiguen, porque son los correlatos de lo que nosotros conocemos internacionalmente como violencia institucional y considera que esto es una consecuencia directa de lo que sucedió en el año 2020.
La defensa plantea que no es pertinente para este proceso penal.
El juez Py plantea que hay lugar al pedido de la querella. Ésta plantea la presentación en casación y la Corte Interamericana de DDHH.
A las cuatro y media, se pasa a un cuarto intermedio
Se retoma la audiencia, el tribunal hizo lugar al pedido de la prueba nueva por parte del defensor Sánchez, acerca de actuaciones labradas ante los destrozos, Y se hace lugar al pedido de Orosz para remitir a la fiscalía una investigación sobre los allanamientos realizados planteados por el testigo.
Testigo Maciel Marcos Heredia
Tiene 17 años. Dice conocer a los policías imputados, se define enemigo de ellos.
Conoce a Joaquín era muy amigo, de Brian también. La querella le pregunta si se siente incómodo con la presencia de los policías. Les dice que sí, se pide que se retiren.
Cuenta que estaba en la casa de la madre de un amigo, desde las 2 de la mañana. Luego se fueron hasta el dispensario, 10 minutos después llega la policía haciéndose los malos. “Nosotros les dijimos que no bajen con la escopeta, que había menores”. Hacen un tiro y corren junto con Joaquín y Angel Villada. “Hacen 2 tiros más y pensé que le había dado un calambre porque cae, lo di vuelta y no podía respirar. Fui al dispensario a que nos ayuden, no nos atendieron, luego fuimos a la comisaria, pero no estaban, queríamos pedir ayuda y nos tiraban tiros de nuevo”
“Varios fuimos a pedir ayuda, pero nos tiraban tiros”, “rompimos cosas, el vidrio del auto”. “ Luego, mi papá me llevo a mi casa, no me dejaba que me llegue a la comisaria, fui al dispensario y vi a Joaquín todavía tirado, voy a lo de mi abuela”.
Ante una pregunta de la fiscal Maciel dice “Estábamos escuchando música- muestra por donde llegan tres patrulleros, dos chatas y un auto-. Estacionaron con las luces prendidas, se bajaron tres, uno (refiriéndose a Luna) se baja jetoneando, otro con escopeta cargándola, les reclamamos e hicieron el primer tiro”. Dijeron “Váyanse, sino va haber fuego”, “el de la escopeta tiró un tiro y corrimos con dirección al sendero, luego dos tiros más, cuando iba cayéndose Joaquín que iba al medio”.
“Les dijimos que no estábamos haciendo nada malo, pero dijeron que, si no nos íbamos, habría fuego”.
Escuchó tres disparos separados. “Joaquín cae adelante mío, lo veo, lo hablo y no reaccionaba y fui al dispensario a pedir ayuda”. “Fui solo a la comisaria porque me quede un rato con Joaquín, cuando llegué había más chicos, yo me quede en la plaza al costado del kiosco, me escondí al costado de los árboles, sentí las balas que pegaban en el techo del kiosco”.
Le preguntan si posterior a este hecho se ha sentido presionado por personal policial. Responde que se fue a vivir a Soto porque la policía no los dejaba en paz, “nos molestaban, nos frenaban, nos corrían de la plaza y de otros lados”
En Soto también, frente a la escuela fiscal lo pararon dos comisarios, le golpearon los pies, le revisaron la mochila, le preguntan de dónde es, al responder le dicen “que por eso me hago el machito”. “A mi casa también llegan y me piden los datos”.
Se quiebra al describir sobre Joaquín, porque le hablaba, le decía “Cabu, Cabu, qué te pasa”. No puede seguir declarando. Entra su padre lo abraza, refiere que esto logran los policías, el juez le pide que haga silencio.
Retoma después de 10 minutos. Explica la respuesta pendiente y se acaba el testimonio.
El último testimonio corresponde a Guillermo Oscar Echeverría, de 45 años, policía, comisario inspector. Declara que no conoce a los imputados, ni a las presuntas víctimas.
Dice que lo citaron para explicar aspectos del proceder policial.
La fiscal le pregunta por sus funciones. En el año 2020 era Jefe de la división de defensa personal. “Se trata de cuestiones de procedimientos donde se deba emplear la fuerza física. Es instructor, instruye a los policías. “Trasmitíamos los parámetros de defensa personal a instructores que luego capacitan a la policía en general”.
La fiscal le pregunta por el armamento y el calibre. Le dice que siempre es 9 mm de marca versa, entre otras. Son semi automáticas. Explica las diferencias entre automático y semi: en el semi hay que presionar para cada disparo y que el tiempo de capacitación de los agentes es de 9 meses.
Responde a preguntas sobre tipos de armas, qué armas para disturbios se usan, qué órdenes se deben obedecer de los superiores. Le preguntan si a los agentes los capacitan sobre situaciones de estrés: “se presentan, pero no sabe si son suficientes como capacitación”.
La fiscal pregunta si cuál es la cantidad de cartuchos que les proveen. El testigo dice que para dos cargadores o menos, “en el óptimo de los casos le pueden haber provisto a un egresado 34 cartuchos. Depende también de otros estamentos”.
Le pregunta por el protocolo del uso de la fuerza. Explica que en la provincia de Córdoba se puso en funcionamiento el 2 de noviembre de 2020. Antes se tomaba el código penal y la referencia internacional para el uso de la fuerza.
¿La fiscal le pregunta si existe el principio de subordinación en la policía? Dice que sí y explica que se trata de mandos y jerarquías, ya que la policía es una institución vertical.
¿Ante la pregunta si pueden no hacer caso a una orden? El testigo dice que sí, ya que no existe lo que es la obediencia debida. “El subalterno puede incluso hasta llegar a cuestionar una orden”.
El testigo dice que ante el delito hay que proceder, la urgencia lo va a dar la propia capacidad de respuesta del policía: “Siempre que tengamos los medios se informa lo que está aconteciendo, cuando hay una situación que creo que me puede superar. Se informa al operador por radio para que a su vez él lo canalice. O lo puede hacer directamente el policía que está necesitando colaboración”.
Hace 16 años que capacita. Antes del protocolo, la capacitación era de nueve meses.
¿La fiscal le pregunta si en ese tiempo se les explicaba la serie de riesgos y se le toma exámen? Dice que sí y luego para ascender en la escuela de suboficiales hay que rendir. En el interior están los anexos.
Ante la intervención de la querella representada por el abogado Claudio Orosz, dice que con el especialista que declaró en el día de ayer -Carlos Hernández- se conocen y capacitan juntos.
Le pregunta por los medios para disuadir cuando hay destrozos o disturbios. El testigo responde que hay que definir ese contexto, de cantidad de personas, por ejemplo. Partimos de la mera presencia policial, a veces, con eso es suficiente. Otras no alcanzan, y se requiere verbalizar, buscar a alguien que sea como el cabecilla de los destrozos y hacer que entre razón. Si eso no funciona, eso es un delito, y puede ser agresivo, se pasa a una instancia de control físico.
Ante la pregunta de si está preparada la policía para este tipo de situaciones, responde que si hay muchas personas promoviendo destrozos, actúa la infantería, el cuerpo que específicamente se prepara para trabajar con multitudes.
Le pregunta si el disparo al aire es una medida que recomiendan, dice que no por los riesgos que acarrea. Como regla general no debiera hacerse un disparo al aire, haciendo referencia a los disparos de armas letales.
Entre otras cosas, le pregunta por el uso del arma de fuego: ¿Es el último recurso? El testigo afirma.
El abogado García pregunta si los preparan para trabajar en situaciones bajo estrés. Dice que sí, que siempre está la percepción del agente que evalúa el riesgo.
El abogado Ilia pregunta por los errores prácticos para abordar una situación de un grupo de personas que está escuchando música, violando la cuarentena.
El testigo hace referencia al contexto de la pandemia, como una situación particular, había que acomodarse al contexto de cada localidad.
El testigo dice que si piensa en un agente nuevo, con poca experiencia, “si había muchos errores en la normalidad, más las había en el contexto de la pandemia. Y qué posiblemente la posibilidad de error, en cualquier jerarquía, era muy alta”.
El abogado le vuelve a preguntar por los errores concretos. Cuándo se aborda bien, y cuándo mal.
El testigo toma el caso, y explica que les tenían que pedir de manera verbal que se retiren a sus domicilios. “El error más común, pedirlo de mala forma.
En relación al no insultar, no increpar, y no exhibir las armas, a las que hizo referencia otro policía que dio testimonio el día anterior, dijo que la exhibición de armas tiene distintos puntos de vista. Es imposible que no se muestre, depende de la cantidad de personas”.
La defensa plantea si frente a un grupo de 19 personas que agreden con botellas y piedras a cinco policías, podría en ese caso el policía desenfundar el arma, ¿empuñarla e incluso ejecutar algún disparo? Echeverría dice que, si el impacto se siente, es decir la agresión, cabría un disparo al aire, aunque no corresponde.
Con este testimonio de un experto en formación y protocolos policiales termina la audiencia del día miércoles 26 de julio, a la hora 18.45.
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