Sin la asistencia del Estado, la pobreza hubiera llegado al 43,5%

La pandemia dejó en claro el rol fundamental que cumple el Estado en una sociedad marcada por la desigualdad económica.
Debido a la crisis desatada por la propagación del coronavirus, la tasa de pobreza llegó a 40,9% de la población según el Indec, con un aumento de 5,5 puntos porcentuales interanual. No obstante, de no haber existido medidas apuntadas a la atención social, la pobreza habría alcanzado números mayores.
“Sin las transferencias implementadas por el Gobierno, la tasa de pobreza en el primer semestre de este año podría haber aumentado 2,6 puntos porcentuales más, alcanzando a 43,5% de la población”, indica un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec). En números, “estas políticas habrían impedido que casi 1,2 millones de personas caigan bajo la línea de pobreza”.
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En tanto, sin los programas de asistencia social, el documento estima que el efecto de la crisis sanitaria sobre la niñez hubiese sido mayor, alcanzando a 60,4% de los niños, niñas y adolescentes.
Respecto a la indigencia, Cippec relevó que las transferencias de ingresos “jugaron un rol crucial”, dado que sin ellas, la pobreza extrema podría haber llegado a 17,5% de la población y a más de uno de cada cuatro niños del país”. Según el Indec, la indigencia fue de 10,5% en el primer semestre, lo cual equivale a cerca de 5 millones de personas.
Al respecto, se destacó el esquema de políticas de protección que implementó el Gobierno: “Se potenció la transferencia de ingresos a las familias más vulnerables con niños/as y adolescentes y a personas mayores a través de bonos extra a la AUH y AUE y a las jubilaciones y pensiones. Se formularon nuevas políticas de transferencias, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP), expandiendo la cobertura de protección social y alcanzando a grupos más amplios”.





