Especial 24 de marzo| Usted preguntará por qué marchamos

Por Lic. Alma Rodríguez. Docente de la UBA/ Miembro del Colectivo LIJ
Hace 42 años que marchamos para esta fecha. Sin embargo, cada 24 de marzo se nos presenta de una manera diferente a la anterior porque cambia la coyuntura en la cual ese día transcurre y, año a año, surge una nueva consigna. Así y todo siempre marchamos por lo mismo y contra lo mismo.
Desde aquella Plaza que constituyó el punto de reunión de los hombres y mujeres de Mayo, hace más de dos siglos, hasta lo que será la plaza de este sábado, cada año el ritual de encuentro en ese lugar representa un acto simbólico de restitución de la memoria. Y esa ceremonia colectiva se lleva a cabo cada año, para la misma fecha, en el mismo lugar como un ritual, como una forma de renovación acerca de que estamos ahí para no olvidar.
La Plaza de Mayo, se sabe, es un símbolo, un lugar emblemático por lo histórico y es, también, un lugar de reunión a cielo abierto frente al poder a puertas cerradas. Esa Plaza representa un lugar de encuentro común, de reunión, de comunión. Este año no será la misma Plaza, puesto que ya no están los pañuelos que las madres hubieron puesto allí para enseñarnos a caminar sobre sus pasos y que nos permitían recordar -y recordarnos- el camino a seguir.
En toda América Latina la participación creciente de las mujeres en organizaciones populares ha demostrado la capacidad de movilización a partir de demandas específicas. En el caso de las Madres y Abuelas, La desaparición de un hijo significó un hecho de ruptura en la vida de esas mujeres: ellas fueron capaces de hacer frente a las alteraciones de la vida cotidiana, a ellas les cambió su vida para siempre. Pasaron de estar en sus casas, ocupándose de las tareas cotidianas históricamente asignadas a la mujer (tareas de limpieza, cocina, maridos, escuela de sus hijos o preparación de festejos de cumpleaños o reuniones familiares) para estar en la Plaza luchando contra la Dictadura Militar y, al día de hoy, para movilizar y reunir a todo un pueblo.
Y otra vez las mujeres en la gestación de la historia y en la construcción del ritual. Ellas, las madres y abuelas, que habitaban sus casas, encargándose de cocinar y de hacer la torta para los festejos de cumpleaños, salieron de su ámbito familiar y privado a decirnos a todos y todas cómo reunirnos cada 24 y cómo hacer para no olvidar. Aunque cada una lo hizo desde su lugar, todas coincidieron en el impulso que las lanzó como una fuerza a seguir hacia delante, traspasando el miedo y el dolor infinito para hacer de eso un acto de amor. La lucha de estas mujeres lleva 42 años sin interrupciones y hay algo que es indiscutible: la Plaza es de ellas porque ellas se la ganaron.
Desde que asumió Mauricio Macri, las políticas de derechos humanos representan un claro propósito de borramiento y un ninguneo hacia quienes vienen luchando incansablemente hace décadas por sostener la memoria y la búsqueda de la verdad y la justicia. Para quienes aceptan o avalan las actuales políticas neoliberales que encarna el gobierno de Mauricio Macri la marcha del 24 no tiene ningún valor histórico porque a ellos les contaron otra historia, la del “algo habrán hecho”. Para nosotros cada una de las marchas es histórica y, como cada 24 de marzo, no somos los mismos después de marchar. Siempre somos mejores después de cada marcha porque nos fortalecemos.
No es fácil para un votante o simpatizante de Cambiemos entender las aspiraciones desde lo colectivo pensando que sus ideas respaldan y simpatizan con la doctrina del gatillo fácil o la expulsión de inmigrantes latinoamericanos o la privatización de la salud, la educación y el transporte. Aunque todo eso lo perjudique. Es por eso que, seguramente, usted, preguntará por qué marchamos.
Marchamos por los 30.000 compañeros desaparecidos; marchamos para acompañar a las Madres y Abuelas quienes, en su lucha incansable, no marcaron el camino; marchamos contra la impunidad de los genocidas y el pedido de cárcel común para todos ellos; marchamos, también, para hacer frente a la feroz política de Mauricio Macri; marchamos por Santiago Maldonado, por Rafael Nahuel , por Facundo Ferreira ; marchamos para sostener la memoria, marchamos para recordarles que estamos vivos, marchamos para enseñarles el camino a nuestros hijos, marchamos por una patria libre, justa y soberana, marchamos porque después de Néstor y Cristina sabemos que nada es igual, marchamos en un país en el que hay presos políticos, marchamos para encontrarnos con nuestros compañeros, mirarnos a los ojos y reconocernos en el abrazo, marchamos para recordarnos que podrán cortar la flores pero nunca detendrán la primavera. Marchamos porque los sobrevivientes y nuestros muertos quieren que marchemos.





