Máximo y lo que vendrá

Escribe Alejandro C. Tarruella
Advertir, evitar
En 2023 habrá elecciones presidenciales. Al parecer, Máximo Kirchner en una decisión desde las alturas se inscribió con su renuncia en una formulación de cambios necesarios que no vendrían planteados desde la capital. Cuestionar el acuerdo le permitía sugerir un nuevo escenario. La mirada que tiene epicentro en la Capital Federal y el territorio bonaerense en ese orden, y de ahí parte al país, no cabía. ¿Y si lo hizo para advertir y evitar? Bajo esa sensibilidad puede analizarse que su planteo tiene en vista reposicionar al FdeT en relación a la elección presidencial de 2023. Salir de la modorra paralizante y generar ideas nuevas con presencia de actores que no siempre son convocados, y abrir camino.
Alfredo Zaiat en “Página 12”, señala algo muy interesante y movilizador: “La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados oficialista es el más reciente cimbronazo. Un aspecto poco mencionado es que ese paso al costado, más allá de la valoración conceptual de esa posición detallada en una carta pública, lo concretó luego del anuncio del acuerdo y no antes, diferencia temporal importante puesto que de ese modo probablemente evitó demoras para alcanzarlo o, en forma más drástica, eludió la posibilidad de directamente tumbarlo. Es un comportamiento político de Máximo Kirchner que parece no haber sido registrado por la mayoría de analistas ni en la propia Casa Rosada”. Si no fuera así, podría argumentarse, habría reunido a un bloque externo para “tumbarlo”, como lo expresa el periodista. Y si se sigue su razonamiento, lo que hizo no fue promover sino evitar. Sutil y cuidadoso paso que, de ser demostrado o comprobado como un efecto impensado de una decisión, parece ser el punto donde van a tomar posición sectores del peronismo federal.
La ideología es como la sombra: siempre nos acompaña, se suele afirmar. Es el conjunto de ideas y conceptos que acompaña a un quehacer, en este caso político. Ahora bien, el debate de la deuda externa tiene a la ideología no como un planteo sino precisamente como una sombra. Máximo la puso en el centro y puesta en la dinámica del debate en ese punto de gravedad, es un límite no un dato en su desarrollo. Al parecer, Máximo no hablará más sobre el particular por lo cual está claro que no aparece una intención de acumular fuerzas propias.
¿Punto de partida a una candidatura presidencial?, como aseguran. La ideología en estado puro deja a muchos saltar el límite de la política y el tiempo para situarse en un más adelante inapresable. El “más adelante” de cierto progresismo que toma lo sucedido “a mí manera”, individual y antojadiza, sin profundizar en lo que ocurre. Si fuera una candidatura presidencial lo de Máximo habría mensaje autorreferencial en el estilo de los influencer y las figuras del rock. Un modelo, hay que reconocerlo, de éxito. Pero no es el modo en que se presenta Máximo. Vamos tomando a Zaiat como referente que piensa y sabe.
Un conflicto con claroscuros
Cuáles serían ahora los pasos a observar en la vida política nacional. En primer término, en varias provincias del Norte Grande, se observó a lo sucedido con Máximo, de un modo cercano a lo que planteó Zaiat. Máximo habría echado por tierra el intento de sectores progresistas, adormecidos por la melancolía de los setenta, que quieren oponerse a todo aquello que hagan el gobierno y Alberto Fernández en la falsa ilusión de que llegarían ellos (acaso como en 1999) creyéndose una suerte de cruzada marsellesa soviética, con el influjo del Che, para hacer la revolución. Las redes están llenas de ese neoinfantilismo al que se suma el trotskismo que con disfraz de izquierda para encomendarse al Zoroastro de la economía neoliberal que asiste a muchas izquierdas en el mundo. No por nada, predican siempre en el absoluto. Las redes exponen esa falsa niñez de la melancolía y el absurdo en la que la ilusión improvisa.
No por nada, el propio gobernador de la provincia, Axcel Kicillof tomó distancia de la decisión como otros referentes. Se trataba de situar la posición del diputado como un planteo destinado a movilizar, a reposicionar el FdeT para crecer en las alianzas de construcción de la nueva etapa. Los ilusos así, olvidaron a Macri y sus esbirros y comenzaron a desacreditar al gobierno y a Alberto creyendo, se puede suponer, hasta en la resurrección de Chacho Álvarez.
El Norte Grande y quienes acompañan, creyeron que era una situación interesante, creativa en términos políticos. Por lo tanto, se trataba de adelantar pasos que iban a darse para comenzar a hacer el dibujo político de las líneas de construcción que deben esbozarse para jugar fuerte en 2023. Se evalúa que si bien, hay desde las elecciones de medio término, una situación de descreimiento y cierta apatía social debido a las consecuencias de la pandemia que debió sobrellevar el gobierno. Sin embargo, la economía en general, no aún la que llega al conjunto del pueblo, está en crecimiento y va a comenzar a hacerse sentir como ocurrió en la temporada veraniega. Al mismo tiempo, con una acción sanitaria, de construcción de infraestructuras en obras públicas, viviendas, más las nuevas inversiones que pueden llegar a partir del viaje del presidente a Rusia y China, va a comenzar a girar el sentimiento de la sociedad. Esto ya se observa en la aprobación que surge de las encuestas, al acuerdo con el FMI que aparece como alentador por cuanto “tira para adelante” pagos e impide ajustes y medidas semejantes. Hay discusión con el fondo, habrá pujas, sí, pero desde Lula, Mugica, Stiglitz, Correa, Dilma y otros, hay una aprobación que permite esperar días mejores. El juego en pinzas izquierda derecha, observan, es propio de anudamientos con apoyos no visibles. “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”, reflexionaba el poeta Nicanor Parra.
En el peronismo, hay una máxima de tantas que dejó en su camino el general Perón: la organización vence al tiempo. El Frente de Todos no está organizado, cosa que reclaman muchos y hasta periodistas desde los medios de comunicación como Gustavo Sylvestre. Un grupo de gobernadores entienden que afirmar el camino del FdeTo, sea precisamente ese quehacer irrenunciable.
Lo cierto entonces es que pensado así, Máximo colocó a Alberto Fernández y a al Frente de Todos, en la necesidad imperiosa de dar una respuesta frente a una situación impensada: habían logrado un acuerdo con el FMI que lleva los pagos a 2026, que permite la apertura de acuerdos con China, y otros países, y que fue saludado por referentes suramericanos, americanos, López Obrador es un ejemplo, y de diferentes países.
Provincias y federalismo
En algunas provincias peronistas, le transmiten al presidente que lo sucedido era interesante porque obligaba al gobierno, a profundizar la comunicación sobre el acuerdo, tal vez uno de los más destacados de cuantos firmó el FMI con otros países, caso Portugal que no obtuvo lo que logró Argentina, para convertirlo en un hecho político cosa que hasta el momento no sucedía. La realidad política, con el debate de 2048 por la Antártida, indica -decían entre otras cosas- que el país tiene un centro en Tierra del Fuego, no en Buenos Aires, y por lo tanto hay que comenzar a plantear las cosas y organizarlas desde ese centro de gravedad. No es posible, insisten, en seguir planteando las cosas desde la Recoleta y Palermo. Por eso, hay que poner en marcha un nuevo momento político nacional para avanzar hacia cambios y afirmaciones que permitan dar fuerza a la propuesta lanzada en 2019.
Esto indica que algo va a suceder en lo inmediato. Se van a adelantar los tiempos del debate destinado a abrir el camino hacia 2023 desde el ámbito de lo federal. Y ayudar a ver el país desde lo profundo, desde el adentro que se expresa muchas veces de un silencio que ve, es hacer en una mirada necesaria, de unidad y participación del conjunto de los argentinos en la edificación de su presente para acceder al futuro. De la periferia al centro.





