Vidal se peina como Cristina

Vidal dejó la agenda social, le tiró un bonito a algunos jubilados y se metió de lleno en la búsqueda de su reelección. Para eso, la primera medida fue un cambio de estilo de cabello: ahora lo luce más largo, con un corte y un ondulado que remedan a Cristina.
Escribe Alejandro C. Tarruella
“Hoy todas las opciones electorales están abiertas”, se interesó ante La Nación en un reportaje de Claudio Jacquelín donde aparecen temas como su desesperado intento de adelantar las elecciones para evitar la continuidad de una caída. Caída que no se resuelve con ansiolíticos ni párrafos agresivos. Tiró, entre tanto, que Macri debe ser reelegido tal vez para seguir con el intento de desguazar y entregar el país. “Las dificultades me energizan”, agregó, sin aclarar qué elementos prevé la receta. Queda claro que, además, lo que se ingiere queda impreso en el rostro, en la línea de sobreentendidos que lo marcan de modo inexorable.
En el despojo de la economía del pueblo, ella cree, en campaña, en dar un bonito bobo a jubilados que reciben menos de 10 mil pesos mensuales, y adelantar el aguinaldo: un absurdo; gastarán ahora y a fin de año no tendrán un mango. Y les tira una dádiva con el aumento del 5,80 por ciento, una cargada. Ganará además, la bronca de jubilados que ganan de 10 mil cien pesos hacia arriba, que ella considera que no precisan aumentos ni bonitos bobos. Dice que bajaron impuestos porque redujeron los Ingresos Brutos de empresas, cuando no bajaron ninguno, porque la ciudadanía pagará más por sus propiedades, viviendas, que cada vez son menos suyas y más de las corporaciones que usuran los créditos que toman para intentar sortear el despojo que encara el gobierno.
Habló de obras, y todos saben que las están paralizando para cumplir con el gobierno del FMI. Niega el rol de otras provincias. Es común que muchos bonaerenses desconozcan el rol y la situación de otras provincias, como lo hacían Carlos Tejedor y el mitrismo histórico. Dice que la Nación y su provincia son los que más esfuerzos han hecho y sostiene que las otras “salieron con saldo neutro o ganadoras”. Y les echa en cara que los bonaerenses son 16 millones como si fueran otro país, y el resto meros dispositivos de un sistema que los relega y discrimina.
Habló de obras, y todos saben que las están paralizando para cumplir con el gobierno del FMI
Aclara más adelante que no será candidata el año que viene. Está por verse. No por decisión propia, ya que las corporaciones como IRSA y otros amigos de Soros la tenían como favorita, sino por los avatares de la interna profunda del macrismo cambiario. Luego dio una orden: “Mauricio debe ser reelegido”. No es suficiente con la caída de la producción y del consumo popular, la destrucción de la educación pública (en su provincia hay una cantidad de escuelas que no funcionan hace meses), la usura que carcome la economía de los sectores populares, la desocupación. Por lo visto, María Eugenia va por más y pocos quedarían en pie si sigue a manu militari su cometido. No desdeña que pueden adelantar las elecciones para evitar su catástrofe personal, salir de la grilla política bonaerense por eliminación electoral.

Quiero y no quiero
Ensaya, luego, una falsedad: niega diferencias con Lilita Carrió, a quien no quiso de candidata en la elección anterior. “María Eugenia no quiere que sea senadora”, decía Carrió en abril de 2017. “Ella decidió que la provincia de Buenos Aires sea solo de ella”, agregaba la chaqueña para exponer el verdadero espíritu de Vidal Cascallares. El apellido de su madre la emparenta con estancieros poderosos de las pampas bonaerenses, y a esa estirpe parecía hacer alusión Carrió.
“Tengo ganas de terminar muy bien este mandato”, aludió Vidal a posteriori para expresar de forma indirecta, inconsciente, lo que le preocupa. El pésimo gobierno nacional y provincial de Cambiemos pueden llevarse puesto por sorpresa a más de un privilegiado. Muchos referentes de la corriente comienzan a preocuparse por el frio espectáculo de verse entre rejas. Ahora, ella tiene que lograr que le aprueben el presupuesto provincial. Corren entonces versiones, las veraces y de las otras, tal vez operaciones bancarias, conversaciones, tratos y destratos. Su rostro perturbado, sus cabellos en remedo, sus palabras, el hecho de que a los dirigentes de Cambiemos les cueste cada vez más andar por la calle sin que se los cuestione, expresan que el rechazo crece.
De pronto se contradice: “Hay 10 millones de bonaerenses que hoy tienen ambulancia” (será colectiva, es poco posible creer que Vidal dio una por habitante y la gente se desplace por la provincia haciendo sonar la sirena), de manera que 6 millones carecen de ella. Un número apabullante. Pero lo dijo ella, perturbada en su angustia, y agrega que hay 450 mil adultos que están terminando la primaria. Tira números para ver si la pega, y lo cierto es que cada vez se despega más de la realidad.
Los tiempos han mutado en Argentina y cada vez hay menos giles frente a las pantallas
En julio pasado reconoció que “la inflación es más de la esperada”, que el pueblo pasaba por meses difíciles y que las tasas de interés, la usura, eran muy altas. “Estamos transitando meses difíciles…”, filosofó la diva política. Dijo entonces que la “inflación es más de la esperada y está pegando mucho más en los alimentos”. En septiembre, una vecina le dijo en Quilmes en forma pública: «Hagan algo, los chicos no tienen comida», luego le expresaron: “nos estamos muriendo de hambre”. Y no hizo nada, no dio solución a la desesperación, como no atendió a la escuela de Moreno, donde murió una maestra y un asistente por un escape de gas mal atendido por el gobierno.
Ella, como el niño Mauri y Duran Barba, creen que si se sonríe con Mariana en TV, se dice lo que se dice con Majul, la gilada se lo cree. Los tiempos han mutado en Argentina y cada vez hay menos giles frente a las pantallas. Ahora, mientras ella ensaya su expresión perturbada, el pueblo y la sociedad exigen el fin de la injusticia, el manoseo y la destrucción del Estado de Derecho y la democracia.





