Sociedad

35 mil veces “basta”

 

 

 

Gina Riverós es una mujer sanjuanina de 55 años, que además de trabajar con nosotros, lo hace en una terminal de micros. En su Facebook personal, suele contar distintas anécdotas sobre los personajes que se acercan a la boletería. Esta dama no sería más que una de las tantas personas que hacen uso de las redes sociales para expresar opiniones, si no fuera porque hace unos días, uno de sus post fue compartido más de 30 mil veces, provocando que hasta medios internacionales la contacten para hacerle una entrevista.

En la ya famosa publicación, Gina cuenta que mientras trabajaba, vio a un joven visiblemente borracho que yacía dormido en un banco, con los pantalones bajos y una parte de su trasero expuesto a todos los que pasaban. Sin embargo, nadie se le había acercado ni había intentado abusar de su indefensión. Paradójicamente, minutos antes, una joven que vestía minifalda pasó por allí y un señor no dudó en comentar: “se visten así y después no quieren que las violen”.

Gina muro

 

Nuestra compañera no dudó en poner sobre el tapete el notable contraste entre ambos episodios; para su sorpresa, muchísima gente decidió apoyar esta reflexión difundiendo el mensaje. A partir de ahí, le llegaron respuestas de todo tipo; desde mujeres identificadas con su relato, pasando por insultos y denigraciones y hasta una propuesta de matrimonio por parte de un pakistaní. Pero, ¿quién es realmente esta mujer que causó tanto alboroto?

Gina Riverós conoció la violencia en la más temprana edad, de la mano de su padre; un hombre que se encargó de golpear, física y psicológicamente, tanto a la entonces niña como a su esposa, la madre de Gina. A través de la terapia y el trato con mujeres en su misma situación, transformó sus años de dolor y sufrimiento en el comienzo de una lucha que se acrecienta día a día.

Sana cada uno de los golpes que recibió, difundiendo cómo detectar y prevenir la violencia infantil. Borra cada “algo habrás hecho” que le dijeron a su madre, poniendo en palabras cuál es el verdadero rol de la mujer y desnaturalizando lo que la sociedad intenta imponer como norma. Se viste de minifalda bajo la horrorizada mirada de sus conservadoras vecinas, sonriéndole a cada prejuicio que la acecha.

Gina no duda en defender fervientemente a todos aquellos que fueron discriminados alguna vez, ya sea por su edad, por su elección sexual, por su forma de vestirse. Reiteradas anécdotas la sitúan en ese lugar, y su muro de Facebook es un mero reflejo de su pensamiento. Será que alguna vez se vio tan pequeña bajo la palma del hombre que debía cuidarla y defenderla, que hoy, engrandecida por su lucha y su experiencia, no duda en cobijar a las minorías.

Sin embargo, hasta este momento, todo ese camino había permanecido en el anonimato, o al menos en un círculo mucho más cerrado; en el oído de aquella amiga que fue maltratada por su marido, en la sorpresa de aquellos obreros que se vieron avergonzados de haberle faltado el respeto cuando ella los enfrentó, o en la mirada atenta de su hijo, que fue educado bajo la premisa de preservar siempre su integridad y la de la persona que tiene al lado.

Más allá de todo, Gina no se cree gurú ni inspiración para nadie. Las repercusiones de su comentario la reconfortan en tanto se haga hincapié en la profunda transformación que debemos hacer como sociedad para lograr una verdadera igualdad de género. Tampoco es venganza ni odio lo que guía sus acciones; por el contrario, cree fervientemente en el amor como único camino hacia este objetivo. Y si las redes sociales son una herramienta para reforzar esta perspectiva, bienvenidas sean.

Aunque muchos sueñan con la fama rápida y fácil que el hecho de ser viral otorga, esta polémica mujer da la nota una vez más. Nos confiesa, contra todo lo esperado, que desearía que este post no haya cobrado tanta relevancia. ¿Por qué? Porque en la realidad que ella anhela, esa reflexión representaría la regla y no la excepción; exigir la igualdad de género no merecería una aplauso, conformaría una obviedad; pensar en una mujer libre de vestirse como quiera y transitando por la calle con seguridad, sería lo más lógico. En una sociedad verdaderamente justa, Gina Riverós no sería famosa, y ese comentario sólo describiría una realidad cotidiana: la del debido respeto por el otro.

 

 

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