Opinión

Macri y la campaña del delirio

Escribe Nicanor Zambrano, especial para InfoBaires24

La campaña de Cambiemos se acerca a las orillas del delirio: Mauricio Macri anunció en Santiago del Estero la creación de puertos marítimos para el norte argentino.

Acostumbrado a bardear para cubrir el espacio de tiempo que dista entre una bruta afirmación y otra, Macri se lanzó a los campos del ridículo sin paracaídas. Y creyó, hasta que algún educado miembro de su comitiva blanca lo reconvino, que Santiago del Estero, Tucumán o el Chaco, tienen puertos marítimos.

El candidato anunció que había un puerto de mar en el futuro próximo de las provincias del norte. Una vez más, el candidato que sedujo a los porteños, mostró que mira desde arriba y de espaldas al resto del país.

Sin dudar, sin habilitarse con algún trago de alcoholes de altura (para su nivel, cognac francés o una grapa del Piamonte italiano); así nomás, como quien no quiere la cosa –o no sabe la cosa- se mandó con la promesa.

Una vez más, el candidato que sedujo a los porteños, mostró que mira desde arriba y de espaldas al resto del país.

Y arengó: «El 10 de diciembre pondremos en marcha el plan de reparación histórica, el Plan Belgrano, que le va a dar al norte argentino toda la infraestructura que necesita para poder crecer: rutas, puertos, puentes.»

Los santiagueños le recordarían luego que el norte argentino no tiene salida al mar para hacer puertos. Macri cree que sí; pero ¿quién se atreve a desmentirlo? De modo que ahora incluirá en su listas de promesas vanas, edificar el puerto marítimo en la costa de la ciudad.

De queruza la merluza

Por otra parte, uno de los posibles ministros de Economía de Macri que se dedica a evocar a Cavallo y Martínez de Hoz en sus incursiones televisivas y de las otras, se mandó por las suyas a meter un poco de intolerancia.

Macri afirmaba, en los primeros días de noviembre, que la estrategia del kirchnerismo consistía en vaticinar un gobierno catastrófico en caso de ganar el hijo de Franco; e incluso comparó al Gobierno nacional con el de la Alianza.

Hablando de mar, el ex presidente del helicóptero y el 13 por ciento de despojo a los jubilados, agitó en su momento ante Susana Giménez que uno de los graves problemas que afrontó en su gestión de gobierno, fue la «crisis de la merluza».

El sospechado de apañar la evasión bancaria, Alfonso Prat Gay, advirtió sobre el desastre que podría ser la elección de un presidente de origen provinciano.

Es cierto: lo tomaron en joda. La propia Susana, que no es muy ducha en comprender lo que pasa en la realidad, echó en ese momento una sonrisa cómplice con miles de televidentes.

Sin embargo, Macri puede ahora intervenir en ese conflicto no saldado, desde el momento que anuncia la presencia del mar en provincias del norte argentino. “De keruza la merluza”, diría un viejo porteño habituado al lunfardo.

El candidato había afirmado en las redes sociales que «a pocos días del balotaje, el oficialismo despliega una estrategia oscura de llenar de pesadumbre y de miedo a la población, con el único objetivo de asustarlos ante la posibilidad de cambiar».

Era un modo elíptico de señalar a los votantes peronistas, tachados de “negros”, “cabecitas” y otros, por el gorilaje que no comprende a América y menos al país nuestro de cada día.

Si algo le faltaba a la campaña era intolerancia, soberbia y ridículo. Macri y Prat Gay se han decidido a que esos rasgos de tinte afrancesado, se integren a su propuesta.

Por último, mientras Aranguren, ex titular de Shell, se relame creyendo que pueden desnacionalizar YPF, como puede estar exigiéndole desde Gran Bretaña o alguna potencia oculta en los pliegues del delirio, Alfonso Prat Gay, el representante de la banca extranjera en tierras macristas, se animó a más y expuso su rechazo a que ciudadanos de provincias lleguen al gobierno.

Una preocupación racista auténtica, ¿quién se atrevería a negarlo? El sospechado de apañar la evasión bancaria, Alfonso Prat Gay, advirtió sobre el desastre que podría ser la elección de un presidente de origen provinciano.

Alertado y posiblemente inquieto, Prat dijo: «No vaya a ser que en el 2020 estemos hablando del fulano de tal que vino no sé… de Santiago del Estero, que no lo conocíamos, que apareció de la nada, y resulta que se quedó con todo el poder” y añadió, soberbio: «Somos una nación de 40 millones de habitantes con un nivel superior de educación, todavía, respecto de otros países de la región y cada diez años nos dejamos cooptar por un caudillo que viene del norte o del sur». ¡Horror, un presidente que venga de La Pampa o de Formosa!

 Si algo le faltaba a la campaña era intolerancia, soberbia y ridículo. Macri y Prat Gay se han decidido a que esos rasgos de tinte afrancesado, se integren a su propuesta. Usted decide.

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