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Stornelli hizo magia: los cuadernos quemados de Centeno renacen de sus cenizas en tiempo electoral

Alejandro C. Tarruella

Por lo visto, el cuestionado fiscal federal que no se presenta a la justicia de Dolores, Carlos Stornelli, ha decidido salir al ruedo apoyando la candidatura de Macri y Vidal.

Escribe Alejandro C. Tarruella

Para ello, decidió que los presuntos cuadernos del militar Oscar Centeno, incinerados al fuego según el periodista de “La Nación”, Diego Cabot, reaparecieron. A todo esto, los medios que acompañan, no ya desde el periodismo, sino como corporaciones, la candidatura del hijo de Franco, afirman que los contenidos de los mismos presentados en fotocopias, han sido aceptados como pruebas.

Del asador a la resurrección

Como se sabe, es imposible determinar la veracidad de un documento fotocopiado pues no se puede verificar la escritura. Así, a cuatro días de las elecciones presidenciales, mágicamente los cuadernos renacen del fuego. Stornelli aporta así, a la filosofía: los cuadernos de Centeno y Stornelli, renacen de sus cenizas. En este caso, en tiempo electoral.

Ahora la Justicia tendría, si es posible, que reconstruir seis cuadernos Gloria del remisero “escritor”, Oscar Centeno, con apreciaciones acerca de presuntos sobornos a empresarios contratistas del Estado recogidas en sus viajes con ex funcionarios del gobierno anterior.

La sagacidad del letrista lo llevó incluso a capturar conversaciones “a pura oreja” estando en la calle, de una reunión que se desarrollaba varios pisos arriba de ese lugar. Los medios corporativos dan por sentado que la literatura de Centeno está probada. Eso en los títulos, pero, cuando se leen las notas, los periodistas se atajan: “El fiscal federal Carlos Stornelli está convencido de que son auténticos”, expresa “La Nación”. O sea que no está probado que la “novela” de Centeno sea fiable. Y agrega: “De corroborarse, será una prueba de alto impacto simbólico en la investigación…”. Más claro, agua.

El miércoles, en los tribunales del partido oficial de Macri, Comodoro Py, el periodista Diego Cabot habría entregado los cuadernos Gloria al fiscal federal Stornelli. Los había recibido el martes a la noche y es interesante observar cómo los obtuvo. La metodología es muy clásica en estos días: apelar a personas desconocidas que aparecen luego de llamadas anónimas. Es más, se sugiere para próximas entregas del electrizante relato, hacer referencia al hombre invisible. Cabot refirió en su entrega en el diario que fundó Bartolomé Mitre, una persona que no se identificó a 15 cuadras de la sede del diario, en un local comercial que no detalla. La literatura permite esa licencia.

Es el periodista, luego, quien establece que los cuadernos son “idénticos” a los que le entregó Centeno y que luego, dadivoso y por qué no, generoso, el fiscal Stornelli permitió –luego de tener la prueba en sus manos- que se los devuelva al milico Centeno.

Se reconoce, además, que Cabot tuvo la obra literaria manuscrita en sus manos, entre los meses de enero y abril de 2018. ¿Por qué no concurrió de inmediato a la justicia? No hay duda que, cuando una obra literaria impacta en el lector, la primera reacción es guardarla con uno para repetir su lectura y gozar de la realización artística.

El amigo de Corach

Stornelli alcanzó su sitial cuando Carlos Corach, ministro de Carlos Menem, facilitó su nombramiento

Fue Centeno, quien reveló a otro pope de la justicia macrista y otras, Claudio Bonadío, que había pasado los cuadernos por la parrilla de su casa, una vez que el fiscal Stornelli aceptó deshacerse de la prueba. Ahora ocurrirá con seguridad otro tanto, Bonadío les echará un vistazo y establecerá, como un profeta de la Biblia, que son esos, ¿qué otra cosa se puede decir? De algún modo, el medio en cuestión lo dice, aunque reconoce en letra chica que no está comprobado.

Centeno, en un ardid literario que aceptó Stornelli, creía que tener consigo los cuadernos podría complicarlo ante Roberto Baratta, que trabajaba para el ex ministro De Vido. Nunca se aclaró, de todos modos, cuáles eran los poderes con que contaba el susodicho. Centeno era el chofer de Baratta.

Stornelli comenzó a actuar en la causa en abril de 2018 y dicen ahora que digitalizó ocho cuadernos y aseguran tener varios pendrives con videos y fotos, con lo cual no debería sorprender a los azorados lectores de medios afines, que el fiscal descubra ahora que Centeno haya filmado las presuntas memorias de los personajes de sus relatos. Dicen que también ahora sumó fotografías.

A partir del primer día de agosto de 2019, Stornelli y Bonadío iniciaron un show de detenciones y lograron que se acercaran a ellos 23 arrepentidos

Bonadío acusó luego a 53 personas. Allí tuvo especial actuación uno de los hombres más movedizos entre los que contó Stornelli. El ex doctor abogado, agente de la DEA y otras agencias, Marcelo D’Alessio, cuyos servicios alcanzaron a reconocidos periodistas y conductores de televisión.

D’Alessio logró ser reconocido en editoriales y notas de los diarios más importantes de la Argentina. Difundió en medios y conversaciones que sí están comprobadas, su amistad con el fiscal Stornelli, con los periodistas y autoridades de toda laya. Entre ellas, la ministra Bullrich. Hoy el agente está preso, defenestrado por sus amigos, sean jueces y periodistas.

En parte por esa labor a lo James Bond emergente, es que el kirchnerismo y varios abogados sostienen que la causa está viciada de nulidad. A Stornelli no le importa. El propio Alberto Fernández, abogado y profesor de Derecho, citado en estos días por los medios, señaló que las fotocopias son meros indicios. Habrá ahora que dictaminar que la resurrección de los cuadernos quemados son indicios.

El show de los arrepentidos y los aprietes había comenzado el 8 de febrero de 2019, cuando Página/12 informó que Marcelo D’Alessio, agente DEA, sobrino del escribano general de gobierno, había extorsionado al empresario Pedro Etchebest a pedido del fiscal Stornelli a cambio de dinero para no detenerlo por la causa de las fotocopias de los cuadernos literarios de Centeno. Los medios lo endiosaron entonces.   Una curiosidad, antes de que los cuadernos volvieran de las cenizas, en esta semana, la justicia Federal reafirmaba la validez para ellos de los dichos de 31 arrepentidos. A días de las elecciones. La justicia votó anticipadamente.

Candor y misterio

Cabot explicó que el martes pasado, desde un número telefónico desconocido, un desconocido le susurró a su contestador que lo iban a contactar otros desconocidos

El acto mágico sucedió 5 horas después, y en ese encuentro en Nuñez, un nuevo desconocido a quien no conocía, le entregó sin más, los seis cuadernos que el escritor Centeno había quemado. Había pasado un año y medio desde el día en que a Cabot le habían sido dados los cuadernos de la resurrección.

El encuentro, como en las películas, tuvo dos pasos. Primero, el periodista fue a una esquina porteña. Recibió una segunda llamada y allí, otro desconocido, le pasó el lugar donde le entregarían la obra de Centeno. Fue en Nuñez. Allí, otro desconocido más, le entregó los cuadernos. Cuenta el periodista que le entregó una bolsa de papel con los seis cuadernos. ¿Una sola bolsa? De inmediato habló y le reveló “Me tengo que ir porque tengo que regresar al centro”. La amabilidad del desconocido es desconcertante, tenía previsto por lo visto, una charla. Qué generoso. Luego partió caminando.

¿No sería un hombre de la Sociedad Argentina de Escritores? No es seguro, pero sí Centeno siguió, sin duda, a Rubén Darío cuando expresó. “La vida es misterio; la luz ciega y la verdad inaccesible asombra”. Stornelli debe estar de acuerdo.

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