Internacionales

Escándalo en Alemania en homenaje a víctimas de holocausto

 

 

 

Noventa sobrevivientes del campo de concentración nazi de Ravensbrück participaron en el 70° aniversario de su liberación con una comida en la que disponían de cucharas, vasos y platos de plástico o incluso usaban servilletas como platos. Mientras, a medio metro los invitados VIP disfrutaban de una vajilla de porcelana y la comida se la servían unos camareros. Entre los asistentes se encontraban Daniela Schadt, mujer del presidente alemán, y Anna Komorowska, la esposa del presidente de Polonia. La historia, que publica el semanario germano Der Spiegel, causó un gran revuelo en Alemania.

Ravensbrück, en el actual estado de Brandeburgo, fue el mayor campo de concentración de mujeres en territorio alemán. Más de 80 mujeres, la mayoría ya nonagenarias, regresaron hace unos días al antiguo campo de concentración nazi en el septuagésimo aniversario de su liberación, un «deber» que cumplieron para recordar a las miles de camaradas que murieron antes de la llegada del Ejército rojo.

Por Ravensbrück pasaron alrededor de 133.00 mujeres y niños, además de 20.000 hombres, y se estima que miles murieron de hambre, enfermedades o a causa de los experimentos médicos que se realizaban en el campo.

A finales de 1944 se levantó una cámara de gas provisional y en los meses previos al final de la guerra fueron ejecutadas en ella entre 5.000 y 6.000 prisioneras.

Cuando el 30 de abril de 1945 el Ejercito rojo llegó al campo, quedaban en él 2.000 prisioneros enfermos que habían sido abandonados al no poder participar en las «marchas de la muerte» con las que el régimen nazi intentó evacuar todas las instalaciones en los últimos meses de la contienda.

No lejos de Ravensbrück, en la localidad de Orienburg, cercana a Berlín, los nazis levantaron el campo de concentración de Sachsenhausen, que también conmemoró el 70° aniversario de la llegada de los soldados soviéticos y polacos.

En él fueron recluidas más de 200.000 personas, primero opositores políticos y después muchos de los considerados por el régimen nacionalsocialista como racial o biológicamente «inferiores».

Decenas de miles de personas murieron en las instalaciones y, como en Ranvensbrück, en las «marchas de la muerte», con lo que el 22 de abril de 1945, cuando se abrieron sus puertas, sólo quedaban en el campo unos 3.000 prisioneros enfermos.

 

 

 

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