Luciano Arruga: un caso emblemático en la lucha contra la violencia institucional

Luciano Arruga fue visto por sus familiares por última vez el 31 de enero de 2009, cuando salió de su casa en el Barrio 12 de Octubre, en Lomas del Mirador, partido de La Matanza, supuestamente para ir a un cyber de la zona. Desde entonces, Mónica Alegre y Vanesa Orieta, madre y hermana de Arruga, recorrieron hospitales, morgues y comisarías buscando al adolescente, aunque sin éxito.
Cinco años más tarde, luego de una denuncia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), se logró la exhumación de un cuerpo enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita y se confirmó que se trataba del joven.

El 15 mayo de 2015, el policía Julio Torales fue condenado a diez años de prisión por torturar a Arruga antes de su desaparición, en un fallo unánime del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 3 de La Matanza, que lo consideró coautor del delito de “torturas”.
Al cumplirse 11 años de la desaparición de Luciano, su familia continúa exigiendo justicia.
«En los barrios pobres la tortura y la muerte es moneda corriente»
Vanesa Orieta, hermana de Luciano, lleva adelante una verdadera lucha por desarticular un mecanismo de impunidad integrado por hostigamientos policiales a los jóvenes de los barrios pobres.
“No hay que minimizar la vida del pobre con la excusa de que el aparato político no se va a poner en juego para aniquilarlo. Cada vez que se mata o desaparece a un pibe o piba está operando una lógica de gobierno que debe ser juzgada. Cuando un barrio es abandonado por el Estado y la gente deja de acceder a sus derechos fundamentales, hay personas que creen que con el poder de gobernar en forma violenta, hacen lo que quieren porque saben que los costos son mínimos”, expresó.

En diálogo con Página12, en el marco de del cumplimiento de los once años de la desaparición de Luciano, advirtió que los familiares “no hablamos de violencia institucional sino de violencia estatal”. Y agregó: “Nos sentimos bien de haber profundizado nuestra mirada y eso se logra relacionándonos con otras historias y entendiendo la lógica de esta problemática. No es solo Luciano, hay una lógica política, judicial y comunicacional sobre los sectores excluidos de nuestra sociedad”.
“Tenemos que pelear día a día con la sociedad, que incluso en los sectores más concientizados, que cargan con alguna discriminación. No se termina de entender que en los barrios pobres la desaparición, la tortura y la muerte es moneda corriente. El día en que la sociedad se ponga a la par de los más pobres en lo que respecta a todo, ahí cambiaremos las cosas”, sentenció.
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