Brasil también sale a las calles arrastrando a Temer


Alejandro C. Tarruella

En Brasil, como en Argentina, el caldo está espeso y el humor popular no soporta la presión económica y social que le impone la dictadura de Michel Temer.

De ahí que miles de personas tomaron estos días (miércoles) las calles de Brasil y se expresaron contra los ajustes que pretende eternizar el gobierno de Temer. La respuesta del pueblo resultó masiva y contundente. En  San Pablo, los manifestantes saludaron efusivamente la participación del ex presidente del Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva que asume su liderazgo en la calle, y es protagonista excluyente de la rebelión que debilita aún más al intento de perpetuar a la derecha oligárquica en el poder.

Lula está siendo asediado por el régimen por medio de diferentes causas, caso similar al que sufre en Argentina Cristina Fernández de Kirchner. El acto fue obra de las respuestas al régimen de la Central Única de Trabajadores (CUT), el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), sindicatos de maestros y diferentes organizaciones de todo el Brasil.

 Allí en San Pablo, la manifestación se dejaba ver a lo largo de  la Avenida Paulista, en el centro de la ciudad. Se escuchaban las consignas, en particular la popular “Fuera Temer” y no a la reforma de las jubilaciones, la principal consigna de las huelgas y protestas convocadas en decenas de ciudades. Lula estimó que el gobierno actual busca sin descanso terminar con el marco referencial, histórico cultural, de las conquistas de la clase trabajadora que representan años de lucha del movimiento obrero y el pueblo. “El pueblo sólo se detendrá cuando elija un gobierno democráticamente”, sintetizó Lula, que como Cristina, lidera las encuestas para las elecciones de 2018.

 no a la reforma de las jubilaciones, la principal consigna de las huelgas y protestas convocadas en decenas de ciudades.

En Río de Janeiro hubo agresiones de las fuerzas policiales a los rebeldes. Se registraron tumultos cuando los manifestantes fueron al frente y la policía arrojaba gas lacrimógeno y bombas de estruendo contra la multitud. Curiosamente, en la Argentina los hechos fueron negados por gran parte de los medios de comunicación, que en estos días optaron por dar todo su fervor desinformativo a las consecuencias del recital del notable artista, el Indio Solari.

Brasilia no fue ajena a los hechos y alrededor de 500 militantes del MST ocuparon la sede del Ministerio de Hacienda e hicieron oír sus voces hasta que el “apriete” llevó al desalojo pacífico horas después. Unas 20 capitales de provincias, en diferentes regiones, dejaron ver la protesta popular contra el hambre y la dictadura. En la capital del estado de Minas Gerais, Belo Horizonte los organizadores analizaron que los manifestantes superaron los 100 mil manifestantes; 30 mil en Fortaleza y más de 10 mil en Salvador  de Bahía. de Jorge Amado, el noreste del país.

Una rebelión que crece

Temer se atajó en público y mintió al decir que su gobierno no quiere alcanzar el colapso del sistema de pensiones, y ofreció palabras para atender los beneficios de los jubilados y de los jóvenes cuya preocupación pasa por saber que sucederá más adelante, dado que la situación económica y social se deteriora desde las capas medidas hacia abajo. Temer sostuvo que nadie va a perder sus derechos y lo dijo mientras se los arranca a los sectores populares.

Temer protagonizó su golpe de Estado en 2016 y teme que una rebelión en la que tomen parte  la presidenta Dilma Rousseff y Lula. Precisamente a ella, la que echó para devolver el poder a los factores políticos de peso cercanos. Ahora quiere imponer su programa de ajustes con el que intentará ganar el favor de los mercados y dejar que sus amigos y cercanos se beneficien.

se gobierna para los bancos, incrementando la recesión y el desempleo, congelando los recursos destinados a las políticas sociales

Hacer que la economía funcione en términos sociales es un imposible en el Brasil de estos días pero también no es una prioridad de Temer aunque juegue a esas direcciones en sus discursos. El interés que prima es hundir al movimiento popular que conduce Lula, para que la oligarquía vuelva a reinar en un país donde los pobres sean más pobres que nunca, todo lo que contrario que se augura para los poderosos. Acompañan a esa perspectiva, el hecho de que hace dos años que Brasil se encuentra en recesión. Algo que resulta dulce a los oídos de los poderosos.

En tanto, como sostiene Emir Sader, procuran vender la panacea de Macri o de Temer para asistir los problemas de los pueblos en tanto pretenden imponer la restauración liberal para que el gigante de América del Sur, vuelva a ser asistente financiero y de materias públicas para las grandes potencias. En Brasil, sostiene Sader “se gobierna para los bancos, incrementando la recesión y el desempleo, congelando los recursos destinados a las políticas sociales, pero manteniendo los reajustes a los pagos al capital financiero con la deuda pública”. Algo semejante a lo que hacen Macri y sus amigos en Argentina, y que explica porque en estos días, la rebelión se desboca en las calles de ambos países.

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