El aparato homofóbico y atormentador, descrito por sus víctimas: “La policía nos torturó por gays”

El relato es tan crudo como avasallante. Una pareja, víctima de una injusticia, describió el accionar del aparato más homofóbico y atormentador del país. Hablamos, claro, de las fuerzas de seguridad del estado.
“El lunes pasado regresábamos de un corso y al llegar a la casa de mi novio vimos que un móvil del Comando Radioeléctrico de la Policía santafesina estaba detrás nuestro, con las sirenas encendidas. Un oficial se nos acercó con la Itaka en las manos. Nos habló de muy mala manera y quiso revisarnos porque ‘era sospechoso el auto con vidrios polarizados’”, detalló Nahuel.
La víctima reveló que su pareja, Alexis, les ofreció a los oficiales la llave del coche y les dijo que si querían revisar la casa debían volver con una orden de allanamiento. “Empezaron a discutir y, previendo lo que podía pasar, Alexis comenzó a llamar a su hermana, que vive a dos casas de distancia”, contó mediante una publicación realizada a través de La Garganta Poderosa.
“Un policía disparó al aire dos veces su arma. Y acto seguido, lo agarraron del cuello a mi pareja. Al soltarse nos metimos rápido en la casa, pero varios integrantes del Comando entraron también: nos sacaron, nos metieron en los móviles y nos llevaron a la Comisaría 12”
Si bien la situación ya era angustiante, y el accionar de los efectivos, deplorable y violento, la situación empeoró cuando se dieron cuenta que eran pareja: “Mientras lo cubría, le dije: ‘Amor, no te muevas, dejá que me peguen a mí’. Eso destapó el lado más homofóbico de los torturadores. A él le pasaron la mano por la cola y le decían: ‘¿Te gusta, putito?’; a mí me agarraron de los genitales y me los retorcieron. Del dolor me tiré en el piso y me dieron una patada en el estómago que me dejó inmóvil. Les imploré que dejaran de golpearlo, que podría convulsionar en cualquier momento e incluso les mostramos el carnet de discapacidad. ¿Qué hicieron? Uno de los policías se lo tiró por la cara”. El feroz ataque finalizó recién cuando llegó la suegra del joven, que al verlos tan heridos empezó a gritar y a tener ataques de pánico.
16 oficiales estuvieron involucrados, pero sólo 6 fueron imputados y ya puestos en libertad. “No vamos a parar hasta que paguen por lo que hicieron, ni a naturalizar el odio que tienen, por una simple razón: les molesta nuestro amor”, concluye el relato.





