Estela de Carlotto, un regalo a la humanidad
En momentos donde la sociedad se encuentra entre falsos debates y discusiones que no tienen como objetivo más que imponer la voz, Estela de Carlotto surge con reflexiones que invitan a ejercitar la capacidad de pensamiento, decantando en la búsqueda del bien común.
La presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo puede poseer mayor o menor capacidad a la hora de encabezar un discurso o dar su parecer respecto de tal o cual situación. Como todos. Ahora bien, al momento de reflexionar sobre la democracia, deja en claro que posee una mirada digna de ser atendida.
Desde ya, es una ícono de los derechos humanos -nacional e internacionalmente hablando-, lo que le otorga un espacio bien ganado a sus declaraciones. Pero va más allá de su rol el valor de sus ideas. Es, quizá, la búsqueda que propone: la esencia.

A modo de ejemplo, sirve su reacción ante el acto convocado en la Legislatura porteña por la candidata a vicepresidenta de la Libertad Avanza (LLA), Victoria Villarruel, en homenaje a quienes denomina “víctimas del terrorismo”.
“Se trata de tácticas políticas para dividirnos, pelearnos y debilitarnos”. Con las palabras justas, Estela resume lo que otros también entienden a la perfección. Hasta ahí, no hay grandes diferencias. Pero la búsqueda y la capacidad de análisis entre pasado y futuro logran un resultado que permite centrarnos en el presente.
No esquiva la situación, ni deja de enfocar en quienes alzan con odio las banderas del negacionismo: “No le doy ninguna importancia a Villarruel, que hable, que diga, que grite. Lo que dice es cuestión de ella y es de su responsabilidad”.

“No nos debilitemos, estemos todos juntos los que pensamos en el bien de nuestro país, porque nuestros hijos dieron la vida por eso”, explica, dando un claro mensaje, dejando a la vista que también tiene presentes a quienes bregan por un país libre, democrático y justo.
Y es ahí. Es en ese momento puntual en el que baja la idea más contundente y precisa. La que permite salir por un momento de cualquier instante nebuloso, donde el pensamiento se ve apremiado por las mieles de la sentencia tajante, y ofrece uno de los regalos más preciados a lo largo de la historia de la humanidad: sentir el presente.
“Tener la democracia más larga de la historia es una gloria”





