Educar para la transformación social

La educación tiene la magia de poder hacer de lo humano algo en movimiento, frente a una realidad que nos convoca a la quietud, la curiosidad del comprender nos mueve a salir de nuestros lugares estancos para caminar procesos de aprendizaje, los cuales nos interpelan y nos llevan a nuevas comprensiones del mundo y de nuestra propia humanidad.
La idea de la transformación es inherente a toda acción productiva, el ser humano transforma la materia para poder convertirla en un bien de uso útil para el mismo y para otros, es así que el trabajo se convierte en una tarea transformadora, pero para poder generar esa acción de modificación de las cosas antes debe haber un proceso de aprendizaje, es en este punto elemental de la producción humana en el cual, educación y transformación se vuelven eslabones de una misma cadena.
La coyuntura actual signada por las consecuencias de cuatro años de gobierno neoliberal, cuya matriz ideológica concebía a los pobres fuera de las universidades, nos dejó una gran brecha de desigualdad entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco, la nueva realidad política marcada por la llegada de un gobierno cercano a los intereses populares abre la posibilidad de poner en agenda nuevos desafíos que apunten a achicar esa brecha.
Asumir el desafío de construir procesos educativos más equitativos nos permite desafiar la matriz conceptual de la desigualdad, en primer lugar, porque concebir de plano que todos tenemos derecho a una educación de calidad es un hecho que en sí mismo desata un cambio estructural, desde ese punto de vista es un salto cualitativo tener hoy en el ministerio de educación a un ministro y un equipo técnico con basta formación pedagógica pero a la vez con una gran sensibilidad por los problemas de los sectores más humildes.
En esta nueva circunstancia histórica en la cual muchos sentimos que tenemos un estado presente y cercano es urgente poder desde los diferentes actores que componen la comunidad educativa poner en marcha procesos de acción y reflexión orientados a hacer de la educación una herramienta de transformación social.
Comprender a la educación como una herramienta de transformación social pone sobre la mesa la posibilidad comenzar a ver la necesidad de generar procesos formativos orientados a volver a tener capital humano tecnificado, que tenga la capacidad de asumir el desafió de ser parte de un necesario proceso de re activación de la matriz productiva nacional, en tiempos en que muchas fronteras se cierran es menester abrir los límites de la creatividad colectiva para comenzar a ensayar nuevos procesos de producción que nos permitan recuperar el concepto de soberanía en su dimensión más amplia.
En sintonia con el concepto de transformación social los sectores populares vienen ensayando en los últimos años nuevos modos de producción, construidos desde abajo casi artesanalmente, pero con una gran potencia e impacto, los trabajadores de la economía popular hoy representan un actor insoslayable de la realidad productiva del país, ante esto se hace necesario poder desatar trayectos formativos que jerarquicen estos nuevos conceptos sociales y económicos impuestos por la realidad, la educación transformadora no solo tiene la capacidad de abrigar estos nuevos mecanismos de producción sino también de potenciarlos, aprender de ellos, sistematizarlos y así permitir que estos datos de realidad se vuelvan conceptos sólidos que perduren en el tiempo y nos posibiliten abrir el juego a nuevas concepciones del mundo del trabajo y de sus actores.
Educar para la transformación social nos permite desafiar la desigualdad, comprender nuevos mecanismos socio económicos y desatar procesos de recuperación de soberanía productiva que nos permitan construir una sociedad más justa.





