«Con Néstor decidimos avanzar, pero sin dejar de mirar para atrás»

IB24: – ¿Dónde te encontrabas el 24 de marzo del 2004?
– Y… Claramente no estaba de este lado. En el año 2000 me notifica el juzgado del Doctor Marquevich que era hija de personas desaparecidas. Mi apropiador -Herman Tetzlaff- fallece el 17 de mayo de 2003, y hasta ese momento, para mí seguía siendo mi papá, e ideológicamente me seguía llamando María Sol. Cuando nos desaparecieron, mi papá biológico, Toti, tenía 20 años, mi mamá 18, y yo tenía solo 13 días. En el mes de mayo me inscribieron como María Sol, y así me llamaron toda la vida.
Crecí entre cuarteles con quien para mí era mi papá, tuve una formación ideológica militar muy fuerte, y por eso hice todo lo posible en la justicia para nunca aparecer. Y justo ahora que están tan presentes los fiscales, recuerdo a muchos que eran amigos de Tetzlaff, pero sobre todo tengo muy presente a uno, Romero Victorica, que fue el que durante muchos años dilató la causa para que no avance.
Es un proceso muy difícil, por eso soy muy respetuosa con los chicos que tienen dudas acerca de su identidad. De repente viene alguien de afuera, y te plantea algo que no tiene nada que ver con tu realidad, con tu formación y con tus afectos; no es algo que puedas cambiar de un día para el otro.
Me acuerdo que ni bien asume Néstor me llaman de Abuelas y me dicen que el nuevo presidente nos quería ver, que nos convocaba a Casa de Gobierno. Siempre cuento que yo era como Pando pero a la enésima potencia, así que los mandé a pasear a todos y seguí con mi duelo. Fue realmente muy duro.
Recién empiezo a ser Victoria a fines del año 2007; fue un proceso muy largo, sobre todo ideológicamente, más allá de que tenía vínculo con mi familia biológica, para poder acomodar esto que hoy puedo transmitir, y que espero que después pueda entenderlo mejor. No es fácil incorporar esa nueva realidad cuando toda tu vida pensaste que nuestros soldados habían entrado en guerra para defender la paz, la familia cristiana, los valores. Imaginate que un día vino un amigo de Tetzlaff, y estaban armando una lista de jóvenes para “refundar la Nación”, y me dijo que me necesitaban a mí; claro, me habían escuchado hablar de defender la familia, la Patria. Pero bueno, por suerte todo eso quedó en el pasado, en María Sol.
En ese momento entendía a la memoria como la revancha; me acuerdo que cuando vi a Néstor, a quien por supuesto no quería y no voté, ir a la ESMA y decirle a los militares “no les tenemos miedo”, yo pensaba: ¿por qué provoca de esta manera?; porque cuando uno piensa así, que el Estado se pare donde se tiene que parar, parece ser una provocación. Recuerdo que siempre que llegaba noviembre, en el cuartel había risas cómplices y la frase más repetida era “no llega a diciembre”. Y yo estaba convencida de que el poder era de ellos, de las fuerzas, que la democracia era circunstancial, una transición hasta poder re-ordenar todo.
Este proceso de entender lo que Néstor hizo con nuestra historia me costó mucho tiempo, porque estuve del lado de los que entendían que no había que revolver. Por ejemplo, miraba a las Abuelas y decía “si esta señora dice que perdió a su nieto, ¿por qué no adopta a un chico de la calle y le brinda todo ese amor que tiene para dar?” y de esa manera cerraba el círculo. Era un ser horrible, honestamente… pero en el marco que te da esa formación. Yo creo que nunca fui una mala persona, realmente estaba convencida de que eso era lo bueno porque así me lo habían enseñado. Y en esa misma lógica también creía que el que era pobre lo era porque le gustaba, porque lo quería, incluso pensaba que los chicos de la calle no pasaban frío porque estaban acostumbrados, y un montón de cosas horribles que por suerte ya quedaron atrás. Así que bueno, ese 24 de marzo no estaba precisamente festejando.
IB24: – ¿Cómo se conjuga tu incansable militancia por los Derechos Humanos con tu historia personal, donde precisamente a vos y a tus padres les fueron violados?
– En realidad, todo tiene que ver con todo. Las heridas que dejó la última dictadura cívico – militar, con la desaparición de las 30.000 personas, la apropiación de bebes, entre los cuales lamentablemente estuve yo, poder recuperar mi identidad, a partir de las mujeres, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que hicieron posible marcar ese camino y esa lucha, y lo que pasó en nuestro país en los últimos diez años.
Creo que a partir del 2003 los argentinos pudimos, por primera vez, hacernos cargo de esa historia. Desde los inicios hubo golpes permanentemente, pero parecía que la historia empezaba de vuelta, y como siempre era escrita por los que ganaban, la lucha, la fuerza, y el sueño por un país mejor y una Patria grande, volvía a foja cero. Con Néstor decidimos avanzar, pero sin dejar de mirar para atrás. Nos hicimos cargo de un dolor enorme, y por primera vez, pedimos perdón en nombre del Estado Nacional, poniendo una bisagra de memoria, de verdad, y de justicia.
A partir de ahí recuperamos los centros clandestinos como espacios para la memoria, abrimos los juicios por crímenes de lesa humanidad, donde no solo se condena a los represores sino a la complicidad civil, con el rol fundamental de muchísimos personajes que hoy siguen operando contra la democracia.
No es menor el papel de las mujeres en esta historia, porque Néstor toma la lucha de las Madres y Abuelas, que hicieron posible tener la evidencia para atestiguar en los juicios, para comprobar el rol de los medios de comunicación, que hasta el día de hoy siguen sosteniendo el mismo discurso, donde hay vidas que valen más y otras que valen menos.
Además, permitió que los argentinos podamos seguir ampliando derechos: la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, y entender que los derechos de las mujeres, con este lugar que me asignó la Presidenta junto a Alicia Kirchner, se enmarcan en los Derechos Humanos, dándole un sentido mucho más amplio. Y todo esto, va más allá de mi historia personal.
Pienso que soy una entre 500 bebés, y mis papás fueron 2 entre 30.000 compañeros, pero todos hijos de un mismo sueño que hoy estamos empezando a llevar adelante. Todos entendimos que no nos resignábamos a vivir en la mentira, en un país con impunidad, y que no era posible pensar en ampliar derechos si los responsables de la desaparición y la tortura de personas inocentes estaban libres. Pudimos construirnos en serio, haciéndonos cargo de esta historia, que es dolorosa, pero que pudimos convertirla. Y lo fundamental, es que esto no es inmediato, pero los juicios continúan y cada día estamos más cerca de la verdad. Así podemos transmitirles a los más chicos, no el horror y el dolor que sabemos que tuvo esa historia, sino la otra parte, la vida, los sueños y los ideales que tuvieron todos esos compañeros. De esta manera, uno siente que forma parte del pasado pero también del presente.
Algunos opositores hablaban de que los Derechos Humanos son un curro, de que hay que mirar para adelante y pensar en los derechos “de las personas”, como si los derechos humanos no nos abarcaran a todos. Hay que entender que, a pesar de aquellos que repiten esos slogans, estamos construyendo un país que va a lograr ese piso de respeto por la vida, donde tienen que ver los derechos de la mujer, de las minorías sexuales, de los pibes que viven en un barrio y se los estigmatiza como delincuentes; los derechos de los compañeros que no están y de los hijos que aún no recuperamos. Esos son los Derechos Humanos, y se ven en las políticas sociales, en las políticas de inclusión, y en un Estado que trabaja fervientemente para ver cómo esos sectores que no tuvieron determinadas posibilidades, por esta dictadura militar y por el modelo neoliberal, al que algunos hoy anhelan volver, puedan estar empoderados de sus derechos.
IB24: – Hace unos días la Presidenta te puso al frente de un cargo relacionado con los derechos de las mujeres. ¿Cuál es tu tarea en este organismo?
– Trabajo en la Subsecretaria Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, que depende del Consejo Nacional de las Mujeres, y a su vez, de Presidencia de la Nación, cuya máxima responsable es Mariana Gras. Vengo de formar parte del equipo de Alicia Kirchner, que te brinda una oportunidad maravillosa para entender que todo abordaje debe ser integral. La línea 144, que trabaja las 24hs. durante los 365 días del año, depende de esta Secretaria.
Es el lugar donde se toman los llamados de aquellas mujeres que atraviesan una situación de violencia, ya sea física, psicológica, laboral, para poder darles una primer respuesta; a su vez, nos permite tener un registro de las distintas situaciones y abordar el seguimiento que le sigue a este primer paso, con todo el tiempo que conlleva. También tenemos el observatorio donde se estudian y se analizan todos los casos. Es muy importante el rol que cumplen los medios de comunicación, para bien, por la difusión y la concientización, o para mal, porque muchas veces se termina re-victimizando a la víctima y el mensaje es negativo. Hay que entender en profundidad qué significa la violencia, qué hace que una persona no pueda correrse de ese lugar, y cuál es nuestro rol como sociedad en este tema. Hay un resabio de la dictadura, del “no te metas”, que se traslada a estas situaciones.
Es una política del Estado Nacional hacerse cargo de esta problemática, que antes se entendía como un crimen pasional -“la amaba tanto que la mató”- y hoy se condena como un femicidio: la mató porque es mujer y porque hay un entorno que lo habilita para hacer eso. 7 de cada 10 mujeres padecen algún tipo de violencia, pero se trata a la mujer y no a ese hombre que la ejerce. Es un universo sumamente complejo en el que es muy importante hacer hincapié en la prevención, en trabajar en el territorio junto a los más jóvenes, que es algo que nos enseña siempre Alicia. No hay una sola línea a seguir en todo el territorio nacional; cada municipio, cada barrio y cada grupo tiene sus propias formas, y nosotros tenemos que encontrar la indicada para fortalecer las redes que deben ser las primeras en estar presentes y darle contención a esa persona. Hay que destruir esa forma de pensar a la violencia como algo natural. Es fundamental trabajar en la formación con los docentes, con los alumnos, con todos los espacios que trabajan con los adolescentes.
Cuando se habla del rol de la justicia, de la perimetral o del rol de la seguridad, ya llegamos tarde. Hay una mujer que ya sufrió la violencia, junto a familias y niños que también padecen esa herida que es única y que es para siempre. Es importante decirles a los chicos que creen que eso que siempre fue natural en su casa no lo es, que el amor no pasa por celar, por revisar un celular, por controlar con quien estas. Ellos mismos se sorprenden cuando descubren que situaciones cotidianas o que ciertos chistes son formas de ejercer violencia, al limitar, al controlar, al ponerlas en un lugar donde en un tiempo quizás ni siquiera puedan decidir sobre su propia vida.
Por otro lado, hay un programa muy importante que ofrece el Estado Nacional, el “Ellas Hacen”, que trabaja con mujeres, muchas de ellas víctimas de violencia, madres de más de tres hijos o de una persona discapacitada. Esto hace posible que aquellas que por cuestiones lógicas no pueden salir de sus casas o cumplir un horario de 8 horas, puedan trabajar menos tiempo, en un lugar cercano, con la prestación más importante que es la terminalidad educativa, ya sea la primaria, la secundaria, la diplomatura, la capacitación en oficios. Esto implica correrse de ese lugar, reconocerse a ella misma como un sujeto de derecho y saberse capaz de construirse de manera colectiva. En Capital hace un año y medio que lo estamos trabajando.
La violencia física y la violencia psicológica hacen estragos en cualquier persona pero es increíble el crecimiento y la fuerza de esas mujeres cuando se dan cuenta que son capaces y que pueden demostrarlo. Además, nosotros podemos ir con la mejor de las voluntades, ponernos a disposición de los psicólogos, los profesores, los profesionales, pero esa experiencia de vida que tiene aquella mujer que atravesó esa instancia tan difícil y pudo correrse, es la que mejor puede comunicarle a sus compañeras cual es el camino.
El Consejo Nacional de Mujeres trabaja en todo el país, articulamos con todos los municipios, y tenemos permanentemente personal en cada uno de los centros de referencia, que son como el Ministerio de Desarrollo Social de cada una de las provincias. A su vez trabajamos con los centros integradores comunitarios y las mesas de gestión. Yo me sumo a eso y le pongo la fuerza militante como a cada lugar al que voy, para seguir multiplicando. Tomar la realidad de las compañeras, ver a qué lugares aun no llegamos, qué formación y material podemos alcanzar a cada territorio, fortalecer todos los mecanismos como el de la línea 144, pero siguiendo siempre nuestro objetivo principal que es el de la prevención.
Desde nuestro lugar estamos convencidos de que estamos construyendo una sociedad mejor y que nuestros jóvenes, sin duda van a ser mejores que nosotros. La generación que nació con Néstor avanza, tiene objetivos, fuerza, y sobre todo, ejemplos. Eso no deja de apasionarme.
Así como pudimos terminar con la impunidad en nuestro país y transformar lugares horribles en espacios para la memoria, podemos pensar en que no tenga que haber una ley que prohíbe ejercer la violencia hacia una persona porque es mujer, que nuestros chicos sepan que somos iguales, porque la única forma que tenemos de construir un país mejor es respetarnos. Vivimos en un mundo patriarcal y la mayoría de los hombres son machistas, sí, pero a esos hombres los hemos parido nosotras; por eso también tenemos responsabilidad en la formación de nuestros jóvenes, en cambiar nuestra historia para que las próximas generaciones dejen de lado esta cultura de violencia que se ha venido instalando.
IB24: – Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo sufrieron esta violencia y discriminación por su género, cuando pedían por la aparición de sus familiares y las mandaban “a lavar los platos”. A pesar de ello, continuaron con su lucha y recuperaron muchísimas identidades, dándoles la posibilidad de un futuro distinto desde la verdad. ¿Crees que existe un paralelismo entre este hecho y la que tarea que te toca encabezar actualmente, donde las mujeres también descubren su verdadera identidad al reconstruirse y reconocerse como sujetos de derecho?
– Sí. El ejemplo que han dado estas mujeres es algo que nos llena de orgullo a todos los argentinos; en ese momento histórico, resistiendo a las fuerzas armadas y a la misma fuerza machista. Si uno piensa en el mecanismo que instaló la dictadura militar con el aparato represivo y la desaparición de las personas a partir de la idea de pensar “una patria nueva”, lo único que por su lógica machista escapó a ese gran armado, fue el rol de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Las subestimaron por ser mujeres; entendían que como les habían arrebatado a sus hijos y a sus nietos, se iban a paralizar por el dolor, se iban a morir de pena. No representaban un peligro, había que dejar que se encierren y se mueran de locura o de tristeza. Si con su ejército y la complicidad civil habían logrado desaparecer y desarticular a la militancia organizada ¿cómo no iban a poder con un grupo de mujeres, que en su mayoría eran amas de casa?
Pero fue precisamente ahí cuando las mujeres demostramos de lo que somos capaces cuando luchamos en forma colectiva; eso es lo fantástico, lo que ellas nos enseñaron. Desde un lugar ajeno a la militancia, transformando el dolor en lucha, buscando el apoyo en otras madres y abuelas. Y así, lamentablemente se fueron multiplicando. Digo lamentablemente porque eran cada vez más los bebes que desaparecían. Pero en ese momento lograron demostrarnos que es posible, que las mujeres somos capaces cuando nos organizamos y luchamos por un bien común. Tenemos clarísimo que el fin no era desaparecer a los compañeros ni robarnos a nosotros; el objetivo principal de esta dictadura militar era instalar un país para pocos, donde pudieran disponer de los recursos naturales y donde las próximas generaciones estén condenadas para siempre, en Argentina y en toda Latinoamérica. Y al día de hoy, si bien seguimos pagando las heridas que dejó ese período, sobre todo las económicas, podemos empezar a saldar la deuda con estas mujeres, que desde otro lugar y con otras historias, también son víctimas de ese mismo modelo económico, social y cultural. Y sí, cuando empiezan a reconocerse a ellas mismas como sujetos de derechos, cuando se empoderan de ellos, no puedo dejar de relacionarlo con lo que me pasó a mí cuando me di cuenta quien era; los que tuvimos una identidad cambiada y nos enseñaron que teníamos que pensar de determinada forma, sentimos que te despertás, que te das cuenta de donde estás parado, cuál es tu vida y que es lo que querés; cuando te das cuenta que sos vos mismo y de lo que sos capaz, no hay nadie que lo pueda parar. Y en ese sentido hay un montón de mujeres que por la violencia o por distintas situaciones sociales no fueron ellas mismas.
Este programa que invita a estudiar y a tener tu ingreso, te brinda una autonomía que enfrenta uno de los mayores problemas relacionados a la violencia de género que es la dependencia económica; muchas veces las mujeres se quedan al lado del golpeador porque es la persona que alimenta a sus hijos. Y uno ve los resultados, el poder de decidir por ella y por sus hijos, se termina el “no me queda otra”, se empiezan a acompañar entre ellas en este proceso que es largo, que tiene idas y vueltas, y que, al igual que nos pasa a todos los nietos restituidos, no hay un sola linea para seguir, cada uno lo enfrenta de distinta manera, acomoda los sentimientos y las contradicciones como puede, y sigue para adelante.
Te digo que la transformación y lo que ganamos todos como sociedad es increíble. Yo creo que aquellos que se oponen a esto, no es por ignorancia, no es que no saben, sino que les molesta, les duele y les resulta peligroso. Pensá en cien mil mujeres formadas, capacitadas, y empoderadas. Cien mil Cristinas es una pesadilla… ¡imaginate que con una sola no duermen! Pero bueno, para nosotros es fantástico. Para mi hoy es un orgullo estar en un lugar de gestión, luchando por los derechos de las mujeres, poniendo toda mi fuerza militante y mi experiencia de trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social, entendiendo que lo mejor que podemos hacer, es justamente meternos.





