Sociedad

Alejandro Tarruella: Pérdida enorme para la cultura, murió Pocho Roch

Alejandro C. TarruellaPocho Roch escribió a los 16 años “Maleta Tuichá”, dolido de vivencias y brisas conjeturales en los parajes que aprendió amar con su gente. Con su acordeón de dos hileras ensayaba lo que la existencia le tenía signado. Conoció la poesía de la gran escritora correntina Marily Morales Segovia, la palabra sencilla y profunda de Cacho González Vedoya y ahí se fue al movimiento de la “Canción Nueva” que alcanzó en 1975, reunirse en un long play del sello EMI Odeón. Era un músico sensible, de convicciones, que concebía la renovación en la propia historia, desde los sonidos a la lluvia. Llegaron “Pueblero de allá ité”, letra y música suyas, “Por Santa Rosa me voy al río”, con letra Juan G. González Vedoya, Cacho, y “Taipero poriajhu”, suya con Antonio Tarragó Roch y se confirmó como un innovador.

Gonzalo del Corazón de Jesús «Pocho» Roch  era un compositor torrencial, escribía, musicalizaba, se movía como si su existencia se sostuviera en un cuaderno donde había renglones y pentagramas. Debía entonces llenarlos con la fogosidad del clima que lo rodeaba. Se cree que supera largamente los 350 temas el aporte que nos deja en tiempos en que la canción popular argentina se debate ante una invasiva negación de sus fuentes y su historia. Cuando surgió su “sociedad” con Antonio Tarragó Ros cobró gran fuerza expresiva porque el autor de Curuzú le aportó un singular sentido de lo popular. Finalmente, es autor de los versos y compositor de las melodías, en una cantidad increíble de temas, que hoy suman más de 300. Las voces de Juan Pedro Quique Soribes, de Rodolfo Regúnaga, de Ramona Galarza, de Teresa Parodi, Octavio Osuna, dejaron testimonio de su valía.

Cómo músico tenía un horizonte claro sobre la base de un no transigir con lo propio. Guitarra criolla, acordeón correntino y sabor cotidiano a la vida y a la fronda. Incorporó sonidos electrónicos de los nuevos días sin abandonar el que hacía a su raíz indoblegable. Como melodista acompaña la realización de documentales, películas, trabajos de video o las obras largas en las que evocó la Vírgen de Itatí y otras. Pocho tenía en su cultivo religioso un capítulo esencial de su convicción. Su “Canto a la Fe” es una muestra de esa preocupación artística que se comparte en un saber popular que hoy es identidad donde el guaraní tiene un lugar de trascendencia. Luego conservaba en su casa un archivo que era un bosque nativo de papeles y videos, un legado que el pueblo hacía llegar a sus manos. Había libros históricos, música de los jesuitas, evocaciones guaraníes, relatos que sustentaban su bagaje.

Pocho tenía en su cultivo religioso un capítulo esencial de su convicción. Su “Canto a la Fe” es una muestra de esa preocupación artística que se comparte en un saber popular que hoy es identidad donde el guaraní tiene un lugar de trascendencia

 

El don de Pocho Roch

Su capacidad de creador estaba sostenida en un trabajo arduo de investigación histórica, cultural y musical que traducía en versos y canciones. Luego llevaba esos materiales a sus conversaciones públicas y conferencias. Era un tipo generoso y agradecido. Agradecido a Ernesto Montiel, a Isaco Abitbol, a Tarragó Ross, a Tránsito Cocomarola, a Albérico Mansilla, a Ramona Galarza y a cada uno de quienes aportaron para que se le encomendara la tarea de hacer la canción su testimonio común de pertenencia.“Hablo con la música; Dios me ha dado un don”, le escucharon decir una y otra vez como una carta de presentación.

Su palabra fue con los años, un don en el que el pueblo podía encontrarse y saber que es posible superar en el arte, el polvo del olvido. “El hablar de nuestro patrimonio cultural correntino es encender la llama de los sentimientos queridos más profundos, y las que iluminaron el sendero milenario de nuestras tradiciones, de generación en generación y, fundamentalmente, las originadas en la matriz de su cultura religiosa, como lo es muestra expresión cultural musical más auténtica: el chamamé”, resumía con la estatura de un poeta y reflexionaba que “La expresión cultural musical original del hombre es el canto, donde se unen los dos bienes esenciales: la palabra y la melodía”..

Contaba que los problemas de su corazón se producían desde los 33 años pero estamos en condiciones de decir que fueron desde siempre. Incluso hoy, cuando a la noticia de su muerte, es nuestro corazón el que siente el dolor de su ausencia. Una ausencia viva, una presencia que se atisba en un sonido de acordeón con gusto a río cuando la vida nos exige remar y al hacerlo, una canción de Pocho Roch nos envuelve como si fuera otra vez su abrazo de poeta. Nos llama para comenzar nuevamente y hacer camino al cantar.

 

Colabora con Infobaires24
Suscribite a nuestro canal de youtube TIERRA DEL FUEGO

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba

Tiene un bloqueador de publicidad Activo

Por favor desactive su bloqueador de anuncios, Infobaires24 se financia casi en su totalidad con los ingresos de lass publicidades