Roberto Caballero: «Macri quiere salvarse con CFK»

Cuatro días le llevó a Mauricio Macri armar su frágil plan de contingencia por el escándalo de la sociedad off shore en Panamá. Increíble desconcierto, en realidad, cuando ya estaba avisado por los periodistas de La Nación y TN.
Primero mandó a Laura Alonso, titular de la Oficina Anticorrupción, que debería investigarlo, a defenderlo por twitter diciendo que no había delito. Luego a Elisa Carrió, que aceptó el papel de vocera de Franco Macri, y sentenció que no había ilícito ni omisión maliciosa, extendiendo el beneficio de la duda a su mandante, precepto jurídico que prolijamente evita cuando se trata de atacar a funcionarios kirchneristas. Más tarde al titular de la AFIP, Alberto Abad, que dijo algo que no es cierto: el presidente está obligado a declarar cualquiera participación en acciones o en el directorio de una firma, esté o no activa, genere o no plata. Después apareció Marcos Peña, el jefe de Gabinete, que titubeante alegó que no había nada reprochable en armar una sociedad extranjera de estas características. Finalmente, sin aceptar preguntas del periodismo, fue el propio presidente el que tuvo que salir a decir, desde el Salón Blanco de la Casa Rosada, que creía no haber incumplido nada y a anunciar la creación de un fideicomiso ciego para encapsular su patrimonio y el envío al Parlamento de un proyecto de acceso a la información pública para mostrarse, de mínima, preocupado por la transparencia, cuando todos los especialistas coinciden en que si para algo sirven las sociedades off shore es para lavar activos o evadir impuestos, precisamente, gracias a su opacidad que nada tiene de transparente.
Y, a pesar de todo, Mauricio Macri no logró disipar la sospecha que pesa sobre él. Es que el tema es mucho más grande de lo que parece. Ni siquiera la imputación a destiempo de CFK en la causa de Lázaro Báez, ni su citación por el “dólar futuro” alcanzan para distraer la atención de lo fundamental. Se quiere salvar con ella, pero no es suficiente. El escándalo no fue iniciado por un blog k, ni divulgado por Página 12, ni comentado al pasar en algún programa de cable opositor. En ese caso, la cauterización hubiera sido más sencilla y rápida: lo dicen los que no me quieren. Pero ocurre que el aquelarre de los Panamapapers tiene una escala global que excede la capacidad del gobierno para blindarse a través de la prensa oficialista. Escapa a su manipulación. Se saltea la el poder de censura empresarial de sus socios mediáticos.
El rostro de Macri circula en las principales cadenas noticiosas mundiales con un zócalo que lo asocia a la corrupción política, el lavado de divisas y la evasión de impuestos. El affaire ya se llevó puesto al premier islandés, amenaza con la caída del británico David Cameron e, incluso, en la Argentina provocó, al menos, dos manifestaciones con cacerolas en Plaza de Mayo y Mar del Plata convocadas por redes sociales, que fueron prácticamente invisibilizadas por los canales de TV locales pero dieron la vuelta al mundo.
Es una bola de nieve para la que el macrismo no tiene un protocolo de defensa. Creía que cediendo a los reclamos de Clarín, destruyendo la LSCA, bastaba para asegurarse tapas felices y agendas benevolentes. Esto, sin embargo, es más grande que Clarín. Magnetto no llega tan lejos con su poder. Hasta la prensa de derecha, y no 678, se pregunta en Alemania cómo y por qué los medios argentinos son tan tibios y medidos en su cobertura del escándalo. En la Casa Rosada balbucean. En las redacciones explican de modo inexplicable su postura, y se aferran como pueden al estropicio de Lázaro Báez inventando una nueva jerarquización de la información: es más importante la evasión de un particular y sus empresas que la del presidente en ejercicio, aunque sea presunta.
Hasta el partido judicial con sede en Comodoro Py, que funciona como aliado coyuntural del oficialismo, tuvo que avanzar en la imputación a Macri, decisión que tiene dos niveles de análisis: 1) ú obedece a una estrategia de salvataje que le aporte un sobreseimiento judicial con celeridad por ausencia de probanza; o 2) o se atreven a mostrarle los dientes al gobierno como preanuncio de una autonomía futura, y preocupante.
Con la información disponible, es verdad, el juez Sebastián Casanello no tiene mucho para hacer con la denuncia. La investigación podría avanzar bajo la figura de “omisión maliciosa” porque Macri estaba obligado a declarar la sociedad y no lo hizo, pero siempre quedaría el beneficio de la duda sobre si se debió al ocultamiento de un delito mayor o simplemente se le escapó la tortuga, como maradonianamente especuló el fiscal a cargo de investigarlo. Al ser un funcionario políticamente tan expuesto, se trata nada menos que del presidente de la Nación, alegar torpeza no sería lo más recomendable, pero es mucho mejor para su precaria situación que admitir que la sociedad panameña forma parte de una trama lavadora o evasora. Mejor despistado que corrupto, sería.
Las sociedades de este tipo se crean, precisamente, para proteger la identidad y los movimientos de sus beneficiarios. Los paraísos fiscales viven de eso, de venderles una muralla de silencio y desinformación garantizada a aquellos que necesiten poner dinero sucio fuera del alcance de los controles estatales sobre sus finanzas inexplicadas. Hoy se sabe que Macri figuraba en una sociedad (Fleg Trading), y también en una segunda de la que nadie habla (Kagemusha), pero no se sabe qué hizo con ellas ni para qué las quería. Franco Macri y Mauricio Macri dicen, al unísono: no hicimos nada, nunca generaron dividendos, jamás obtuvimos ganancias. Es raro. Eso de abrir cuentas inútiles en el extranjero es un hobby caro. Y la información que hay, por ahora, muere ahí, porque no han aparecido, por ejemplo, extractos bancarios en Bahamas o Luxemburgo o triangulaciones financieras que permitan asociar la sospecha evidente a un delito real, de envergadura. Pedirle esos datos a Panamá, librar un exhorto, es casi inútil: es un país que vive de la opacidad, de decir no sé, de negar cooperación judicial.
Tampoco hay voluntad aquí, no por el momento, de encuadrar el hallazgo de la sociedad o las sociedades del presidente en una trama empresaria mayor como la del Grupo Macri (Socma) y su historia. El clan, el de la familia del presidente, según los papeles revelados a nivel mundial, tiene entre 7 y 8 sociedades off shore. Vale recordar que Mauricio Macri no fue solo un prestanombre del grupo. Tuvo cargos ejecutivos diversos, es decir, fue uno de sus propietarios y decisores y según las sociedades del escándalo sigue relacionado comercialmente con sus accionistas. Los antecedentes no lo ayudan. Tanto en el Caso Sevel como en el caso de las cloacas de Morón quedaron al desnudo sus manejos financieros y la existencia de sociedades y cuentas en el extranjero, a prudente distancia del fisco y sus pretensiones impositivas.
Macri está nervioso. No es el mismo que asumió. Se lo ve disgustado con lo que le toca atravesar. Pensó que la primavera era eterna
A eso habría que agregar que el actual intendente de Lanús, Néstor Grindetti, que también cuenta con una sociedad y una cuenta off shore -lo que le valió la calificación de “corrupto” de la propia Carrió, socia política del presidente-, fue empleado de Socma, luego ministro de Hacienda de Macri en la CABA y figura en la declaración jurada del jefe de Estado como receptor de inexplicable de 440 mil pesos como préstamo.
Un juez que parta, ya no de los papeles de Panamá, sino de las declaraciones juradas disponibles de Mauricio Macri podría hacerse un festival por la cantidad de, por decirlo suavemente, rarezas que surgen. Es curioso que el presidente aparezca debiéndole a su amigo Nicolás Caputo 18,5 millones de pesos. Caputo es el principal beneficiario de la obra pública porteña y, ahora, de la nación. Según el sitio El Destape, el amigo del presidente, tendría una compañía activa en Miami junto a su esposa bajo la firma MB 2014 LLC, creada por el estudio de abogados Guzmán & Guzmán. La pregunta es si las cuentas off shore panameñas de Macri o de Grindetti tienen o no algún vínculo con ella. No se sabe. Va a ser difícil averiguarlo, pero no es imposible. Los Panamapapers lo demuestran. Los tres, sin embargo, están mencionados en las declaraciones juradas del presidente. Eso habla de proximidad. Los tres aparecen, también, prestándose dinero. Eso confirma lazos comerciales. Lo hicieron público. ¿Habrá un revés de la trama que circula por sociedades y cuentas off shore? Buena inquietud para un fiscal que quiera conocer la verdad completa y no solo la aparente.
Macri está nervioso. No es el mismo que asumió. Se lo ve disgustado con lo que le toca atravesar. Pensó que la primavera era eterna. Venía dulce: quebró en el Senado al FPV, desgastó su bloque de diputados, encontró aliados entre los gobernadores que debían ser opositores, los sindicalistas anuncian los aumentos junto a sus funcionarios, Barack Obama lo ensalzó. Todo venía bien, tan bien para él. Y, de pronto, esto: un escándalo global que lo convirtió de la noche a la mañana en el ejemplo de un gobernante asociado a prácticas corruptas en guaridas fiscales como el británico Cameron o el islandés Sigmundur David Gunnlaugsson.
Y nada indica que la cosa vaya a terminar acá. Los Panamapapers fueron un Cisne Negro. Nadie lo vio venir. Y nada asegura que haya sido el último en aparecer. Así, de improviso, de la nada misma.





