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Las hijas de una Madre de Plaza de Mayo con el Papa Francisco

Jorge Bergoglio aún no era papa cuando, en 2005, intercedió para que los restos de la fundadora de Plaza de Mayo Esther Ballestrino de Caruaga, desaparecida y arrojada al mar en los vuelos de la muerte durante la dictadura, fueran enterrados en la Iglesia de Santa Cruz. El papa recibió en Paraguay a dos de sus hijas, Mabel y Ana María Caruaga.

El encuentro está previsto en la Nunciatura de Asunción, en la última escala de la gira papal por Latinoamérica. “Venimos con mucha expectativa para encontrarlo, para verlo, porque nos puede contar esa parte de la historia de nuestra madre que por ahí no conocemos del todo bien”, contó Mabel a Télam.

Bergoglio conoció a Esther 1953, cuando entró a trabajar en el laboratorio Hickethier-Bachman, en Buenos Aires, donde realizaba análisis bromatológicos para controlar la higiene de productos alimenticios. Él hacía poco que se había graduado de la Escuela Nacional de Educación Técnica 27 Hipólito Yrigoyen. Ella, de nacionalidad paraguaya e historia militante, había llegado al país escapando de la dictadura.

“Nuestra madre significó mucho en la vida de él. No sólo en lo relativo al trabajo, sino también en la sensibilidad social y en las inquietudes políticas”, contó Mabel. “Esta es una hermosa historia, más allá de lo trágico. Porque se ve cómo desde dos diferentes lugares, como la teología y la política, se coincide en el lugar común de preocuparse por los más desprotegidos, por los pobres”. “Que un jefe de Estado, como el papa, la reconozca por los derechos humanos; que venga acá y hable es muy importante”, agregó.

Su hermana Ana calificó el encuentro como un hecho “histórico”. “Por el sólo hecho de pensar cómo puede ser que una persona haya dejado una impronta de esas características”. La mujer calificó a su madre como “una persona militante de la vida que eligió la opción del compromiso de su época, a partir de una posición de ética y dignidad que tuvo un gran efecto en la gente que la rodeaba».

Esta es una hermosa historia, más allá de lo trágico. Porque se ve cómo desde dos diferentes lugares, como la teología y la política, se coincide en el lugar común de preocuparse por los más desprotegidos, por los pobres.

Esther nació en Paraguay en 1918. Pasó su infancia en la ciudad de Encarnación. Al terminar el colegio se recibió de maestra y luego de doctora en Bioquímica y Farmacia en la Universidad Nacional de Asunción. En su juventud militó en el Partido Revolucionario Febrerista, de raíces socialistas, y en la década del ’40 fundó el Movimiento Femenino del Paraguay,.

En 1947 se exilió en Argentina, perseguida por la dictadura nacionalista de Higinio Morinigo. En Buenos Aires se casó con Raymundo Careaga, con quien tuvo tres hijas: Esther, Ana María y Mabel.

En 1976, en los primeros meses de la dictadura cívico militar, fueron secuestrados sus yernos Manuel Carlos Cuevas y el francés Ives Domergue. Un año después, el 13 de junio de 1977, una patota del Ejército levantó a su hija Ana María en Corrientes y Juan B. Justo, en el barrio porteño de Villa Crespo. La joven tenía 16 años y un embarazo de tres meses.

Esther presentó hábeas corpus ante la Justicia y se organizó con otras madres de desaparecidos, con las que cada jueves marchaban alrededor frente a la casa de gobierno.  Nació así la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

El 30 de septiembre, tras pasar cuatro meses en el centro clandestino de detención Club Atlético, Ana María fue liberada junto a un grupo de entre 15 y 20 detenidos. La subieron a un auto y la llevaron a la casa de sus padres, en Parque Chas, que ya había sido allanada varias veces. Su familia ya no vivía ahí. Se habían mudado para evitar nuevos secuestros.

Tras la liberación de Ana María, la familia se exilió en Brasil y luego en Suecia. Esther no se quedó mucho tiempo en Europa. A los pocos meses regresó a Buenos Aires.

Las otras Madres le dijeron que era peligroso quedarse. “Ya está, ya encontraste a tu hija”, intentaron convencerla.

—No, voy a seguir hasta que aparezcan todos— contestó ella. En 1977, marcada por Alfredo Astiz, fue secuestrada -junto con Azucena Villaflor y dos monjas francesas-, y arrojada al mar en los vuelos de la muerte.(Infojus)

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