Las milongas porteñas padecen continuas clausuras por parte del Gobierno porteño

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sostiene su política de clausura sistemática de salones de baile. Los organizadores de las milongas afectadas comenzaron a movilizarse y ya hay un proyecto de Declaración, presentado por el Frente para la Victoria, destinado a protegerlos.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por Mauricio Macri, continúa con su política de cierre de las milongas más tradicionales del distrito.
A la insólita clausura de la histórica milonga “Sin Rumbo”, más conocida como “la capital del tango”, le siguió Sunderland, un club fundado en 1919, ubicado también en el barrio porteño de Villa Urquiza. Hace dos meses clausuraron además el salón Canning, del barrio de Palermo, donde se realiza la milonga Parakultural.
Los motivos son siempre los mismos. Las autoridades exigen “instalaciones fijas” de sistemas anti incendio -según la ley promovida por el ex legislador y milonguero, Elvio Vitali, son innecesarias y sumamente costosas- o cuestiones netamente burocráticas. Es decir, no se denuncian fallas en la infraestructura ni problemas que puedan poner en riesgo la seguridad de quienes participan en estos reconocidos centros culturales.
Los milongueros denuncian que pesa sobre ellos “un rigor exagerado” que no se aplica a otros sectores, como el gastronómico.
El presidente de la UOM, Julio Bazán, comentó, en declaraciones a Télam, que “para hacer una inspección en un restaurante mandan un formulario dos meses antes, con un cuestionario de 24 preguntas que deben responder los dueños para agilizar los controles, lo que no sucede de manera alguna con las milongas donde las inspecciones son sorpresivas y a la madrugada”.
Por eso, los organizadores afectados que se nuclean en la AOM – Asociación Organizadores de Milongas- convocaron el viernes pasado a una protesta contra las continuas clausuras que reciben por parte de la gestión macrista.
La manifestación se realizó en Avenida de Mayo al 500, donde una multitud de bailarines se expresó frente a la Jefatura de Gobierno. Convirtiendo la histórica avenida en una pista, sus coreografías aclamaron “el cese inmediato de las clausuras y la sustitución de estas medidas arbitrarias por mecanismos eficientes y expeditivos de contralor”. Asimismo exigen la capacitación y formación de inspectores que entiendan el circuito tanguero actual, ya que la normativa vigente “data de 1910” y reclama una necesaria “revisión y actualización”.
Bazán encabezó la protesta y en declaraciones a los medios afirmó, incrédulo, que “no puedo entender que en la capital mundial del tango no haya desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires una política que respalde estos espacios que son los que lo mantienen vivo: porque a las milongas vienen los vecinos, los artistas, los poetas, los músicos, los bailarines, es un lugar donde se respira lo que dice la ley 130 de la Ciudad: el patrimonio mismo. Es el patrimonio cultural de la Ciudad y somos completamente desoídos.”
En apoyo a estos justos pedidos, la diputada nacional por el Frente para la Victoria, María del Carmen Bianchi, presentó un proyecto para proteger las milongas clausuradas, a las que consideró “espacios históricos que preservan nuestros valores culturales». En ese sentido, agregó que «existe un marco normativo que protege al tango y en consecuencia a las milongas; pero contrariando la protección internacional, nacional y también específica», el gobierno porteño «en lugar de adoptar mecanismos especiales para resguardar estos espacios, elige la clausura».
La sistematicidad de las clausuras demuestran que no se trata de casos aislados, sino de una clara política de perjuicio hacia los espacios culturales, donde el debate, la reflexión y las prácticas populares parecen conformar un peligro para aquellos que bregan por un modelo de Ciudad para pocos.





