Del Hotel de Inmigrantes al Centro de Detención de Migrantes

Por más que juguemos con eufemismos como «centro de alojamiento no voluntario de extranjeros», «residencia forzosa de no bienvenidos», «espacio de contención transitoria a personas en situación de expulsión», en la práctica vamos a tener la enorme vergüenza social de que se inaugure en nuestro territorio una cárcel para extranjeros.
Por Marta Laudani
Desde la creación de la Ley Avellaneda que creaba un marco legal de gran alcance y establecía un Departamento General de Inmigración donde los recién llegados eran alojados, alimentados y el Estado se preocupaba por su trabajo y residencia, pasamos a un “acuerdo” entre la dirección de Migraciones y dos Ministerios de Seguridad – nacional y porteño- que en oposición a la Ley Migratoria de 2010, crea un Centro de Detención para Migrantes. Resuelven así, de manera cuasi penal, una infracción administrativa.
A finales del siglo XIX, los industriales le piden al Gobierno Nacional una ley para la expulsión de extranjeros, con la intención de desarticular un sindicalismo incipiente que hacía proliferar huelgas y afectaba sus ganancias de un modo u otro. La Ley 4144 denominada Ley «Cané», redactada por la pluma odiadora, clasista y cobarde de Miguel Cané (si, el autor de «Juvenilia» de prosa liviana y bajada de línea pesada sobre el modelo de la generación del 80) tardó tres años en aprobarse, como primer escalón para expulsar a los indeseables, para subir la apuesta luego con la terrible de Ley de Defensa Social (Ley Nº 7.029) dónde se prohibía directamente el ingreso por portación de ideas políticas.
Son peligrosas las oleadas xenófobas, los intentos de sectarismo, las condiciones sociales excluyentes porque distraen la atención de los verdaderos culpables de los problemas: las políticas económicas y la falta de políticas sociales.
Tenemos un país complejo con múltiples origenes, resultado de las mezclas, de las integraciones y las condiciones de abundancia prometida y la escasez asegurada. Desde la europeizada tilingueria porteña hasta los collas en la indistinguible frontera de la Puna, van a ver afectada su calidad humana, social y democrática por la creación de este Centro de Detención. Nos reduce, nos rebaja, nos menosprecia, nos subsume en un odio que no tenemos pero que necesitan alimentar y fogonear para distraernos.
Europa se ahoga figuradamente en su marea de odio y temor al extraño, mientras millares se ahogan literalmente en el Mediterraneo tratando de llegar a sus costas demostrando que no alcanzan los muros, las alambradas, ni toda la tecnología de punta.
Si admiras mucho a Europa o Estados Unidos, mirá su ejemplo y verás que no resulta. Nos ha ido mejor a nosotros sumando a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino, es decir incluyendo y educando, que a ellos expulsando y restringiendo. Si son tu ejemplo, aprendé observando sus resultados, no sus discursos. Son peligrosas las oleadas xenófobas, los intentos de sectarismo, las condiciones sociales excluyentes porque distraen la atención de los verdaderos culpables de los problemas: las políticas económicas y la falta de políticas sociales.





