Lagomarsino, otro episodio de una danza mediática

Por Alejandro C. Tarruella
El caso Nisman no es un episodio para remitir a los enigmas. Es un caso policial producto posiblemente, de una puesta en escena corporativa con destino a perjudicar al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Cuando la justicia establece que Nisman tenía comprado el 31 de diciembre en Iberia, el pasaje de vuelta para el 12 de enero, como sucedió, el argumento de que volvió con premura, queda al menos en la duda. “Debí suspender intempestivamente mi viaje de 15 años a Europa con mi hija y volverme”, escribió el ex fiscal en Whatsapp. Eso significa al menos, que hay presuntamente, una intencionalidad no confesada de crear un escenario artificial. Tal vez la persecución, el clima que parece crear enigmas y a la vez, servir para un objetivo que no aparece con claridad.
La oposición juega con esos datos, con la incertidumbre que procuran generar en el conjunto del país, y sin proyecto, sin programa, en la pereza de quien no sabe qué hacer porque desconoce adónde va, se dedica a decir que no a cualquier iniciativa del gobierno sin mirar de que se trata. Así hoy, se opone a la ley para reformular la inteligencia del Estado, sin haber leído la propuesta. Algunos medios se emperran en la prédica de un caos desestabilizador (recordemos que en enero de 2014, las corporaciones lograron mover el dólar ilegal y generar inquietud) que en ilusión, termine con la etapa de justicia social e inclusión económica que vive la Argentina. Así favorecerían a intereses financieros ligados hoy a los buitres y a los restos de la oligarquía que queda del pasado rico, y sus socios menores con quienes han sido exitosos apostando contra el país.
La puesta en escena de Diego Lagomarsino de ayer, es un capítulo más de esa “movida”. Lo acompañaba su abogado, Maximiliano Rusconi. Lagomarsino dijo en su presentación ante la prensa, que aún no vio a la ex esposa de Nisman, la jueza Arroyo Salgado. Curioso al menos. Hizo el relato de la entrega del arma y sus conversaciones con Nisman, quien le confesó que no confiaba en los custodios y que las quería para cuidar a sus hijas. Ahora, ¿para qué sirve todo esto? En realidad, se trata de tener el tema en primer plano. No importa para desestabilizar, que la justicia investigue ni a qué conclusiones arribe mientras se sostenga la tensión del caso. El periodismo de farándula que ha copado el tratamiento llevándolo a la frivolidad y la tensión, se pone por encima de la justicia, del gobierno, de todo y actúa como si fuera juez y parte. Esto se observa por ejemplo, en el programa de Santiago del Moro, un reconocido especialista en intimidades de la vida de ciertos artistas (muchos de escasa monta o buscadores de prestigio a cualquier precio), donde se procura un clima de enfrentamiento sin pausa y se dice cualquier cosa. Unos se desacreditan a otros y salen a urdir atractivos folletines con destino de desesperanza. Lo que se trata allí, es de desacreditar al gobierno paso a paso. No importa lo que se diga para desgastar, ni si tiene un rapto de veracidad lo que se dice. Todos, opositores, directores y bufa de folletín, tienen la misión de trabajar en eso. Todos los días, a cada hora, porque no logran dar “pie con bola” y no alcanzan a determinar cómo lograr un fin de la etapa histórica que vive el país.
Frente a ellos, la Presidenta de la Nación, lidera un momento histórico y un movimiento político y actúa en consecuencia. Su entereza en plantear los diferentes momentos del país, (un caso, el discurso del lunes 27 fue una muestra de convicción y capacidad política de dirigirse al conjunto social), un episodio, sin recurrir a papeles, organizando las ideas sobre sus mismas palabras, la hacen un fenómeno de la política internacional. Eso explica porque la confianza de la sociedad en ella, por eso su penetración en las capas sociales más pobres que han sentido su solidaridad en estos años, de ahí su diferencia abismal con los exabruptos de cuanto opositor salga hoy a replicarle. Ese es un valor con el que cuenta el pueblo, que lo sabe. Porque en ese valor, hay conducción, hay claridad de metas y no el aquelarre de estudiantina que parecen representar Patricia Bullrich, Laura Alonso, Pino Solanas Pacheco, Massa, Macri, Binner y tantos otros. Cristina sabe que el momento internacional de Argentina, es único. Qué el Papa que rige los destinos de millones de católicos en todo el mundo, es argentino y su historia emparenta con el peronismo. Y conduce con firmeza un país asediado en un año electoral. Sorprende a quienes fugan divisas a Suiza, y pone a la banca en caja.
Si tomamos solo un caso, el de Patricia Bullrich, podríamos comprender porque no quiere el modelo que representa Cristina. Y hasta es razonable que sea así cuando ella, que volvió al país con el retorno democrático y puso su fe en el indulto que dio Menem a algunos compañeros suyos y a los represores encabezados por Videla. ¿Cómo podemos pedir a uno de los forjadores del indulto de Videla que comprenda la Argentina de hoy? Eso explica porqué luego le arrancó el 13 por ciento al bolsillo de los jubilados cuando su sueldo era mísero. Y jamás lo devolvió. ¿Cómo podría la Bullrich aprobar dos aumentos a jubilados al año cuando ella creó el desaumento para hacer crecer las arcas de los poderosos? Imposible.
Sobre estas diferencias se monta el tiempo que vivimos. El malogrado fiscal no alcanzará a saber lo que la justicia puede establecer. Nosotros sí y debemos esperar ese día. En tanto, no tenemos necesidad de convertirnos en investigadores, criminólogos, policías, servilletas o lo que sea. Podemos acompañar activamente los nuevos cambios que se van a producir en la inteligencia, en la justicia, en la industria, en la educación, la salud y en la cultura. Sabemos que estos días son difíciles y estamos atentos. Dentro del Estado de Derecho y la democracia podremos resolver controversias y actuar frente a la desestabilización que intentan. Y podremos decir también que no tenemos miedo ni a buitres, ni a avaros tristes del poder económico local, ni a danzarines de la bufa periodística. Así, mañana será otro día. Sin duda, mucho mejor cuando sabemos que el gobierno propuso al doctor Manuel Carlés para ocupar el lugar que dejó en la Corte, el doctor Zaffaroni.





