Acumula 15 causas contra 21 imputados, entre ellos militares retirados del Ejército y expolicías jujeños, Policía Federal, gendarmes e integrantes del servicio penitenciario provincial juzgados, entre otros, por el secuestro, la tortura y la desaparición de trabajadores de Mina El Aguilar y del Ingenio Ledesma.
Por los crímenes cometidos en ambas empresas es investigada la responsabilidad civil de sus directivos. El propietario de Ledesma, Carlos Pedro Blaquier, y el ex Administrador General de la empresa, Alberto Lemos, fueron beneficiados por una falta de mérito en un fallo de 2015 de la Cámara de Casación. La megacausa suma 120 víctimas, de las cuales 44 siguen desaparecidas.
Crónica de una Inspección Ocular
En una descripción detallada de la causa y los hechos, Eva Arroyo escribió para la organización H.I.J.O.S Jujuy; «
A nuestrxs lectorxs, durante la mañana del jueves 12 de marzo del año 2020, un día antes de que se declare la emergencia sanitaria en la provincia de Jujuy, se llevó adelante, por primera vez, la inspección en el ex Centro Clandestino de Detención “Policía Federal”que funcionó en la delegación de esa fuerza de seguridad en San salvador de Jujuy.
El torbellino que desató la pandemia hizo que la crónica de la inspección quedara en el tintero, y aunque sabemos que el artículo sale a destiempo, pero como es nuestra tarea llegar a la verdad histórica a través del relato de las víctimas y sobre todo por respeto a ella, que ponen el cuerpo y el alma en cada testimonio, es que decidimos publicarlo antes del comienzo de los alegatos.
El inmueble está ubicado en calle Canónigo Gorriti 259, frente a la plaza Manuel Belgrano. Esta medida judicial se desarrolló en el marco del 6to juicio de lesa humanidad que se lleva a cabo en nuestra provincia. Lxs testigxs citadxs para la inspección fueron: Mercedes Salazar, Dora Rebechi, Sara Murad, Claudia Scurta, Juan Bosco Mecchia, y Juan Felipe Noguera, todxs ex presxs políticxs durante los años ´70. El acto procesal estuvo a cargo el Juez Federal Federico Díaz y acompañado de la jueza Maria Alejandra Cataldi. También estuvieron presentes la parte acusadora representada por la fiscal Marina Cura, la abogada Maria José Castillo, la querella de H.I.J.O.S. Jujuy junto a otrxs abogadxs de querellas particulares y miembros de organismos de derechos humanos, como así también la defensa de los genocidas.
LA CASA DE LA FEDERAL
La Policía Federal Argentina Delegación Jujuy, cuenta actualmente con tres dependencias en la provincia; la sede central sobre calle Canónigo Gorriti de la capital jujeña, Subdelegación de la policía federal de La Quiaca y San Pedro, esta última, hace pocos años pasó a ser Delegación Antidrogas. Ubicada frente a la histórica plaza Belgrano, la dependencia central está estratégicamente situada, debido a que en las 4 cuadras que rodean la manzana de la plaza central se encuentra alguna institución que perteneció al aparato represivo en aquella época; sobre calle Belgrano el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio (CCDTyE) Comando Radioeléctrico de la central de la policía de la provincia y sobre calle Canónigo Gorriti la delegación de la Policía Federal y a finales de los años 60 y principio de los 70, la Brigada de Investigaciones de la policía de la provincia, todo a menos de dos minutos a pie.
El inmueble es una casa criolla o “casa chorizo” que está destinada a alojar a lxs más de 100 efectivxs policiales. Por fuera, una fachada con ornamentación en todas sus aberturas. Es una enorme y robusta puerta escoltada por dos ventanas balcón, típicas de esa arquitectura, la que nos recibe. Además, de frente a mano izquierda, un gigantesco portón es el que habilita el ingreso de los vehículos pertenecientes a “la fuerza” en el que hay un cartel que reza “al servicio de la seguridad del Estado”, lo que nos llamó la atención ya que durante décadas, hasta no hace más de 4 años, el eslogan era “Al servicio de la comunidad”.
Es una hermosa casa, que consiste básicamente en un patio lateral al que dan las habitaciones, que están en hilera y conectadas entre sí. Debido a esta disposición, se denomina chorizo a este tipo de vivienda, ya que los ambientes están unidos uno tras otro, como los chorizos en una ristra. La cocina y el baño son los únicos ambientes separados. Los pisos de las habitaciones son de madera, los de la sala de recepción son de mosaico, los mismos que aparecen a los pies de las víctimas en las fotos de los expedientes judiciales de los´70.
Dos escalones, un descanso, y otros tres escalones, todos de mármol, son el ascenso forzoso que converge en una sala de recepción de forma circular. Seis puertas desembocan en ese recinto, una es la de la entrada principal, cuatro son el ingreso a las oficinas primordiales, identificadas con chapa dorada al costado de cada puerta ; Delegado (jefe), Subdelegado (subjefe), Oficial de guardia, Suboficial de guardia, en línea recta atravesando la sala, de frente a la entrada principal, está la que conecta con un patio lateral.
Realmente es linda, pero la ocasión como margarita para lxs chanchxs, con una fachada que nadie que no haya tenido un compromiso social o buscado a alguna persona que lo tuviera, puede imaginar la perversidad que escondió durante los años ´70.
SU PERCUDIDA HISTORIA
Bajo el gobierno de facto de Pedro Pablo Ramírez, la Policía Federal Argentina fue creada el 24 de diciembre de 1943 sobre la base de la antigua Policía de la Capital existente desde 1880, aunque el origen se remonta a la Policía de Estado en 1821, con jurisdicción en todo el territorio nacional, hasta la actualidad.
Como aparato represivo en el proceso de construcción del Estado y el “control social”, con casi 200 años de existencia a nivel nacional, y 76 en la provincia, esta fuerza de seguridad, siempre “dispuesta” para el accionar represivo, se encargó de perseguir, plantar pruebas, fabricar causas, secuestrar, torturar, hacer desaparecer y asesinar personas que fueran sospechosas de profesar alguna idea que desafiara el orden social establecido.
A modo de repaso, y solo como muestras de algunos personajes icónicos y sucesos representativos mencionaremos algunas de sus “hazañas patrióticas”. Entonces, es difícil olvidar que a principio de siglo XX, la policía de la ciudad de Buenos Aires, que luego sería la federal argentina, fue la encargada de reprimir sanguinariamente las huelgas obreras anarquistas, pero si hay un ejemplo claro de la crueldad de esa fuerza es Ramón Lorenzo Falcón, quien fuera designado como jefe de esa policía en 1906.
Falcón, ex militar y ex combatiente de la llamada “Conquista del Desierto”, investido por el presidente José Figueroa Alcorta, fue el creador de la escuela federal de policía y es quien se encargó de organizar la fuerza en clave militar (1) . Así lo demostró en la llamada “semana roja”, que se inició durante la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores en Buenos Aires de 1909, en el marco de la huelga general más importante de la época. Con Falcón y su plana mayor a la cabeza, la policía disparó indiscriminadamente contra la multitud mientras se estaba dispersando, quedaron heridas más de cien personas y murieron decenas de ellas.
Desde casi mitad de siglo XX para adelante, la policía Federal sería un actor fundamental en la represión política. El plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) de Frondizi, sobre la base de la ley 13234, llamada de “Organización de la Nación en tiempos de guerra”, creada por el Congreso en 1948, contaba con una serie de decretos y resoluciones secretas, mediante las cuales el Poder Ejecutivo suspendió las garantías constitucionales, con el fin de reprimir las huelgas y protestas obreras y estudiantiles y diezmar a los grupos pertenecientes a la resistencia peronista. Además se sumó la ley 17.401 de Onganía, “Serán calificadas como comunistas, con las consecuencias establecidas en los artículos 6° y 9° de la presente, las personas físicas o de existencia ideal que realicen actividades comprobadas de indudable motivación ideológica comunista. Podrán tenerse en cuenta actividades anteriores a la presente ley”, toda una legislación que le dio pie, soltándole la correa, a esta fuerza de seguridad para hacer de las suyas.
Pero un poco más acá en el tiempo, es imprescindible mencionar a otro federal, el verdugo Alberto Villar, alias “Tubo” o “Tubito”, creador, durante el gobierno del dictador Onganía, de las “brigadas antiguerrilleras”, fundador junto Juan Ramón Morales, también de la federal y a López Rega, con el beneplácito del Gral. Perón, de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina), aparato parapolicial que se encargó de asesinar artistas, sacerdotes y religiosos, intelectuales, políticos de izquierda, estudiantes, historiadores y sindicalistas, además de utilizar como método las amenazas, las ejecuciones sumarias y la desaparición forzada de personas durante el tercer gobierno peronista, hasta el 24 marzo de 1976, cuando se “estatiza” el terrorismo y el ejército, desde el poder ejecutivo, dirige un plan sistemático de exterminio. Se calcula que más de un millar de personas fueron víctimas de este escuadrón de la muerte.
Villar ocupó el cargo hasta noviembre de 1974, lo sucedió Margaride y a este Pintos y previo al golpe desde febrero del ´76 hasta el 24 de marzo, el militar Alabano Harguindeguy, quien luego sería el Ministro del Interior durante todo el proceso militar. Harguindeguy fue sucedido por otro militar, Cesáreo Cardozo, un ser tan nefasto como su antecesor. Falcón, Villar y Cardozo, fueron ajusticiados por lxs compañerxs de sus víctimas. Margaride “zafo” por segundos, Harguindeguy y Morales murieron detenidos, procesados por delitos de lesa humanidad, pero sin condena. Toda esta estirpe de monstruos dan cuentas claras de la estructura moral de esa fuerza.
En su libro “Sangre Azul”, historia criminal de la policía federal argentina”, Rolando Barbano, hace un registro delictivo desde 1631 hasta la actualidad, dejando al desnudo “Una dinámica criminal que se sostiene desde la temible Mazorca de Rosas hasta el golpe de Estado de 1976 y los casos de “gatillo fácil” durante el período democrático…el accionar de la Policía siempre ha contado con la connivencia de los poderes de turno. Y esta nefasta trama de crueldad, corrupción e impunidad constituye una estructura vertebral que ha sido mantenida tanto desde el interior de la institución como desde afuera por aquellos sectores que resultan beneficiados por este siniestro orden…” (2).
LA VERGÜENZA NACIONAL EN JUJUY
La Policía Federal Argentina tuvo gran incidencia en la organización y formación de efectivos de la policía provincial; “1911 se creara la primera «Comisaría de Investigaciones» (3); a ésta se sumaron nuevas dependencias policiales, entre ellas Bomberos, que para su conformación, organización y funcionamiento se contó con la colaboración y asesoramiento de la Policía Federal Argentina” (4). También aportó personal jerárquico en áreas estratégicas, un ejemplo claro es cuando 1955 se creó la escuela de policía de la provincia, y fue designado como primer director Camilo Cipriano Girón un ex miembro de la policía de Buenos Aires, luego sería la federal. Girón también estuvo a cargo de la Jefatura de la Comisaría de Investigaciones y el 31 de marzo de 1955 asumió la Dirección de la Escuela de Oficiales de la Policía Provincial (5)
Para septiembre de 1955 (Revolución Fusiladora) a la cabeza del Comisario Jorge Acuto, la federal, junto a la policía de la provincia, se sumó a nuevo golpe, esta vez contra Perón. Entre los años 1955 a 1957, más de un centenar de militantes peronistas, con el beneplácito de la justicia federal, serían víctimas de encarcelamiento y persecución política, el brazo represivo…la federal. La detención recayó sobre personas con cargos públicos durante la gestión peronista y alcanzó a lxs activistas de la resistencia.
Durante los años 60, no perdió ni el pelo ni las mañas, y en los 70 agudizó su represión utilizando “nuevos métodos”. Es así que, los años previos al golpe de 1976, infiltró personajes dentro de las asambleas y organizaciones políticas como es el caso de la obra social del sindicato azucarero. Además, operó en la clandestinidad durante la noche para secuestrar, se ocupó de inventar llamados anónimos acusatorios, y plantar pruebas, entre otras cosas, para detener, amedrentar, acosar y someter a tormento a lxs militantes populares como; Dora Rebechi, Jorge Weisz, Galo Moya, Nicolino Parafioriti, Domingo Vargas, Johan Stolkin, entre otrxs. Y luego del golpe, aportó personal al área de inteligencia del ejército que participó en el secuestro y desaparición de personas.
LOS RELATOS
UNA GRANADA Y UN REVÓLVER
La inspección ocular dio inicio en el hall de entrada, a pocos metros de la puerta de acceso al edificio. En este lugar, el juez Federico Díaz y la fiscala Marina Cura le preguntan a lxs testigxs si reconocen aquel sitio. En efecto, los seis reconocen el lugar.
Luego, lxs testigos comenzaron a referirse a una oficina del jefe identificada con una chapa que dice “Delegado”. Sara Murad, ex presa política, comentó haber sido trasladada allí desde la cárcel de Gorriti. “Yo recuerdo un espacio con una mesa grande, me dijeron “quédese ahí, no se mueva”, y estuve aproximadamente 6 horas parada sin que nadie me diga nada”. Dora Rebecchi, también ex presa política, pasó por lo mismo “no me permitieron ni siquiera ir al baño, y en el momento en que por fin me interrogaron, me dijeron: Ahora vas a empezar a rodar, llévensela que después vamos a hablar”.
A Sara y Mercedes Salazar, otra de las ex presas políticas, las hicieron pasar a una oficina para ser también sometida a un interrogatorio sumamente intimidante en el que participó personal de la policía federal, de la provincia y el ejército, habían hecho una evaluación sobre ella y otras militantes: “Había varios policías, yo supongo que el comisario también, porque tenía muchas estrellas en su uniforme y le hacían muchas reverencias. En un momento, en medio de las preguntas que me hacían, vi sobre la mesa una granada y un arma. En ese momento me informaron que ellos decidían quién vivía y quién moría, de acuerdo al grado de peligrosidad que decían que teníamos, en mi caso me dijeron que Gladis Artunduaga y yo, nos íbamos a quedar un tiempo presas y después de eso me llevaron para la cárcel de Gorriti”, explicó Sara.
Con respecto a la granada y el arma, Gladis Artunduaga, quien no asistió a esta inspección, relató en una testimonial anterior que Rodolfo Oscar López, subjefe, levantaba una granada explosiva, le apuntaba con la pistola y le decía “tomá agarrala”, ella aterrorizada temía por su vida, porque nunca había visto y menos aún, agarrado alguna y temía que explotara. Mercedes corroboró los dichos de sus compañeras y sumó que: “Los que me preguntaban cosas me decían que ellos decidían si yo salía en libertad o no, y admitió que nosotras solo éramos perejiles. Eso fue en agosto de 1976”. Y en otro tramo de la testimonial aseguró que López era uno de los que interrogaba.
Por su parte, Juan Noguera, detalló que lo llevaron ahí en un Ford Falcon una noche en la que se encontraba durmiendo en su casa. En ese lugar vio al oficial González, quien le dio aviso de que no iba a salir por ser de una “célula subversiva”. También estaba presente, en ese momento, el oficial Rodríguez Mendoza, un personaje sádico, obsesionado con su cuerpo y experto en tortura psicológica según las descripciones de los testigxs. Este último era el que más intervenía durante los interrogatorios, preguntándole sobre su militancia, algunas manifestaciones y pintadas de la Juventud Peronista, que iban en torno a reclamos por la luz, el gas y la libertad de algunxs de sus compañerxs ya detenidxs. Más adelante, Juan Mechia, se sumaría a estos dichos relatando iguales padecimientos en el momento de su detención, quien también mencionó al represor Rodríguez Mendoza.
El Of. Rodríguez Mendoza, quien sería mencionado en numerosas oportunidades a lo largo de la inspección por todxs lxs testigos, se sabe que, en un claro acto de abuso sexual, salía con poca ropa, exhibiendo su cuerpo, hacia formar en fila casi desnudos a los detenidos con el fin de observarlos y tocar sus cuerpos. Otro nombre que se hizo sentir fue el del Of Agüero, como un personaje cruel y autoritario, una figura presente dentro de la delegación que integraba la patota de la federal.
Juan Felipe Noguera relató que tras ser secuestrado y luego transportado en un Ford Falcon, donde lo golpearon, también lo interrogaron dentro de la oficina del delegado de la fuerza Federal, donde se encontraban presentes “un oficial de apellido González y un porteño que tenía doble apellido, me amenazaban diciéndome que no iba a salir con vida, y me preguntaban por mis compañeros de militancia, después me sacaron fotos y me acusaron de ser de una célula subversiva, de eso me acuerdo clarito, posterior a eso me llevaron para el fondo, donde me metieron en una celda”, expresó.
Por su parte, Claudia Scurta, hija de la desaparecida Dominga Álvarez Scurta, recordó que fue detenida en su domicilio a la edad de 15 años, tiempo después de la desaparición de su madre, justo cuando se encontraba realizando tareas escolares con unas compañeras. “Al bajar de mi casa, vi que habían policías armados apuntándome. Me trajeron con su jefe, que no fue nada amable, y me tuvo como dos horas aquí dentro. Me preguntó sobre la actividad política de mi mamá y que nombrara a sus compañeros. Se enfocó en uno, un locutor de nombre René Olaguibel, que después de lo que le pasó a ella, él desapareció, nunca más lo volví a ver”. Durante el interrogatorio que sufrió a manos de los federales, a Claudia se le aseguró que si cooperaba y respondía todas las preguntas, su madre podía quedar en libertad, pero ella no accedió a tal oferta. “Yo ya sabía lo que le había pasado a mi mamá y sus compañeros, no le creí nada a esos policías”, aseguró.
Tras la rueda de primeras declaraciones, la comitiva de inspección se dirigió hacia el interior de la oficina del delegado de la policía Federal, si bien la disposición de los objetos era diferente, el lugar seguía siendo muy similar al de hace cuarenta años.
“TODOS EN LA FEDERAL HABÍAN TOMADO CURSOS DE TORTURA”
Para esta etapa de la medida judicial, la comitiva se dirigió hacia el interior de la dependencia policial, en el trayecto, atravesando el patio interior, Noguera recordó cuando fue detenido por tercera vez, le hicieron ver fotografías a modo de intimidación en las que se lo observaba a él en plena actividad política y dijo “Cuando me sacaron del calabozo para interrogarme, pasé por aquí, y tengo clarito el recuerdo de haber visto a Sofía D´Andrea (ex presa política), la esposa del “Negro” Arroyo (asesinado), sentada ahí en el patio, no sé si estaba sola o con otras personas, no lo recuerdo, pero la tenían bajo la lluvia. Eso fue en noviembre de 1974, y tengo su imagen clarita en mi memoria, la Sofía”, mencionó mientras observaba hacia el medio del patio actualmente vacío.
Después vi a Soledad López”, ex presa política, “No sé si fue en este patio o más adelante, pasa que yo estaba muy golpeado, y me trajeron para identificarla”, le preguntaron si la conocía, “ella estaba muy mal”, él le dijo que no, para no comprometerla, agregó Juan Noguera. Estas palabras refrescaron la memoria de Dora Rebechi, quien comentó que, durante su cautiverio, tanto a ella como a su esposo Jorge Weisz, víctima de desaparición forzada, les tomaron fotografías y “Según lo que nos comentaron los mismos guardias, todos en la federal habían tomado cursos de tortura”, aseguró.
Juan Bosco Mecchia también estuvo en ese lugar. La fiscala, con permiso del juez abre las dos oficinas en las que se encuentra personal trabajando. Mecchia reconoce una de las dos como el lugar en el que había estado y precisa “Aquí había una ventana, ahora está tapada. También había unos guantes de box colgados porque Rodríguez Mendoza practicaba ese deporte”.
Permaneciendo aún cerca del patio, Dora Rebecchi, procedió a declarar: “Me acuerdo que cuando Rodríguez Mendoza me llama para interrogarme, vi colgados en el perchero unos guantes de boxeo, en ese momento él me confesó: “Ledesma es muy poderoso, y tiene mucha plata, así que nosotros hasta aquí llegamos, yo voy a escribir su informe y usted me dice si está de acuerdo”. Después cuando el abogado Fidalgo leyó ese informe no entendía nada, y pensaba que era una trampa porque me dijo: No entiendo, esto parece un panfleto para defenderte porque habla maravillas y dice que dedicaste tu vida a la niñez y la enseñanza, debe ser una trampa. Así que no modificamos nada del texto y lo dejamos tal cual lo escribió el federal”.
HACIA EL FONDO: LAS CELDAS Y EL SUBSUELO
Seguidamente, el grupo de inspección avanzó unos metros más, y retomó nuevamente en la misma línea, luego del patio, el pasillo que continúa pero hacia el fondo de la delegación, inmediatamente a mano izquierda, hay un desvió que da hacia unos escalones que conducen a una especie de subsuelo, pero el Juez Díaz decidió seguir con la inspección en el interior de los calabozos.
En la celda, un espacio reducido, apretado y sofocante, Dora Rebechi contó que: “de esta celda me sacaron cuando me hicieron el primer simulacro de fusilamiento, recuerdo las armas largas. Luego me vendaban y trataban de hacer que me pierda, pero mi idea es que no fui muy lejos”. Y Entonces me empezaban a aplicar la picana y me preguntaban cosas sin sentido. Le preguntaban por el gringo Tosco, por el partido en el que militaba Jorge, y sobre dirigentes de Mina El Aguilar, entre otras cosas. “Me lastimaron hasta que me tomaron el pulso y vieron que ya no daba más, después de eso me volvieron a llevar adelante, donde había entrado y me pusieron encima una bolsa de arpillera, me tomaron fotos y sé que detrás de mí metieron a Jorge para continuar con la tortura”. En una ocasión a Dora se le permitió ver a través de una mirilla a su esposo, no pudo hablar con él, pero logró ver las terribles condiciones en las que estaba.
Durante casi toda su detención ilegal, Dora y Jorge estuvieron separados, pero en una oportunidad lxs juntaron a todxs en un mismo calabozo cuando llegaron más personas detenidas: “Trajeron a Chacho Parafioriti y a Galo, ellos habían estado presos un mes, pero eran la cara pública del peronismo y del partido, no les encontraron nada en sus casas y los habían liberado por orden del juez Meyer, pero a los días, la federal los volvió a buscar. Un día nos permitieron pasar unas horas a lxs 4 juntos, y vimos cómo nos vigilaba el enfermo de Rodríguez Mendoza, desde el edificio del frente con sus anteojos de sol, los chicos decían: «Estos tipos son terribles”. En ese momento también se enteró que a Chacho (Nicolino) y Galo, le habían plantado las mismas pruebas que a la pareja con el fin de justificar la detención.
Lxs detenidxs eran visitadxs por la denominada “guardia buena”, es decir, personal federal que se ocupaban de tener un trato más “amigable” con ellxs, a fin de generar intimidad con lxs secuestradxs para sacarles información en confianza. “A Jorge le dijeron: No hermano, se confundieron con vos. Y le pusieron agua con sal en los brazos hinchados para tratar de bajar la inflamación y prepararlo, porque en unos días tenían que llevarlo ante el juez”.
Cuando Juan Noguera ingresó al calabozo del fondo, el lugar donde estuvo recluido expresó: “Al principio aquí éramos uno o dos, pero después nos metieron a 6 o 7. Estaba el doctor Vicente Juan Cosentini. Después de la tortura a la que me someten me vuelven a meter aquí y no me dan nada, me dejan desnudo y me dicen que no podía tomar agua por 24 horas, siendo que lo primero que uno necesita después de la picana es agua. Y clarito recuerdo a Fuenzalida que me dijo: Querés matarte, podés morir electrocutado, porque como te corrió electricidad por el cuerpo si tomas agua te puede dar un cortocircuito”.
En este lugar también salieron los recuerdos dulces, Dora, hizo mención a un poema de Andrés Fidalgo, quien también había estado detenido en esa pequeña celda donde hay un banco de cemento con curvaturas casi adaptado a las condiciones fisiológicas humanas y dice: “Gracias compañero albañil, que nos cuidaste tan bien, por tu colaboración, gracias compañero albañil”. Además, contó que solía haber un jardín con flores, y que Jorge Weisz le pidió permiso al oficial Rodríguez Mendoza para arrancar una rosa y regalársela a su esposa por el día de las madres. “El federal le dio permiso para arrancar una rosa, pero como había una roja y una blanca, solo le permitió darme la blanca”. Claramente el rojo era un color prohibido.
La comitiva procedió a abandonar la zona de los calabozos y se dirigió hacia el subsuelo o sótano antes mencionado, un lugar con una puerta pequeña de altura y que hoy en día funciona como vestuario para el personal policial, pero que durante la dictadura fue el escondrijo donde las bestias sacaban a relucir lo más oscuro de su ser.
“Tiene que ser aquí que me torturaron, porque cuando me sacan de la celda desnudo, Fuenzalida me dice clarito “guarda con la cabeza” y me agacha, por el susto no conté las gradas, pero me traen al camastro de elástico de metal que estaba alto, así que me ayudaron a subir a un banquito. Después de eso es cuando empiezan con el suplicio”, sostuvo Noguera.
Noguera indicó que debido a la crueldad a la que fue sometido, en un intento desesperado, su venda se soltó completamente, permitiéndole ver a cada uno de sus torturadores, esto, debido a que la luz intensa propia de los interrogatorios estaba apagada. “¡Pelotudos! Cómo no van a poner los focos, le gritó el jefe al personal. Entonces me volvieron a vendar y me continuaron picaneando, pero yo no les respondía nada”, indicó. En un momento sus mismos torturadores decidieron parar, en vista de la deplorable situación en la que lo estaban dejando. Entonces el oficial González le dijo: “Pelotudo, te estás haciendo golpear al pedo, ¿No ves que ya está todo cantado?, sabemos todo”.
Años después, Juan Noguera se encontró cara a cara con uno de sus torturadores: “Me acuerdo perfecto, fue en San Martín esquina Bustamante, me crucé con Fuenzalida, que agarra y me dice: ¡Qué hacés muchacho! ¿Cómo te va?, y como él estaba con su familia y yo con la mía, solo le dije: Usted tiene un deber, usted necesita ir a declarar, ya cambió la época. Y me retiré, contándole a mi gente quién era ese criminal”.
Por su lado, ya finalizando con la inspección, Dora Rebechi dejó en claro que los métodos utilizados no fueron aislados, sino que formaban parte de un plan completamente orquestado: “Todos habían sido preparados en la Escuela de Las Américas, por eso la situación se repitió en varios países y el fin máximo era continuar con el poderío económico de unos pocos”.
En ese instante el ambiente dentro de la ex sala de tortura cambió, dejó de evocar terror para dar lugar, entre compañerxs sobrevivientes, a miradas cómplices y cálidas con destellos de esperanza y libertad, compañerxs que habían asumido el legado de ser la palabra de lxs que ya no están, de poner el cuerpo una vez más para llegar a la verdad verdadera.
“Les ganamos”, dijo el Pingüino (Noguera), antes de gritar en el patio a viva voz: “¡30 MIL COMPAÑERXS DESAPARECIDXS, PRESENTES! ¡AHORA Y SIEMPRE! y al unísono nos convertimos todxs en esa voz.