Sociedad

El tango protagonizó la primera noche de los festejos en Plaza de Mayo

 

 

 

La Plaza de Mayo congregó en el escenario una variedad de expresiones que -acaso sin justificación desde la historia, formas, lenguajes y estilos- se acomodan todas por igual bajo el rótulo de tango.

La originalidad compositiva de Diego Schissi, las búsquedas de la Orquesta Rascacielos, el lenguaje electrónico de Tanghetto, la voz áspera con reminiscencias rockeras de Omar Mollo, el modernismo de Escalandrum, el movimientismo post ’90 de La Chicana y los gestos clásicos de Guillemo Fernández convivieron en el escenario.

 

 

El título «tango» es, allí, un territorio de disputa. Y la Plaza -con su desparpajo en convocatoria- fue un espacio de reproducción de esa misma confrontación simbólica que lleva más de dos décadas.

Su irreverencia compositiva no lo confronta con la tradición sino que, por el contrario, lo ubica en al frente de esa tradición.

Así se reflejó  con la interpretación de «Astor de pibe», composición de Schissi con obvias referencias y que expresa los lugares donde los músicos de tango pueden afirmarse en relación con el ejercicio del oficio en la era post-piazzolleana.

También con «Liquido 3» y «Líquido 5», emblemas de un memorable disco, «Tongos, tangos improbables» con el que Schissi deconstruyó en su momento el lenguaje de la tradición tanguera con inclusión, claro, del universo del vals y la milonga.

Esa apuesta -una audacia para los criterios habituales de un festival popular- fue apoyada en el escenario por una formación integrada por Guillermo Rubino (Violín), Santiago Segret (Bandoneón), Ismael Grossman (Guitarra) y Juan Pablo Navarro (Contrabajo), algunos de los más valiosos músicos de este tiempo.

Nada de eso parece conciliarse con la propuesta de Tanghetto, que también cultiva la fusión del tango, con menos audacia, pero a la vez arrojada muy lejos de los sedimentos que dicen cultivar.

Con un exitoso y frondoso camino en ele exterior, Tanghetto, el colectivo liderado por Max Masri, elige unos timbres y una nomenclatura que evoca lo que al mismo tiempo su sonoridad distancia.

Otra forma de cultivar el desparpajo, acaso desde la actitud, la autogestión o el coraje para animarse a desarmar las estructuras consagradas en las décadas de oro fue la que mostró La Chicana, una formación con 15 años de tránsito en el manoseado universo del «tango nuevo» y encabezada por Dolores Solá y Acho Estol.

Sea en la interpretación clásica del tango -que bien les calza- como en sus apuestas a la composición de Estol, La Chicana emerge bien parada -como anoche, donde inauguró su rutina con «Revolución o Picnic» y que entregó algunos hitos de su historia, como una celebrada versión de «La Patota». El mismo prisma puede utilizarse para Omar Mollo, que levantó a la Plaza con su versión de «Afiches».

 

 

Colabora con Infobaires24
Suscribite a nuestro canal de youtube TIERRA DEL FUEGO

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba

Tiene un bloqueador de publicidad Activo

Por favor desactive su bloqueador de anuncios, Infobaires24 se financia casi en su totalidad con los ingresos de lass publicidades