Se fue El Gráfico, con su rica historia y sus recuerdos imborrables

Cuando Boca le ganaba a River; cuando el xeneize se quedaba con la Libertadores o con un título local; cuando el seleccionado argentino se llevaba una Copa América o -ni hablar- un mundial, había que esperar la tapa de El Gráfico.
Por Claudio Siniscalco
En esas pocas y gloriosas ocasiones la compraba sí o sí. Pero todas las semanas iba al kiosco, veía la tapa y (dependiendo de la buena voluntad del kiosquero) le pegaba una ojeada.
Leyendo El Gráfico, las victorias de Boca, de la selección, o incluso las de Guillermo Vilas, tomaban vida nuevamente. Era como que esos triunfos ocurrían dos veces: cuando realmente sucedían y cuando los veía en la revista.
Aunque tenía competencia -recuerdo la revista Goles-, El Gráfico era única. Sus tapas (la ansiedad que generaba cada domingo esperar unas horas para saber cómo iba a ser la portada), sus coberturas fotográficas extensas y tan bien logradas, sus crónicas detalladas.
El Gráfico tenía buenos textos, pero sobre todo grandes fotos. Aunque hubiese visto los goles en el noticiero del domingo a la noche, igual esperaba las fotos de El Gráfico, que siempre captaban el momento preciso que era necesario captar: un arquero volando, una pelota entrando al arco, el festejo de un gol…
El Gráfico dejó una huella en los amantes del deporte, y en especial del fútbol. Durante años guardé los ejemplares que me traían alegrías. Quién sabe dónde fueron a parar.
Se fue El Gráfico. Pero su marca, sus recuerdos, su capacidad de revivir buenos momentos (aunque sean efímeros) se quedan para siempre en la cabeza y en el corazón.





