Homenaje de Madres a la Iglesia de la Santa Cruz

Hace 37 años que un grupo de tareas de la ESMA irrumpió en la Casa de Nazareth, una parte de la Iglesia de la Santa Cruz, en la ciudad de Buenos Aires, y se llevó a un grupo de nueve personas, entre ellas a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco.
El grupo completo secuestrado estaba integrado además por las monjas Alice Domon y Léonie Duquet, y los activistas de derechos humanos Angela Auad, Remo Berardo, Horacio Elbert, José Julio Fondevilla, Eduardo Gabriel Horane, Raquel Bulit y Patricia Oviedo.
Parte de la comunidad de la Iglesia de la Santa Cruz, ubicada en el barrio porteño de San Cristóbal, homenajeó a las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Madres de Córdoba, Rosario, Tucumán, La Plata, entre otros puntos del país, asistieron a la iglesia, en Estados Unidos 3150, donde recibieron “un cuadrito especialmente hecho para ellas, con una figura y poemas dedicados”,
La Santa Cruz es territorio de la orden de los curas Misioneros Pasionistas, que desde siempre estuvieron inclinados a la opción de una iglesia para los pobres y adhirieron al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. La iglesia fue declarada edificio de interés por la ciudad de Buenos Aires y monumento por la presidenta Cristina Kirchner. En sus jardines descansan los restos de Ponce de Bianco, Ballestrino de Careaga, Auad y otros familiares desde allí secuestrados.
En aquellos años de la dictadura, las madres, hermanos y otros familiares de víctimas de la represión ilegal se reunían en secreto en la iglesia, intercambiaban datos. En ese grupo se infiltró el marino Alfredo Astiz, quien se hizo pasar por Gustavo Niño. Detenida en la ESMA, Villaflor preguntaba a sus compañeros de cautiverio por “el pibe rubio”, por su verdugo.
El 20 de diciembre de 1977 comenzaron a aparecer cadáveres provenientes del mar en las playas de la provincia de Buenos Aires a la altura de los balnearios de Santa Teresita y Mar del Tuyú. Los médicos policiales que examinaron los cuerpos en esa oportunidad registraron que la causa de la muerte había sido “el choque contra objetos duros desde gran altura”, como indicaban el tipo de fracturas óseas constatadas, sucedidas antes de la muerte. Sin realizar más averiguaciones las autoridades locales dispusieron de inmediato que los cuerpos fueran enterrados como NN en el cementerio de la cercana ciudad de General Lavalle.
En ese grupo se infiltró el marino Alfredo Astiz, quien se hizo pasar por Gustavo Niño. Detenida en la ESMA, Villaflor preguntaba a sus compañeros de cautiverio por “el pibe rubio”, por su verdugo. Para Adolfo, cada año el sentido del acto homenaje se renueva: “Para nosotros es muy importante recordar lo ocurrido, honrar la memoria de estas personas y reconocer la perseverancia de las Madres, pero también poder ir pasando ese ejercicio a las nuevas generaciones”.





