La unidad exige diversidad, debate para atender las demandas del pueblo

Escribe Alejandro C. Tarruella
La unidad del Frente de Todos es decisiva para construir una victoria en 2023. La que se unirá a Lula, Boric, Castillo, Maduro, AMLO en México y posiblemente a Colombia en los próximos meses. Los agoreros, los adictos a la derrota (un sentimiento afín a ciertos exponentes de la generación de los setenta y algo más) buscan siempre un elemento que sostenga cierta afición a narraciones que llevan al abismo.
Profundizar, transformar
El hecho de haber sufrido derrotas importantes en la labor política no justifica que todo ha de ser colapso en una noche negra de interminable agonía. El mundo se halla en el fin de la etapa que se podría sintetizar en Yalta, la cultura occidental por primera vez en siglos, deja sin ganas una preeminencia cultural que va hacia oriente. El episodio Ucrania deja ver la decadencia de Estados Unidos que precisa, como Inglaterra luego de la segunda guerra, reordenar su lugar en el mundo y evitar una confrontación interna destructiva y regresiva.
En Argentina, la política no siempre analiza con precisión, a veces ni ganas se ven de promover un camino según sea la política internacional -como planteaba Perón- y se envuelven en las disputas internas. Los disensos son necesarios y edificantes en una fuerza política y los debates y diferencias que existen hoy en el Frente de Todos, no hacen sino mostrar la vivacidad del peronismo y las fuerzas que lo integran. El punto en cuestión, es que no tiene por qué ponerse en discusión la existencia del frente.
La reciente interna en San Isidro, donde Massa, la Cámpora y la familia Galmarini, ganaron la elección a la fuerza que orienta Santiago Cafiero. Ese parece ser el camino más allá de que haya quienes cuestionan que el jefe de la línea triunfante, sea el Pato Fernando Galmarini, 79 años, integrante de Montoneros que descolló en cargos y satisfacciones durante el menemismo, pasando luego a estar al servicio de Eduardo Duhalde en el área de seguridad. En ese rol, en diciembre de 1993 le tocó enfrentar una masiva rebelión carcelaria.
También hay que considerar que es hora que el país político oriente su mirada hacia el sur patagónico, lo ponga en un centro frente a la presión del puerto filibustero de Buenos Aires con la ciudad que se cree republiqueta, y lleve con muestras firmes, el camino hacia el sur. En 2048, el mundo tratará la suerte de la Antártida y el centro del país será ese territorio. No es posible sostener desde la ley de entidades financieras de Martínez de Hoz y la dictadura, ni la legislación que habilita la depredación minera y otras. Además, hay que echar por tierra el Pacto de Madrid de 1991, que hace regir a Gran Bretaña aspecto decisivos de la Argentina. Inglaterra se fue de Europa y la Unión Europea rige el pacto de entrega que se firmó como rendición en la guerra de Malvinas, de la que recordaremos los 40 años el próximo 2 de abril.
Hay intereses muy fuertes que pretenden quebrar el Frente de Todos, dar retorno al macrismo y acabar como en el 2015 con el camino de la recuperación nacional para volver al eje del festín financiero usurario, que pretende la entrega de la Patagonia y otras cesiones. La estructura intermediaria con base en la CABA, que tiene un norte en Londres y otro en Nueva York, tiene alas a izquierda y a derecha y el objetivo es quebrar al peronismo, destruir el frente y sostener, aun cuando la realidad mundial muestra una quiebra de esas fuerzas, el camino de la entrega. Un sector importante de la dirigencia política, se ha cristalizado en parte, en los modos de algunos comisionistas que van a la tajada, no a la construcción nacional.

América en el mundo
Hay necesidades políticas que pueden apuntalar ese camino. Una de ellas es la que muestra en Chile, Gabriel Boric, que anticipa a Lula en Brasil. Es la aparición de representantes muy claros de las nuevas generaciones. Si tomamos el rol de Pato Galmarini, observaremos que no sucedió eso de manera terminante aunque se destaque que confrontar adentro es lo que vale. La Cámpora ganó en Tres de Febrero y en Mar del Plata, en este caso de la mano de Fernanda Raverta, titular de ANSES. Ese es el camino, alineamientos, disidencias y debate sin “sacar los pies del plato”.
La reciente marcha del 24 de marzo mostró una vez más que en la calle las nuevas generaciones se expresan con claridad y muestran el vigor de su reclamos. La Cámpora mostró una capacidad de movilización desbordante y permite establecer que los que se asustan por alguna presencia de jóvenes en las expresiones del neonazi Milei deben comprender que esa generación tiene que tener una expresión clara y vibrante, en el ejercicio de las funciones de gobierno. De ahí la mención de Boric en Chile. Las generaciones más avanzadas, son un elemento importante en el asesoramiento, la consulta, el trabajo de elaboración de contextos y propuestas, para dejar el espacio a las más recientes en el ejercicio de las funciones de gobierno.
Los cambios en el planeta, la caída relativa pero cierta de la globalización neoliberal, expresada en el hecho de que el eje de su movimiento se corre hacia el oriente, moviliza transformaciones. Por lo tanto, no es posible continuar en el trato de los problemas con las lógicas de 1970. La militancia es importante pero hay que convocar al pueblo, el FMI es determinante pero hay que observar que se debilita como los EE.UU y el eje occidental. Si diferentes países de peso, incluso la Unión Europea, se deslizan hacia el uso de yenes y rublos en sus relaciones comerciales con China y Rusia, es evidente que el dólar de los años que vienen no va a ser el de hoy. Por lo tanto, la deuda externa debe tener nuevos elementos a la hora del debate. No es necesario que los iluminados vengan a “esclarecer” sobre lo que oscurecen.
Esa mutación en el mapa del mundo hace que el país mismo deba ser mirado de otro modo, de la Patagonia al conjunto, de las provincias al centro, que ya no será más republiqueta neoliberal. El federalismo es un dato central y hay que reconstruirlo en el cambio de la “maqueta” centralista, portuaria y filibustera que le dieron la colonia y el mitrismo (en pie incluso en la intelectualidad de “altura” porteña que impone sus reglas desde las academias y muchas veces, desde los cargos).
Federalismo, movimiento obrero organizado, recuperación cultural y económica (salir de la exportación de productos primarios e ir por las manufacturas propias). “La política es la política internacional”, sugería el general, principio que es dado vuelta por esa usina del pensamiento de puerto para entregarse al fragor del internismo.
Por todo eso, es una necesidad imperiosa que haya debate, internas, disensos y lo que sucede en el Frente de Todos a partir de la actitud de Máximo Kirchner de dejar la jefatura de esa unidad en Diputados, no hace sino fortalecerlo por la capacidad de exponer diferencias, tratarlas en el conjunto, y hacer de ellas una fortaleza para el desafío de la época.
Desafío que nos exige trabajar con las debilidades del momento para hacerlas parte de la firmeza con la que se va a abordar el tiempo de las transformaciones, para ir hacia el multipolarismo y el universalismo multipolar y plurinacional. Como lo plantean Jorge Bergoglio y otros pensadores.





