Increíble agresión de la policía a un abogado por reclamar Precios Cuidados en Wall Mart

Hernán Jareguiber fue agredido brutalmente dentro de su domicilio y en presencia de su esposa y pequeño hijo luego que reclamara en un local de la cadena estadounidense Este abogado es conocido por su lucha en materia de Derechos Humanos y de los Consumidores.
A continuación transcribimos la carta que dejó en su cuenta de Facebook en donde relata de manera pormenorizada la secuencia de semejante atropello policial.
«Cómo víctima del abuso de las corporaciones, fui brutalmente privado de mi libertad por 12 horas, por querer denunciar e impedir un delito.
Compañeros y amigos:
Acabo de concluir uno de los peores episodios de mi vida. Llego a mi hogar después de 12 horas de cautiverio, golpes e insultos, para encontrar a mi familia desconsolada y a mi pequeño hijo en estado de shock. Sólo el afecto, solidaridad y entrega de mis amigos y colegas y compañeros de militancia, pudieron mitigar con su presencia la vejación a la que fui sometido durante una noche de espanto.
Muchos de uds. ya conocerán los episodios por su viralización por internet. Algunos comentarios estoy pudiendo leer y desde ya agradezco la solidaridad expresadas en los mismos. Los cuales leeré con mayor detenimiento cuando supere el cansancio y dolores físicos que presento. Cómo informó la Señal Medios, quien cubrió cabalmente la difusión, concurrí al supermercado Wall Mart ubicado en mi barrio de Nuñez. Cómo no es la primera vez que los precios de góndola son tergiversados en las cajas a la hora de pagar, antes de escoger los productos que compraría, busqué el precio inserto en cada envase y para sorpresa me encuentro que absolutamente todos los comestibles exhibidos en esa góndola, contaban con etiquetas de código de barras pero ninguno lucía su precio. No se trataba de un error casual sino que sistemáticamente en todos los productos de ese sector, no se adosaba el precio correspondiente.
Pregunté a una cajera y me derivó a un joven que no supo explicarme el faltante y amablemente se liberó del asunto. Por lo tanto comencé a sacar fotografías a las góndolas y a los envasados, a efectos de documentar la situación para poder reclamar posteriormente. Entonces se acercó una mujer joven quien me exigió que dejara de tomar fotografías. Obviamente que no existe delito alguno en ello y para colmo era una cuestión para documentar la falta legal en que incurría el Supermercado. Inclusó le advertí que la fotografiaba a ella también para poder justificar la escena. Fue allí donde la joven intentó arrebatarme el celular, situación que evité fácilmente, y la misma se retiró. A los segundos, mientras seguía tomando fotografías se acercó un hombre robusto, encargado de la seguridad quien empezó a empujarme aparentemente con la intención de retirarme de esa manera del comercio.
Finalmente me tomó de los hombros y me arrojó contra una góndola. Viendo que no podría retirarme fácilmente sin golpearme con mayor fuerza, y que yo no enfrentaba al pugilato, sino que por el contrario, intentaba escaparme de los empellones para seguir fotografiando la situación (que incluía a sus manotones), cesó en su ataque. En esos breves instantes, pude comunicarme con mi esposa para pedirle que solicitara ayuda al 911, pues me estaban violentando y yo no sabía como seguiría la cuestión. Despues supe que finalmente mi mujer llamó al 911 desde mi domicilio. No sé si por efecto de mi llamado de auxilio, o por algún otro llamado que pudieran haber realizado el supermercado, cuando salí del negocio encontré un patrullero en la puerta. Me acerque al mismo para denunciar la situación y para mi sorpresa el agente lejos de auxiliarme a mi como víctima, me corrió del paso y decidió conversar con el personal que me violentaba haciendo gala de impertinente indiferencia conmigo.
Así las cosas decidí emprender el camino a mi casa distante a 200 mts. Al llegar a mi edificio, calle Ciudad de La Paz esquina Nuñez, el mismo policía que aparentemente me había seguido de a pié, tomando del abrigo desde atrás, groseramente detiene mi marcha y me increpa el no haberme quedado mientras él conversaba con mis agresores. Le pedí que soltara mis prendas e intenté proseguir mi marcha ante lo cual se interponía de manera patoteril. Sortee el paso e introduje mi llave y abrí la puesta de mi domicilio. En ese instante se desató lo increíble. El policía ingresó conmigo al edificio, forcejeando brutalmente. La puerta se cerró detrás de nosotros de manera que quedamos en el interior del edificio sin poder salir del mismo pues el picaporte no abre si no es con mi llave. El forcejéo del policía dentro de mi domicilio tomó una brutalidad, y fueron vanos los intentos de disuadirlo por parte del encargado que salió de su vivienda presuroso. Pero lo peor estaba por pasar.
Mi mujer y mi hijo descendieron por la escalera en el preciso momento que el encargado trataba de desbaratar la escena y el brutal policía desencadenaba una furia delante del llanto de mi niño de 6 años, mi mujer y el valiente encargado. Me arrojó al piso, me dobló el brazo y antes de que me esposara pude arrojar el celular para que mi esposa lo guardara. Estando en el piso de mi edificio me colocó esposas mientras otros efectivos que habían llegado ordenaban al portero que abriera la puerta. Yo le pedí que no lo hiciera, pero la situación doblegó la voluntad del portero que al abrirla permitió el ingreso de esas otras bestias. Me patearon, insultaron, golpearon mi rostro contra el piso de mi vivienda. Todo delante de vecinos que contemplaban azorados la escena mientras en esas condiciones fui sacado de mi domicilio.
Fui subido a un patrullero como el peor delincuente y allí me encerraron, sin poder moverme y dañándome mis manos por las esposas y la posición adoptada. Bloquearon la calle con tres patrulleros mas y así me tuvieron encerrado, durante espacio de hora ½. a la vista de todo el vecindario, hasta que arribó una ambulancia del Same. Me descendieron siempre esposado y el médico me preguntó si estaba lesionado. Respondí que no, salvo mis muñecas y mi brazo que ya no soportaban la presión. Un agente me avisó que me las aflojaría, pero yo creo que la ajustaron mas aún. Así me subieron al patrullero y me trasladaron a la Comisaría 35, donde mi mujer había llegado antes. Me alojaron en un calabozo. Después supe del destrato a mi mujer.
Me pidieron desnudarme. Obviamente que no lo hice, entonces me pidieron mis efectos personales y a cambio me ofrecieron si, mediante acta, quería entregárselos a mi esposa. Me llevaron a la oficina de un oficial jefe. Mi esposa presente recibió mis pertenencias. Me permitieron hacer una llamada y así pude comunicarme con una colega. Después, con mejores modales y sin esposas, me devolvieron al calabozo, donde el trato mejoró. Inclusive, advertí una llamada al interno del Sargento a cargo, donde le reclamarían encerrarme tras rejas, pero el razonable suboficial respondió que yo era un caballero y que tal medida no era necesaria.
Transcurrieron largas horas hasta que a las 12 de la noche, con el cambio de turno, el nuevo oficial jefe me invitó a subir a su oficina. Enseguida el contacto de todos los compañeros que circularon la noticia por internet, permitío que llegaran al lugar entrañables colegas y amigos de quienes no tengo palabras de agradecimiento para señalar lo que esta noche hicieron. Quiero destacar la presencia de todos ellos. Del Dr. Gustavo Ciampa, nuestro gran amigo de la Corriente de Abogados 7 de Julio, seguido minutos después por Luis Roa, Elbio Blanco, Teresita Pablovsky y su esposo Hugo Perosa. También se llegaron hasta la comisaría mi viejo amigo Alejandro Couso y su hijo Manuel. Allí se les informó que yo estaba detenido por lesiones art. 89 del C Penal y por resistencia a la autoridad. Como ya dije, yo fui el violentado por personal de seguridad del Supermercado, y fue mi familia la que pidió el auxilio.
Pero evidentemente la empresa invirtió los términos con la colaboración de esa maldita policía siempre al servicio de los mismos. Es evidente y así quedará probado que yo no fui el agresor. El supuesto agredido, personal de seguridad de la empresa norteamericana, me dobla en juventud y tamaño. Para colmo trascendió que el mismo al concurrir a sede policial no pudo sostener la supuesta falsa denuncia y cambió los dichos del policía que me arrebató de mi casa, para decir que yo habría intentado agredirlo, pero sin éxito, y que el solamente me sujetó. Sabido es que las lesiones no tienen grado de tentativa, por lo cual, el policía que me detuvo, lo hizo sin existir delito alguno ni siquiera comprobarlo. Por lo tanto, lejos está de pretender aparentar una resistencia a la autoridad, cuando su presencia en mi edificio no requería el despliegue de una autoridad que yo debía obedecer. Es decir, no puede detenerme si no hay acusación de delito, máxime cuando yo invocaba en todo caso ser víctima de uno y no tenía pruebas mas que los supuestos dichos del personal de Wall Mart, que a la postre se habrían desdicho en su declaración policial posterior, reconociendo mi falta de agresión trocándola por un simple enojo.
Por lo demás, resistir a la autoridad demanda la legitimidad en el ejercicio de su proceder y la adopción de medidas tendientes a remediarla, no advirtiendo que un abogado que no cometió delito deba obedecer a un caprichoso y tendencioso obrar policial que no es mas que un abuso de su autoridad. Y mas aún cuando ya había ingresado a mi domicilio al que no puede ingresar sin mi consentimiento. No pretendo abundar mas a mi calvario. Es evidente que la policía a la que yo había llamado a través de mi esposa, concurrió a defender los privilegios de la cadena Estadounidense. Es obvio que sabía la inexistencia del delito y lo que se quiso reprimir es la denuncia por malos tratos de la empresa e incumplimiento a las normas de comercialización. Además, está claro que mantenerme esposado dentro de mi domicilio, retirarme del mismo, insultarme, alojarme hora y media en un patrullero en la puerta de mi casa, es un abuso a mis mas elementales derechos.
La situación de las órdenes judiciales no fueron mejores. El Juzgado no fue ajeno. Yo diría que enterado del entuerto el tipo de empresa y el tipo de víctima (abogado, rtv.) el juzgado prolongó el procedimiento al imputarme y sin prueba alguna disponer mi detención y prolongarla por espacio de 12 horas amparados en las demoras procedimentales. Por todos los medios procuraré que este atropello no quede impune.
La policía, la corporación judicial, y la empresa abusadora, trabajaron juntas. Mi calvario no concluyó. Difícil será superar en mi pequeño el trance de ver a su padre violentado y humillado y en su domicilio. Difícil borrar la imagen de vecinos. Dificil olvidar que vivimos en un país que recuperó muchas cosas pero que con sujetos e instituciones como las mencionadas, se intenta vulnerar algo mas que la exhibición de precios. De todos nosotros depende que no ganen.
Gracias nuevamente a los compañeros. Y seguiremos dando las batallas que sean necesarias. Con profundo agradecimiento a todos los que se solidarizaron y a mi amigo y gran periodista Gabriel Fernández que con la difusión de la señal pudo convocar a los colegas que impidieron que el calvario se prolongara según sus arbitrarias y abusivos procederes.» Hernán Jareguiber.





