LA GUERRA EN ÁFRICA PONE MÁS INESTABILIDAD A EUROPA
El Sahel es clave para España por la frontera sur del Mediterráneo.

El golpe de Estado en Níger ha hecho sonar las alarmas en la Unión Europea (UE) y EE.UU. y les obliga a volver la mirada hacia la inestable región africana del Sahel. Así es que entre amenazas y sanciones buscan restaurar en el poder al presidente electo, Mohamed Bazoum, pero hasta el momento eso no ha sucedido.
La prensa europea, respecto de este conflicto, supone: «El peor escenario puede conducir a un conflicto armado regional de consecuencias incalculables, según expertos consultados. Además de afectar al suministro de materias primas, como el uranio, lo sucedido en Níger evidencia el fracaso de la estrategia occidental en la franja saheliana, golpeada por el yihadismo, y abre otra puerta a la penetración de Rusia en el continente.
El Sahel es clave también para España, que ha pedido reiteradamente a la OTAN y a la UE que no desatiendan su flanco sur. La crisis está aún en marcha, pero no parece que los golpistas tengan intención de ceder a las presiones internacionales. Francia, EE.UU. y la UE han pedido que Bazoum sea repuesto en el cargo, y la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) ha amenazado con el uso de la fuerza, un ultimátum que vence este domingo. Benin, Senegal, Costa de Marfil y Nigeria podrían aportar las tropas.
El propio Bazoum ha pedido explícitamente la intervención de la comunidad internacional.
La presión de la comunidad internacional aumentó este sábado sobre la junta militar, cuando la ministra de Exteriores de Francia, Catherine Colonna, le advirtió que debe tomar “muy en serio” la posibilidad de que una fuerza regional invada el país. Colonna afirmó también que París apoya “plenamente” los esfuerzos de los países de la región para “restaurar la democracia” en Níger.
Varios países de África Occidental, entre ellos Senegal, Costa de Marfil, Nigeria y Benín se han declarado dispuestos a enviar soldados. En cambio, Malí y Burkina Faso, gobernados también por militares y suspendidos de la CEDEAO, han advertido que cualquier intervención en Níger sería considerada como una “declaración de guerra” contra ellos y Argelia, por su parte, declaró que daría libre paso a los pertrechos y refuerzos para enfrentar la invasión. Argel quiere desplazar a Francia del Sahel y evitar la expansión del terrorismo yihadista. Al mismo tiempo, sin embargo, quiere impedir una confrontación armada, porque teme la intromisión de Marruecos, el principal aliado de la OTAN en África. Por su parte, Chad, gran potencia militar y vecino de Níger, ya ha indicado que no participará en ninguna intervención.
Los golpistas han recibido por su parte el apoyo de las juntas militares de Mali, Burkina Faso y Guinea, mientras otro vecino, Chad, se ha ofrecido como mediador.
Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), cree que puede desencadenarse «un conflicto de consecuencias incalculables».
La clave es ver qué ocurre cuando se cumpla el ultimátum de la Cedeao, porque nada indica que los golpistas vayan a ceder. Queda por ver si la amenaza del uso de la fuerza se convierte en hechos, o se queda solo en palabras, en cuyo caso la Cedeao quedaría fuera de juego para mucho tiempo», explica a RTVE.es. «Si el ultimatum deriva en el uso de la fuerza, los alineamientos podrían llevar a esa guerra regional», insiste.
«Espero que la mediación internacional funcione», manifiesta Beatriz de León Cobo, analista del Centro de Seguridad Internacional de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) y coordinadora del Foro de Diálogo Sahel-Europa. Sin embargo, a cada momento que pasa el escenario del conflicto es «más posible».
«Intentar restablecer el orden constitucional por la fuerza solo llevaría a una guerra regional», advierte De León. «Pero ¿qué vendría después? Lo difícil es convencer a los nigerinos y a los altos mandos de las fuerzas armadas de que sean fieles a Bazoum. Ya es muy tarde, ahora para revertir la situación se tiene que contar con los golpistas, y quizá no sea Bazoum el presidente, sino otro elegido democráticamente».
Frédéric Mertens, profesor de la Universidad Europea de Valencia y experto en Relaciones Internacionales, señala que dentro de la propia organización africana «no hay unanimidad». «Unos quieren intervenir y otros prefieren intentar la negociación», asegura.
Si se llegará al enfrentamiento armado, Mertens teme que Níger se deslice hacia el caos. «No solo hay estados implicados, sino milicias privadas o semi privadas, grupos, clanes, organizaciones criminales. Hay una nebulosa que recuerda lo que está pasando en Somalia y pasó en Afganistán».
El fracaso de la estrategia anti-yihadista en el Sahel
Los sucesos de Níger no se entienden fuera de su contexto geográfico inmediato: el Sahel.
Se trata de una ecorregión de transición entre el desierto del Sáhara y la sabana, que se extiende de este a oeste del continente, e incluye a varios de los países más pobres del mundo. Son estados con instituciones débiles y corruptas, que no controlan totalmente sus extensos territorios, pero con poblaciones jóvenes y en aumento.
Las rutas que la cruzan desde hace siglos, entre el Golfo de Guinea y el norte de África, y entre la costa Atlántica y el interior, son hoy usadas para el tráfico de drogas, armas y personas.
En las últimas dos décadas, el yihadismo se ha extendido, aprovechando conflictos tribales, étnicos y económicos (la revuelta de los tuareg en Mali, o el enfrentamiento por el agua y la tierra entre pastores de etnia fulani y poblaciones de agricultores sedentarios).
Grupos afiliados a Al Qaeda y al Estado Islámico, además del nigeriano Boko Haram, cometen tanto atentados como verdaderas acciones de guerra asimétrica, que han provocado decenas de miles de muertos y el éxodo de poblaciones enteras. Su foco es la llamada «zona trifonteriza», donde se unen Níger, Burkina Faso y Mali.
Francia, la exmetrópoli colonial, puso en marcha la operación militar Barkhane y fomentó la cooperación regional con la creación, en 2014, del G5Sahel, del que forman parte Mali, Mauritania, Níger, Burkina Faso y Chad.
Pese a la eliminación de sucesivos líderes yihadistas, la estrategia no ha conseguido sus objetivos: los atentados continúan, e incluso han aumentado en letalidad y radio de acción, mientras el G5Sahel está prácticamente desactivado.
Después del golpe de Estado en Mali (2021), París decidió desescalar su presencia militar en la zona y trasladar a sus tropas a Níger, donde actualmente tiene unos 1.500 soldados.
El viernes los jefes de Estado Mayor de la CEDEAO “definieron los contornos de una “posible intervención militar” contra la junta de Níger, según declaró el comisario de Asuntos Políticos y de Seguridad de la Comunidad, Abdelfatau Musah, tras una reunión en Abuja, Nigeria. No obstante, según Musah, la solución diplomática sigue siendo la opción preferida.
Sin embargo, en los mismos países de África Occidental cuyos gobiernos promueven la invasión existe una fuerte repulsa contra la operación militar. Aunque el gobierno prooccidental de Nigeria (con 220 millones de habitantes, el país más poblado de África) ha cerrado la frontera con Níger, bloqueó el tráfico de mercancías transfronterizo, canceló el suministro transnacional de electricidad y desplegó tropas en la frontera, este sábado 5 el Senado rechazó el pedido del presidente Bola Tinubu para enviar tropas al vecino país. Por su parte, los gobernadores del opositor Partido Democrático Popular (PDP) advirtieron al presidente contra una guerra y el Foro de Ulemas (UFN) reclamó que se busque una solución pacífica al conflicto.
Tinubu, que asumió la presidencia en mayo pasado tras una cuestionada elección, está ansioso por imponer su autoridad en una región calificada de “cinturón golpista” y las fuerzas armadas nigerianas, las mayores de la región con 223.000 efectivos, bien pertrechadas y con una larga tradición golpista, ambicionan liderar una intervención en Níger. “La probabilidad de una gran intervención es muy, muy alta”, dijo por un lado el analista geopolítico Ovigwe Eguegu, “porque hay muchos factores que hablan en favor de ella”. Estados Unidos la apoyaría, según Eguegu, porque Níger es un socio fundamental en la lucha contra el yihadismo. Además, teme que la inestabilidad en Níger permita a Rusia ejercer aún más influencia en una región en la que una sucesión de golpes de Estado ha encumbrado a gobiernos aliados al Kremlin.
El golpe de Estado en Níger ha creado una gran preocupación por el futuro de las exportaciones de uranio a Francia y otros países de la Unión Europea. La empresa francesa Orano, que lleva años extrayendo el metal en el noroeste de la nación africana, ha asegurado que sigue con sus operaciones en territorio nigerino y no está claro si la nueva junta suspendió las exportaciones del metal y de oro.
La preocupación europea por África se explica por su alta dependencia del continente vecino. Ahora el golpe en Níger parece cancelar el proyecto para construir un gasoducto transahariano de Nigeria a Europa a través de Níger y Argelia por el que Europa recibiría 30.000 millones de metros cúbicos anuales de gas.
Si estallara una guerra en África Occidental de la que sin duda sería parte, Europa sufriría no sólo la pérdida de importaciones esenciales, sino que debería recibir a cientos de miles de inmigrantes, sufriría la infiltración de terroristas y tendría que afrontar la reacción de la enorme cantidad de africanos que viven en el viejo continente. A EE.UU., por el contrario, no los afectaría una guerra en África Occidental, porque están lejos y no tienen grandes inversiones en la región. En realidad, los beneficiaría, al destruir la economía francesa y hacer a Europa aún más dependiente de los suministros energéticos trasatlánticos. De todos modos, Washington no tiene interés en que Moscú aumente su influencia en esa porción del mundo y seguramente acuda a Marruecos para impedirlo.
Fuentes citadas: TÉLAM – RTVE.-





