Cultura

Con corazón todo es posible

Escribe Ica Novo, especial para InfoBaires24

 

 

   Sí, es posible hacer un festival de música genuina nacida del sentimiento y el conocimiento, más allá de los condicionamientos comerciales. No hizo falta buscar «sponsors». Los artistas convocados fueron los primeros «sponsors», uniéndose instantáneamente sin ninguna exigencia material… Los periodistas y comunicadores que se acercaron y colaboraron de entrada en la difusión, sin ningún interés más que ser parte de algo que estoy seguro será la primera semilla de una construcción duradera y trascendente… Los amigos de todo el país que nos alentaron desde el primer momento, apenas lanzamos la idea, cuando solamente era una ilusión. Un sueño que se hacía cada día más real, por la participación de los que se sumaban día a día a algo que sabíamos necesario: un encuentro basado en el arte y el encuentro de los artistas con sus destinatarios naturales, nosotros mismos como pueblo, como vehículos de nuestro patrimonio cultural. Y los amantes del Arte, de la Música de corazón.

Todo en un lugar mágico, Capilla del Monte.

    El sonido y las luces, estaban a cargo del gran Kenco Soca, al que buscamos porque considerábamos el timonel ideal para llevar a buen puerto las propuestas de tantos artistas. Queríamos que fuera Kenco quien estuviera a cargo del sonido y las luces, pero no teníamos nada que ofrecer más que las ganas de realizar algo del más alto nivel artístico y musical. El único recurso era nuestro trabajo y nuestro sueño de hacer el Festival del Corazón sí o sí, por más difícil que se presentara todo sin apoyo económico y armando todo en un par de meses. Y Kenco estuvo.

   Queríamos una programación de lujo, que para cualquier festival comercial hubiera costado una fortuna. La cuestión era ¿cómo lograrlo?

   El primer artista que hablé fue Ramón Ayala. Pensaba para mí: si Ramón nos apoya, es señal de que vamos bien encaminados, de que es posible hacer algo a base de trabajo y consciencia, a fuerza de corazón. Y Ramón apoyó apenas le conté la idea. Es más, me convenció él a mí de la importancia de realizar nuestro Festival del Corazón, nos transmitió la energía necesaria para encarar el arduo trabajo que se avecinaba. Hay otro artista cuyo criterio y apoyo eran claves para mí: alguien que reúne en una persona el anverso y el reverso del arte: la poesía y el humor. Una vez que confirmé la presencia del gran Ramón Ayala, llamé a José Luis Serrano, el poeta y cantautor alter-ego de la entrañable Doña Jovita, símbolo popular de la Córdoba serrana. No hizo falta explicar mucho, su apoyo fue instantáneo.

    Y ahí sí, con esos dos avales de altísimo nivel artístico y humano, de amigos del alma, de hermanos solidarios, comprendí que el sueño del Festival del Corazón iba a ser una maravillosa realidad. No sólo todos los artistas convocados se comprometieron totalmente a bancar el proyecto naciente, sino que fueron llegando mensajes de artistas de todo el país. Querían participar de corazón en el encuentro del arte por el arte, del arte que cura, que alegra las almas, mensaje de corazón a corazón para recordar nuestra esencial condición de seres sensibles. Queríamos ese imprescindible encuentro pleno con el arte que nos une, con el idioma que no necesita traducción porque es el idioma original de todo ser humano, con el arte como vehículo de paz, de amor, de entendimiento profundo, de verdad, de belleza.

El sueño se hizo realidad.

    Del 2 al 8 de Febrero de 2015 vivimos una de las experiencias más maravillosas de la vida para todos los que estuvimos presentes, de cuerpo y alma. Porque también sentimos la presencia, el apoyo y el entusiasmo de muchos, que no pudieron llegar hasta el Escenario de la Guitarra que nos cobijó durante esa semana inolvidable. Sé que de todos modos, estuvieron con nosotros con mensajes, llamadas, saludos, palabras de aliento y trabajo de difusión en todo el país y en otras partes del mundo. Y la magia de Capilla el Monte, se unió a nosotros: luces inexplicables surcaron el cielo dos noches seguidas mientras la música que surgía de nuestro escenario enamoraba el aire serrano. Pienso entonces que sí, que es posible la utopía, sólo hay que trabajar y hacerla realidad, sembrar la pequeña semilla y regarla amorosa y pacientemente, crecerá inexorablemente. Fue el gran aprendizaje del Festival del Corazón: juntos podemos hasta lo que parece imposible.

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