El calvario de la primera víctima por contagio de Covid-19 en Tucumán

Pasó 18 días aislada por orden judicial en el Hospital del Este, donde recibió un verdadero destrato por parte del personal médico. Mientras tanto, su familia padecía las dificultades económicas desatadas por el coronavirus.
Se trata de Silvina Mansilla, una mujer de 23 años que se gana la vida cortando el pelo. El pasado martes 14 de abril, junto a otros dos pacientes, se convirtió en una de los tres primeros portadores de coronavirus recuperados de la provincia de Tucumán. Esa recuperación estuvo marcada de destrato por parte de quienes deberían haberla cuidado.
Pero el calvario tuvo comienzo días antes del 17 de marzo, fecha de la última sesión legislativa antes de que la totalidad de los legisladores debieran cumplir obligadamente la cuarentena. En ese momento, Silvia tuvo que cortarle el pelo a varias personas, entre ellas Ricardo Bussi. Días después, el legislador de Fuerza Republicana confirmó que era positivo de Covid-19.

“¿Yo por qué me hago la prueba? Porque yo ya me sentía mal y después me enteré que a él le sale positivo y me acordé que lo había atendido ese día. Yo no sé quién me contagió”, relató Silvina. En ese sentido, reveló que uno de los síntomas que llevó con mayor dificultad fue la imposibilidad de respirar con normalidad. “Es una cosa que sentís que no te entra más el aire y ya pensás cualquier cosa”, detalló.
Luego de que ella se hiciera el hisopado en un centro de salud, su marido y su hermana manifestaron fiebre. Así las cosas, se comunicaron inmediatamente con el SiProSa (Sistema Provincial de Salud), donde les informaron que pasarían a buscarlos. Pero eso nunca sucedió. Sin más que hacer, Marcos subió a su cuñada a su moto y partieron rumbo al Hospital del Este. Ese movimiento desató la locura.
En la calle, un inmenso operativo policial se desplegó. Los efectivos intentaron tirar la reja de la casas, acusando que ella no estaba cumpliendo la cuarentena. Los intentos de explicación por parte de Silvina fueron inútiles. Minutos después, llegó la asistencia médica móvil, pero no para atender a Marcos o a su cuñada, sino para llevarse a Silvina a cumplir con el aislamiento en un hospital por orden judicial.

Y en el hospital comenzó otra etapa cargada de malos tratos por parte de quienes deberían dar el ejemplo. “En el hospital ha sido de terror, no tenía agua, no te dan. A veces un chico de la cocina nos hacía llegar una botella de 3 litros, pero fue una sola vez porque no quería tener problemas. Fue una vez una amiga a querer dejarme unas cosas y no querían que me las dejara. Estuve cuatro días sin comer porque me dejaban la comida fría y cruda; a ellos no es importaba. Estuve sola, cada habitación tiene una cama de acompañante. Era todo cerrado, solo la ventana podía abrir para ventilar, tenía un baño. Los primeros días salía helada el agua en la ducha”, recordó en diálogo con El Tucumano.
A la compleja situación que estaban atravesando Silvina y Marcos se les sumó una factura de luz de $10.000 luego de medio mes sin ingresos a causa, principalmente, del accionar de ciertos sectores de gobierno y de la sociedad.
El 14 de abril, 18 días después de que la propia policía se apersonara en su casa con una orden judicial, Silvina logró volver a su hogar: “Me dieron el alta, lo llamé a mi marido y me buscó. Fue terrible y después al verla a mi hija… Quería aclarar otra cosa: no quiero que le pase a otra gente lo mismo que a nosotros”.
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