La cuarentena en los barrios

«De a poco vamos creciendo
Nos vamos haciendo grandes
Metiendo hombro con hombro
Matando miedos cobardes
Solo peleando la vida
Podemos ir pa’ adelante»
Horacio Fontova
Iguales pero distintos, venimos desde hace más de un mes siendo parte de un momento muy particular en la historia de la humanidad y del país. Un diminuto enemigo asiático modifico nuestras rutinas, sumergiéndonos en una cuarentena obligatoria que a pesar de tener carácter universal no puede esquivar las asimetrías configuradas por un orden mundial injusto en el que unos pocos tienen mucho y muchos tienen poco.
Los barrios populares, fueron los más golpeados por la política hambreadora del macrismo, la masiva fuga de capitales tuvo como contraste la escasa inversión en políticas sociales lo que deterioro muchísimo el poder adquisitivo de los sectores humildes, que, ante la creciente falta de trabajo, comenzaron creativamente a construir nuevos ámbitos de producción vinculados a la economía popular.
La llegada del coronavirus golpeo de lleno a la economía popular y en particular a aquellos que viven de la changa, a los trabajadores informales que salen a buscar “la diaria” a quienes la imposibilidad de moverse les genero un nuevo problema.
Sin embargo, un sentido de lo colectivo forjado por años de carencias hace que desde estos mismos sectores humildes nazca una gigantesca red de solidaridad que hoy posibilita que en cada barrio haya una olla popular, y que la frase acuñada por el presidente Alberto Fernandez “Nadie se salva solo”, sea una realidad concreta, llena de rostros, manos y nombres de hombres y mujeres que hacen de la organización social una esperanza para muchos.
Una larga fila se extiende por la calle Camoati en el populoso barrio “Lomas” de Moreno, muchas mujeres y algunos pocos hombres llevan en sus manos ollas, mientras esperan ser llamados para pasar a buscar la vianda de comida que entrega la parroquia todos los mediodías, algunos chicos y perros pasan por los huecos que va dejando la fila en la que se respeta el metro de distancia, los rostros serios de los adultos se contrastan con las risas de los más chicos que encuentran en esta hora de la comida una oportunidad para ver a sus amigos de la cuadra y jugar un rato.
Adentro de la iglesia los espera Claudio, el cura del barrio, que tiene rostro preocupado “ojalá alcance, cada día se suma más gente, vamos a tener que pedir más mercadería, porque con lo último que nos bajaron ya no alcanza”, una señora a la que le acaban de cargar la olla con guiso de arroz apoya el recipiente sobre la mesa para liberarse las manos, mientras del bolsillo saca una pequeña botellita con agua “padre me bendice el agua” “para proteger la casa”, “si, te la bendigo, pero igual lávate las manos y quédate en casa”.

En otro de los barrios del conurbano bonaerense dos jóvenes militantes golpean las manos de una casilla con chapas a dos aguas, se abre la puerta y sale una doña , le dejan una bolsa con mercadería, le preguntan si anda bien y si necesita algo, después de unos minutos de charla anotan algo en un cuaderno y siguen caminando, “somos militantes del frente sanitario del movimiento Octubres, nuestra organización está llevando adelante un programa que se llama barrio adentro, coordinamos con el municipio para ayudar a cuidarnos entre todos”
La cuarentena en los barrios tiene forma de guiso, un guiso que además de alimentar es una imagen muy gráfica de lo que pasa diariamente, cada uno aporta algo. Se mezclan, el cura, la militante, el pibe del hogar de Cristo, la doña que cocina riquísimo y un montón de otras humanidades, que conforman la comunidad organizada que cuida la vida, el rostro más lindo de nuestra Patria.





