¿Y después de los Buitres qué…?


En los últimos días, luego de la media sanción en diputados, está quedando cada vez más claro el derrotero que tomará el debate en la cámara de senadores por las derogaciones de la “Ley Cerrojo y de Pago Soberano”. Frente a esto surge la pregunta: ¿luego de los buitres, que nos espera?. La opinión de Eva Sacco y Ana Sosa.

El oficialismo y los medios masivos promueven dos argumentos. El primero es que las deudas hay que pagarlas, y luego de cumplir con la palabra empeñada ingresaran al país millones de dólares en concepto de créditos e inversiones. El segundo argumento es que si no se cumple con la palabra empeñada no hay plan B. El ajuste en la economía será brutal y nos sumiremos en la más honda de las penurias económicas y sociales.

¿Qué tan ciertos son estos argumentos? ¿Es posible que el pago a los buitres asegure una lluvia de dólares en el país? El mundo está en crisis y los Estados de los países centrales están absorbiendo recursos financieros en los mercados internacionales. En Francia, por ejemplo, la deuda pública alcanza un récord de 93,5% del PBI, y el déficit fiscal representa un 4.3% del producto en el año 2015. En Estados Unidos para el mismo año, la deuda pública trepa a un 103% del PBI y un déficit fiscal de un 4.3% en el 2014 y un 3% en el año 2015. Además de la mala perspectiva financiera el precio los commodities se encuentra en caída como consecuencia de la retracción de la demanda mundial.

Luego de concretarse el pago a los buitres es altamente probable que se tenga que enfrentar a nuevas demandas de bonistas re-estructurados que reclamen la totalidad de la deuda en igualdad de condiciones.

El plan económico de Cambiemos fue caracterizado en función de cuatro dimensiones: devaluación-ajuste-Deuda y Apertura Comercial y Financiera. Pero de la propuesta a la acción hay una gran distancia. Las posibilidades de re-editar un ciclo clásico de mega endeudamiento, con ingreso masivo de capitales son más bien limitadas por el contexto de iliquidez internacional. De manera estilizada los ciclos de endeudamiento tienen dos etapas: una primera de ingreso masivo de capitales y apreciación real de la moneda y una segunda de reversión de los flujos donde quedan expuestos los desequilibrios financieros y de la economía real. Es probable que el ciclo cierre en una crisis de deuda.

Es poco probable que el país logre un “veranito”. El panorama más probable es que las inversiones no se realicen y los capitales que ingresen sean exclusivamente especulación financiera y préstamos de organismos internacionales, con la finalidad de pagar amortizaciones, intereses de deuda y financiar la fuga de capitales, proponiendo un atajo rápido a una nueva crisis de deuda. Los capitales especulativos son muy peligrosos e imprimen alta volatilidad en el tipo de cambio y el sistema financiero local. Los créditos del Fondo Monetario Internacional abren las puestas a que la política económica vuelva a dirigirse desde Washington y desde las calificadoras y consultoras internacionales.

Frente a la imposibilidad de conseguir dólares que dinamicen la economía y financien una apertura importadora, el peso del modelo descansará en la dirección del ajuste. Las dos experiencias neoliberales en nuestro país nos remiten al funesto Proceso de Reorganización Nacional y la Década del Noventa. La primera experiencia gestó una crisis de deuda que terminó en hiperinflación. La conflictividad social se mantuvo a raya con dos herramientas: en primer lugar la “plata dulce” que mantenía los ánimos de la clase media y la brutal represión a los movimientos sociales, políticos y sindicales. La segunda experiencia terminó en el estallido social del 2001, el default y el sistema político en crisis. Hizo falta la memoria de la hiperinflación, los saqueos y niveles de desocupación récords para que la sociedad de aferre al faro de la convertibilidad. Todo esto en medio de una parálisis consumista de algunos sectores. ¿Es posible que el gobierno de Cambiemos reedite o cree nuevas situaciones extremas en un contexto internacional mucho menos favorable? Por el momento el futuro suena a incertidumbre.

Comentarios

comentarios