Opinión

Una reflexión frente a los neocavallistas de derecha, de centro y de izquierda

 

 

Felipe Sola lo llama contar los porotos. Patricia Bullrich, que le arrancó el salario magro a los jubilados allá lejos, se queja de la inflación, y cierto periodismo que mira al futuro hacia el 2001, usa a la economía para no llegar a lo insoportable: las políticas inclusivas, de amplia participación, el crecimiento en términos de salud, educación y vivienda, y la recuperación de las paritarias que vive hoy el país.
“Eso es política”, podrían rebatir al unísono Macri, Binner (si logra que lo entiendan), Carrió, o Sanz. Y por supuesto, Videla. Y como si vivieran los años de la dictadura, parecen rechazar el ejercicio de la política. Tanto, que ante la aprobación de leyes como la del nuevo Código Civil, la que reafirmó la soberanía nacional ante los buitres, recurren a la justicia enfrentándola como poder paralelo, al poder político, el Poder Ejecutivo. No quieren la política Macri, Sanz, Binner, Tumini, Massa, Morales y otros políticos de ese amplio espectro que no desdeñan el acto destituyente.
Mientras ellos rechazan, rechazan, rechazan, como si sufrieran males estomacales, en el país se reafirma el rol de defensa de la soberanía que realiza Cristina Fernández de Kirchner con su gobierno, su organización política y recibe apoyos de la ciudadanía en lo interno, y apoyos que alcanza las Naciones Unidas, el G20 más China, el UNASUR. Pero, para los que continúan tratando la economía como cuando moraba en estos pagos Martínez de Hoz, esos hechos son subsidiarios al tratamiento del dólar o lo que piensa la consultora de turno atendida por los especialistas que responden a los buitres.
Ellos permiten a los medios de comunicación corporativos que, como sucedía en los años de la política, la política desaparezca de esos voceros. ¿Cómo se explica que esta semana, ningún medio corporativo dio información sobre las movilizaciones de jubilados en Grecia? ¿No había espacio para contar como si Patricia Bullrich y De la Rúa gobernaran allí, que se les había saqueado 400 euros de un ingreso mensual de mil euros esta semana, se les iba a arrancar 300 euros más para que el salario del jubilado griego quedará en 300 dólares con un descuento del 70 por ciento? ¿No era noticia? ¿No es noticia que este fin de semana haya elecciones en Bolivia y se vote en toda Argentina lo que va a ser la reelección de Evo Morales?
En tanto, llenan las pantallas de asuntos policiales y de debates económicos y agorerías de los que, cuando parecen querer avizorar los pasos hacia adelante, alucinan sin fundamente, escenarios del 2001, que favorecían a las corporaciones económicas internacionales y sus voceros nativos con la casi destrucción del país. Por lo tanto, discutir la Argentina desde lo económico para hablar sobre los ecos de la dictadura que instalan su mejor proyección en los días del infierno del 2001. Lo hacen Macri y Pitrola.
Hay en la Argentina un imposible. Una sucesión de episodios insoportables. Once años de crecimiento, planes de inclusión, atención con recursos a los sectores más postergados, más recursos de presupuesto a la educación, la salud, el empleo. Más de 5 millones de puestos de trabajo. Eso es lo imposible para el neogorilismo, lo insoportable.
Cuando el abogado de los fondos buitres Robert Cohen, le dijo a Jorge Lanata “Hay mucho dinero…, gracias en parte, al trabajo que ustedes hicieron”, Lanata reflexionó luego: “Es muy interesante verlo desde el lado de ellos”. Lanata lo celebró como un buscador de negocios que acaba de hallar el suyo. Luego, hablan solamente de economía y procuran usar el diferendo con los piratas de Wall Street para ponerse a su servicio. Esa es la marca de los neo gorilas de hoy.
Otra vez la política, los votos en Naciones Unidas en dos oportunidades, el apoyo de la población que observa que hay una conducción del país, son ninguneados. Por eso, hay que tener en claro que en parte, hay una división entre la posición del gobierno, que es la posición del país, y la de quienes sirven y son los intereses que se expresan contra el rumbo escogido. Entonces, a la hora de discutir hay que discutir ese cuadro político, no los números falsos de los falsos especialistas difundidos luego por los falsos periodistas. La Argentina es hoy un país de verdad con una actitud digna históricamente que abre caminos y gana adhesiones en el presente y hacia el futuro.

Alejandro C. Tarruella

 

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