Poema para Horacio. Homenaje de Infobaires24

Un caminador de la Palabra.
Así podría ser nombrado el hombre que supo construir pensamiento y rebeldía a lo largo de su vida.
No era el conformismo su guía.
Mucho menos, la tibieza del intelectual burgués que solo busca un lugar entre los laureados.
Horacio será siempre evocado desde el amor y el compromiso que tuvo con la verdad y con la palabra molesta. Inquietante. Porque sus luchas, amarradas a ella, fueron siempre políticas. Desde ahí, él se pronunciaba. Porque, desde muy temprano, comprendió que la palabra es, por sobre todas las cosas, herramienta política. Camino para alcanzar la justicia demorada y desleal.
Y por eso fue un tipo polémico. Resistido. Amado. Incomprendido. Y, ahora, extrañado.
No vamos a encontrar verdades cerradas en sus textos ni en sus obras. Solo reflexiones, memorias y sentires nacidos del centro del dolor por un mundo que se resiste a la verdad. Pensamientos nacidos de la contradicción de un hombre que se sabía imperfecto. Y en lucha.
Como pocos, Horacio supo unir la militancia dura con la escritura, con el periodismo, con la docencia. Sabedor de que el dominio de la palabra es el camino que nutre los fundamentos de la causa, Horacio se construyó como un escritor “para la liberación”.
Y es por eso que, hoy, el pueblo llora a su maestro.
HORACIO, MAESTRO DE AMANECERES
Llevaba una lágrima en su mano
Horacio, maestro de amaneceres
y guardaba en ella, las otras
las de las desaparecidas y los desaparecidos,
las de las derrotas y los encuentros
y hurgaba en las palabras
para el reencuentro y la esperanza,
era un hombre de caminos,
de sonrisas en el dolor;
descansaba en los sueños
y guardaba en el misterio
su hacer flores de los libros;
y conversaba con Hernández, Mansilla,
Juanamanuela, Federico o Alejandra
mientras ella le cantaba
canciones del olvido y el presente.
Cuando partió nos dejó su lágrima en muchas lágrimas
y ahora las llevamos cada una, cada uno
entre heridas porque él nos dejó su palabra,
nos dijo que de allí recogeremos una vez más
la esquiva esperanza.
Alejandro C. Tarruella
Barracas, 22 de junio de 2021





