Sin fueros pero PRO, relinchó el ex diputado Oscar Romero

De Junín al PRO (por Monzó es PRO secretario administrativo de Diputados)
Escribe Ignacio Campos, director de Infobaires 24
Lo fueron en las urnas, lo volvieron PRO
Hizo declaraciones en su pago, o tal vez pagas, el ex diputado Oscar Romero, desertor mecánico del SMATA que apoyando a Randazzo en la reciente elección, quedó en el llano, con una enriquecida situación económica personal pero sin poder político. “No voy a abandonar el movimiento obrero ni la política”, expresó en el diario “La verdad” de Junín (11/12/17), que en esta ocasión debería cambiar de nombre. En realidad, abandonó la política, lo que no abandonó fue su adhesión al PRO.
En pago a los favores que realizó al macrismo, Romerito fue premiado como el cargo que se conoce, correctamente en este caso, como “pro secretario Administrativo de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación”. Romero hará ahora tarjetas para lucir título, una de sus debilidades, y en tanto, sale a vender humo. Al dejar de ser político para ser funcionario de Macri, reiteró alguno de sus inventos más difundidos: la radicación de una empresa china en Junín (dice en el diario “nuestro país” para generalizar) lo que le permitió hacer publicidad de sus pretendidas bondades como presunto dirigente pop. La radicación es para el año de “San Jamás”.
En la nota, que parece incentivada por el propio ahora PRO (secretario), Romero hizo descargar una batería de cargos en congreso, el gremio mecánico (en el que está expulsado por diversas irregularidades), y el PJ bonaerense. Cita incluso un libro que no está en librerías que se adjudica y algunos creen que no es sino otra de las vueltas de tuerca de su ego indomable. Lo que no aclara es su cargo es administrativo, no político, es decir pasa a ser empleado de Emilio Monzó, titular de la Cámara a la que le facilitó votaciones, la división del peronismo como si fuera una unidad mercantil. No es para menos, puesto que Romero, que según importantes notas aparecidas a partir de la denuncia inicial de “El Semanario” de Junín, que dirige el periodista Javier Orellano, recibió sumas que le permitieron ir a Roma a ver al Papa Francisco con miembros del PJ de Junín para avanzar en lo que finalmente fue un fracaso, su postulación como candidato a diputado nacional. Recuérdese que perdió por goleada como si miles de bonaerenses supieran ya donde está parado. Soberbio y agrandado, dijo en aquel viaje a su séquito, que el dinero le había sido dado por Emilio Monzó.
Curiosamente, según la información que fue surgiendo del seguimiento periodístico, Romero incrementó su patrimonio familiar de modo notable, logró meter a su familia en cargos de altos ingresos en Diputados de la Nación y la provincia, e incluso sumó a su carnicero preferido de Junín, al que otorgó el cargo de responsable de la seccional del SMATA (expulsado por un congreso de trabajadores). Algunos lo ven ahora en sorprendente mansión cercana al lago de Junín en reuniones de “alta sociedad” como se decía en los días de Al Capone.
Mentir, mentir…
Romero recurre habitualmente a la mentira. Incluso hay quienes afirman que para detener las notas en su contra, llegó a enviar aparentemente a gente de su entorno, a ofrecer beneficios importantes para detener la línea crítica de algunas publicaciones. Ahora en “La Verdad” se expresa con argumentación falsa. Por ejemplo señala que “Con Pignanelli tuvimos una discusión muy fuerte cuando él acuerda la firma con el Gobierno nacional por lo que se llama el modelo Vaca Muerta. Yo no quise firmar y no firmé, siempre mantengo mis convicciones. Este creo yo que es el momento de aclarar varias cosas”. Lo cierto es que no existe tal acuerdo por un supuesto “modelo Vaca Muerta”. Se adjudica la firma de un tenor semejante, que es discutible, al sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, cuyo líder es el senador nacional del Movimiento Popular Neuquino, Guillermo Pereyra. Por lo que se sabe, el SMATA no es un sindicato petrolero como pretende el ejecutivo administrativo de Emilio Monzó, por lo tanto no hay tal firma ni tal diferencia. Al menos reconoce, sin ruborizarse, que “Mi situación dentro de lo que es la conducción de SMATA es que me han expulsado, he sido separado”, “cosa que me enteré por los medios nacionales y locales”, sostiene luego. Eso es cierto aunque le falta reconocer algo más: ¿por qué repentinamente, luego de su exitosa gira italiana de placer en la que repartía dinero a sus amigos para disfrutar el beneficio económico con que lo premio Emilio Monzó, no fue más al gremio? Es muy sencillo, al denunciarse el hecho en “El Semanario” de Junín y estallar en otros medios, Romero dejó de frecuentar el gremio porque no tenía cara para explicar lo que significaba el principio de su traición. De hecho, no puede explicar, ni exponer públicamente, que hoy es un macrista hecho no a partir de una definición política, sino por razones de estricta economía.
Romero se extrema en “La Verdad”, apelando a la falsedad, a defender a su carnicero, Fiori, a quien hizo titular del gremio en Junín hasta su expulsión. Y dice: “A Fiori por hacer bien las cosas lo terminaron expulsando”, una generalidad sin fundamento. Acaso se refería a los cortes pero en realidad, el corte más contundente lo hicieron los trabajadores mecánicos, sus directivos, al acabar con sus tropelías. Se queja Romero porque su amigo tuvo que declarar ante la justicia pero en los casos de delitos consumados suele ocurrir eso, los involucrados son indagados por el juez.
Respecto de Junín, se torna meloso y expresa: “Yo soñaba con otra ciudad, una ciudad industrial, con pleno empleo, con sueldos buenos, con la posibilidad de desarrollo”. Romero no sueña. Acumula. Y lo logró no ya para ciudad pero si en el plano personal, ahora que es PRO en diputados, cuando su familia alcanzó altos cargos y su economía suma y suma. Es un mal ejemplo de traición cuando dijo “Cambiemos”, y puso en riesgo la credibilidad de su gremio, rompió al peronismo en la Cámara. Y ahora, cuando le llega la hora del repudio, sigue acumulando en este caso cargos y la ironía cruel de la realidad lo nomina como PRO, empleado de gobierno, cuando se disponen a fisurar derechos laborales y de los jubilados. Romero relinchó, si, con un dejo de tristeza como los que sienten que su destino se mueve en las sombras del olvido.





