Opinión

Nuestra posición ante los intentos de desestabilización

 

 

 

 

En los últimos años hemos asistido a un ataque sistemático hacia el gobierno encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde grupos concentrados de poder, que pretenden imponer por medio de la calumnia y la mentira, lo que no pueden obtener por el voto popular.

 

En enero del año pasado, el país sufrió un ataque especulativo de parte de grupos económicos que intentaron desestabilizar al gobierno y modificar el tipo de cambio. Desde los medios de comunicación contrarios al gobierno, se propició una campaña feroz, con anuncios apocalípticos y presagios de caos que nunca se cumplieron. La sólida respuesta por parte del Ministerio de Economía y el Banco Central impidieron que estos voceros del fracaso vieran cumplidas sus negras profecías.

 

A mediados del año pasado, el fallo del juez municipal neoyorkino Thomas Griesa, favorable a los fondos buitre liderados por Paul Singer, desató otra oleada de presagios de estos agoreros del terror. Dirigentes “políticos” como Mauricio Macri, Hermes Binner y Elisa Carrió, se ofrecieron cortesanamente a bajarse los pantalones y las polleras, en el caso de llegar a ser gobierno. Operadores económicos afines a estos grupos ocuparon horas de pantalla y ríos de tinta desde los medios opositores, anunciando que el país estaba de rodillas ante los fondos especulativos, y que la única solución era pagar lo que los buitres reclamaban. El tiempo dio la razón al gobierno. La seguridad y entereza con que la presidenta y el ministro Axel Kicillof se enfrentaron a la sentencia de Griesa son hoy ejemplos a imitar por otras naciones en el mundo. El apoyo internacional recibido por el país del G77 más China, del Mercosur, la CELAC, fue contundente, y hoy, el caso de Argentina se discute en Naciones Unidas, en procura de establecer un marco legal para la reestructuración de deuda soberana.

Frente a este triunfo de la diplomacia argentina ante los organismos internacionales, no se escuchó a ninguno de esos políticos que claudicaban ante las cámaras, reconocer su error y admitir que la posición sostenida por el gobierno nacional en defensa de los recursos de todos los argentinos fue la correcta.

 

Durante años hemos oído y leído desde estas usinas de la mentira que el país estaba privado del acceso a financiamiento externo por su tozuda postura de no someterse a las recetas ortodoxas que los organismos de crédito internacional quieren que el país implemente. Son las recetas de siempre, las que llevaron al país al endeudamiento más feroz que vivió en su historia, las mismas recetas que llevaron al desguace del Estado en la década menemista, las que dejaron en la pobreza a millones de argentinos. Quienes las implementaron, llámense Brodherson, Sturzzenegger, Machinea, o como se llamen, sin siquiera ponerse colorados, vuelven a pedir que se apliquen estas mismas medidas, mientras reciben la sonrisa cómplice de Marcelo Bonelli, Nelson Castro, y otros operadores disfrazados de “periodistas serios”.

 

Días atrás, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó en China con su par Xi Jinping una serie de acuerdos que posibilitarán el financiamiento de las obras de infraestructura más importantes que son necesarias para el desarrollo del país: represas hidroeléctricas, centrales nucleares, remodelación de ferrocarriles, entre otras. Desde los medios opositores se cuestionó esta alianza estratégica con el gigante asiático, y desde las columnas de opinión en estos mismos diarios, se presiona diariamente a la oposición para que, en caso de llegar al gobierno el 10 de diciembre próximo, hagan caer estos acuerdos y vuelvan a ponerse bajo la órbita de las políticas dictadas por el decadente gobierno norteamericano. Esta suerte de “cipayaje editorial” no admite que sus pronósticos agoreros se cayeron gracias a las políticas activas de este gobierno. Lo saben, pero jamás lo admitirán públicamente.

 

Despejado el camino económico tras el fracaso de la presión de los buitres, tuvieron que encontrar otro instrumento de desestabilización. Y lo encontraron en un fiscal subyugado por un agente del servicio de inteligencia, que supuestamente debía ser su auxiliar en la búsqueda de la verdad, en una causa tan sensible a los argentinos como es la causa AMIA.

La denuncia y las pruebas presentadas por el fallecido fiscal Alberto Nisman hubieran pasado rápidamente al olvido y entrado en el terreno del ridículo, de no haber sido por la “oportuna” muerte del fiscal. En política se le dice “tirar un muerto” a situaciones en las que el daño provocado puede llegar a ser inmenso. Pocas veces en la historia argentina el término fue tan literal. Desde la aparición del cuerpo de Nisman, todos los días desde los medios opositores surgen informaciones que luego son desmentidas o simplemente se caen por el lado del absurdo. Se pretende instalar un estado de sospecha sobre la actual administración que haga imposible la gobernabilidad.

 

Vemos con indignación como se ha armado una suerte de corporación dedicada a desgastar diariamente al gobierno nacional. Políticos que estaban hundidos en el ostracismo etílico de la falta de votos se pasean por todos los medios de comunicación opositores con denuncias grandilocuentes. Desde el poder judicial se nutre a estas usinas del golpismo con informaciones que adelantan acciones, para que desde estos mismos medios se presione para que se lleven cabo. Fiscales sospechados y denunciados por obstaculizar a la justicia, convocan a marchas en reclamo de la misma justicia que ellos bastardean.

 

Impresentables, mediocres y miserables. Golpistas carentes de originalidad. Hace 70 años, éstos mismos se amontonaron en un colectivo auspiciado desde la embajada norteamericana al que desfachatadamente llamaron “Unión Democrática”. Diez años después, estas mismas lacras de la sociedad apoyaron y financiaron una masacre en la Plaza de Mayo que terminó por derrocar al gobierno constitucional del General Perón. Han sido el mascarón de proa de todos los golpes de estado que han ocurrido en la Argentina. No desde 1930 como erróneamente se sostiene. La historia de los golpes de estado se inicia en 1828 con el derrocamiento y posterior asesinato de Manuel Dorrego. No por casualidad, entre sus ideólogos había periodistas como los hermanos Florencio y Juan Cruz Varela, y juristas, como Salvador María del Carril. Éste último, fue promotor de la Ley de consolidación de la deuda, que puso a los bienes del Estado como garantía del leonino préstamo otorgado por la Banca Baring Brothers al gobierno de Rivadavia. Bartolomé Mitre, fundador del diario La Nación, “premió” sus servicios al país, nombrando a Del Carril como miembro de la primera Corte Suprema de Justicia en 1868.

Quienes hacemos InfoBaires24 queremos expresar nuestro apoyo incondicional al gobierno nacional y popular elegido democráticamente por la mayoría del pueblo argentino. Desde nuestro lugar de trabajo estamos comprometidos en la defensa de las instituciones democráticas. Rechazamos cualquier forma de intento de quiebre del orden democrático y llamamos a nuestros lectores a estar atentos para no permitir que quienes históricamente han sido enemigos del Pueblo Argentino, pretendan alcanzar mediante la mentira y las operaciones políticas y judiciales, lo que no pueden alcanzar mediante el voto popular. Éste es nuestro compromiso, con la verdad, y la información responsable.

 

 

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