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Megacausa ESMA VII: Un padre relató cómo torturaron a su bebé de 20 días

El fuerte testimonio de Carlos Lordkipanidse marcó la jornada del juicio.

El Tribunal Oral Federal Nº5 de la CABA continuará con el juicio oral y público de la megacausa Esma VII de lesa humanidad, en la cual se investigan las responsabilidades del exjefe de la Compañía Ceremonial de esa unidad de la Armada, Gerardo Enrique Ferrer, y el exteniente de navío e integrante del Servicio de Inteligencia Naval, José Luis Guarrochena, en la comisión de crímenes en perjuicio de 1.020 víctimas.

El primero de los testimonios fue el presentado por Carlos Gregorio Lordkipanidse, quien este miércoles frente al Tribunal Oral Federal, y a los requerimientos testimoniales del fiscal Félix Crous, dijo: «yo fui secuestrado el 18 de noviembre de 1978 en la intersección de las calles Carlos Calvo y Muñiz. Fui trasladado compulsivamente por un grupo de personas armadas vestidas de civil a bordo de una automóvil particular, Peugeot 504 gris, a lo que después supe que era la Escuela de Mecánica de la Armada porque fui encapuchado y esposado en la espalda y arrojado en el piso trasero del auto, donde me trasladaron.

Cuando llego a la Escuela de Mecánica de la Armada fui recibido de la peor manera, a los golpes desde que me bajaron del auto, camino en lo que después supe, un cuarto de interrogatorios. Escucho, al momento que me están llevando por el pasillo del sótano de la Escuela de Mecánica de la Armada, lo que después supe que se denominaba sector IV, escucho los gritos de la que era mi compañera, Liliana Pellegrino, el llanto de mi hijo bebé, en ese momento de 20 días, Rodolfo Lordkipanidse, y escucho gritos de otras personas que estaban siendo torturadas, en ese momento.

Fui violentamente interrogado con aplicación de corriente eléctrica, golpes en todo el cuerpo, sometido a las más brutales humillaciones incluido el maltrato en mi presencia a mi hijo Rodolfo, durante un período de tiempo prolongado que no puedo descifrar en horas o cuanto, fue un verdadero infierno lo que viví, hasta que en un momento semi inconsciente, me sacan de ese cuarto interrogatorio, que estaba lleno -de lo que después supe eran oficiales de la Marina- yo hasta ese momento no sabía dónde estaba, no tenía idea. Soy trasladado mediante el uso de un ascensor, hacia un piso superior y luego a través de una escalera hacia un sector un ala de oficiales de la ESMA, que se la conocía como CAPUCHA.

Tengo que mencionar que desde un primer momento lo que se me prometió era la muerte, en palabras en específico del capitán Acosta, con una verborragia propia del lugar que era: «vos flaco sos boleta y te vas para arriba» esa era la forma de expresarse de este señor. Después supe que era el comandante del grupo de tarea 3/2 de la ESMA.

Bien fui llevado a este lugar que se denominaba Capucha, donde había una gran cantidad de prisioneros. No sé si el mismo día o al día siguiente me trasladaron a otro sector, también por una escalera, que se denominaba Capuchita, que estaba al lado de un tanque de agua que era la pieza central de esa habitación, de ese espacio. En ese mismo lugar estuvo mi compañera, Liliana Pellegrino, estuvimos durante un período bastante largo de tiempo, ahí. Hasta que nos vuelven a llevar al sector de Capucha, a ambos. En el intermedio de esta situación, mi hijo Rodolfo es liberado, porque olvidé mencionar que también fue secuestrado el que era el primo de Liliana Pellegrino, ambos fueron secuestrados junto con mi hijo y fueron liberados, al día siguiente y fueron llevados a la casa de Liliana.

Pasamos un tiempo en esta situación, un período determinado de cuatro meses, con los peores de los maltratos, con un ingreso y egreso constante de personas, pudimos durante este tiempo constatar, particularmente que los días miércoles se producía un vaciamiento de las personas detenidas. Olvidé mencionar que a mí se me privó de mi identidad y se me colocó un número, yo era el 255 como la persona inmediata anterior a mi captura fue mi compañera, Liliana Pellegrino a ella le correspondía el 254, y como los días miércoles convocaban a los guardias, el jefe de Guardia, convocaba a un número, indeterminado, irregular de prisioneros, para que se formen en fila y eran sacados del lugar -de Capucha- y después no sabíamos más de ellos, porque bueno – no es que hubiese un pase de lista- pero sí sabíamos más o menos, los números de quiénes estaban.» Dijo el sobreviviente Carlos Lordkipanidse.

Lordkipanidse, plasmó la historia de la dictadura brutal que padeció, junto a su familia en varios testimonios judiciales, anteriores a los de esta jornada, e incluso, en una crítica a la entrevista de P12 hace años, en donde detalla, los hechos entorno al secuestro de otros niños, cuyos padres fueron detenidos, torturados y asesinados por los genocidas de la ex ESMA.

LOS INFANTICIDAS MILITARES

«Rodolfo tenía apenas veinte días de haber nacido y estaba en plena lactancia, cosa que le fue arrebatada en forma inhumana y salvaje.

Le fue arrebatada la madre también. Las garras de un torturador, el subprefecto Azic, lo arrancaron de sus brazos para llevarlo colgado de sus piecitos al cuarto de interrogatorios contiguo donde estaba yo atado a la cama de torturas.

Allí me prometen reventarle la cabecita contra la pared o el piso si no les daba los datos por los que me estaban torturando.

Como me negué, a instancias del Capitán Acosta, lo ponen a Rodolfo encima mío, en el catre metálico en el que estaba atado, y me empiezan a pasar la picana eléctrica mientras sonaba a todo volumen «Chiquitita» de Abba, entre los gritos y aullidos de Astiz, Febres, Federico, Manuel y algunos más que se me olvidan. Estaban en el éxtasis de salvajismo humano. Estaban torturando a un bebé. Habían alcanzado el escalón más alto de su propia degradación, pensé.

Me equivocaba, eran capaces de repetir la brutalidad como ocurrió en 1979 con Evita Basterra y de enseñarla a otros torturadores novatos para que sea aplicado este método de interrogación cuando las condiciones lo permitiesen, de ello se encargaría el Teniente Ricardo Cavallo. Recuerdo también que en esa época y mientras esto ocurría, Cantaniño lavaba cerebros infantiles con la musiquita «Vamos a hacer un mundo con amor».

Al año siguiente, en 1980, caen a la ESMA el matrimonio Ruiz-Dameri con sus dos pequeños hijos y ella, Silvia, embarazada.

Recuerdo a los niños corriendo ese día por entre las salas de tortura del sótano del Casino de Oficiales de la ESMA, a la que algún perverso bautizó como la «Avenida de la Felicidad». El varoncito tendría entre dos y tres años y la nena apenas algo más de uno.

En el mes de septiembre, Silvia Dameri da a luz una beba en lo que se llamaba la «Huevera», en ese mismo sótano. Fuimos testigos de ese hecho mis compañeros Víctor Basterra, Nora Wolfsson y yo.

Supe después que la niña fue apropiada por Azic y que los hermanitos fueron abandonados por el médico Capdevilla, uno en una plaza de Rosario y otro en otra plaza de Córdoba.» Escribió «el sueco» respecto de los dolorosos testimonios de una dictadura perversa que todos los días golpea por volver al poder en el país.

Fuentes consultadas

Los chicos de la ESMA II [el kindergarten del payaso Cacatúa] por Carlos Lordkipanidse

 

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