Ciencia

El INTA crea invernaderos a la medida del clima austral

Técnicos del INTA Río Grande, junto con el programa Prohuerta y otras organizaciones fueguinas, diseñaron un invernáculo resistente a las inclemencias climáticas de la región y ya lo fabrican en serie.

Según los técnicos, la producción bajo cubierta aumenta el tiempo productivo, triplica la cantidad de hortalizas obtenidas, mejora su calidad y amplía las posibilidades de producción. Debido a este potencial y a la demanda de los agricultores por invernáculos que toleren las adversidades del clima austral, el INTA Río Grande –Tierra del Fuego–, junto con el programa Prohuerta y otras organizaciones locales, diseñó una estructura apropiada a las inclemencias de la zona y comenzó a fabricarla en serie.

Cumplimos el objetivo y pudimos diseñar un invernadero que resistiera las inclemencias climáticas.

“Los invernáculos se entregan con una garantía de 15 años, lo que hace que el producto sea de gran interés para los productores, ya que muchas veces la rotura de estos insumos causa el abandono de la actividad hortícola”, afirmó Paulo Gea, coordinador provincial del Prohuerta en Tierra del Fuego, sobre la tecnología que, incluso, atrajo a algunos productores de Chile interesados en adquirirla.

El clima fueguino combina bajas temperaturas, fuertes vientos –concentrados en la época estival, momento de mayor vigor productivo–, escasa radiación solar y un marcado período de luz. En este contexto, Gea destacó la producción bajo cubierta como una estrategia fundamental para las 50 familias de Río Grande que deben mantener un cultivo regular y rentable gran parte del año.

Lechuga, verduras de hoja, papa, rabanito, nabo y hasta tomate –una especie propia de áreas más templadas por su demanda de luz solar– son algunos de los cultivos que pueden identificarse con mayor frecuencia en los invernáculos sureños. Asimismo, las condiciones no impiden la producción de algunas frutas como las frutillas.

Los invernáculos diseñados poseen una cobertura de policarbonato fortalecida con una estructura de galvanizado y sujeciones que garantizan la estabilidad de la armazón.

“Cumplimos el objetivo y pudimos diseñar un invernadero que resistiera las inclemencias climáticas y pudiera arreglarse o ampliarse con materiales que estuviesen a mano y cumplan con las necesidades técnicas”, detalló Gea.

Hasta el momento, los productores adquirían estructuras prefabricadas a empresas reconocidas del país, las cuales debían adaptarse a los requerimientos de la zona y cuyos repuestos y garantía eran de difícil acceso. Luego, en virtud de facilitar la logística, los agricultores optaron por construir sus invernáculos con materiales de la región, pero estos se rompían fácilmente.

El proyecto fue financiado por el Ministerio de Agricultura de la Nación, a través de la Secretaría de Desarrollo Rural, e implementado por el Prohuerta, un programa que el INTA y el Ministerio de Desarrollo de la Nación llevan a cabo desde hace 25 años con más de 3,5 millones de beneficiarios. También participaron la Cámara de Industriales Metalúrgicos de Tierra del Fuego, entidad que promovió la fabricación en serie de los invernáculos, la Secretaría de Producción local y el INTA Río Grande.

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