Eduardo Duhalde y su obsesión golpista
La misoginia que lo caracteriza, se vuelca en varias expresiones desestabilizadoras.

Yo no puedo estar con Cristina Kirchner porque no lo quiere a Perón, para Cristina; Perón es un viejo de mierda”, dijo en un programa de televisión.
El ex mandatario de la crisis y el default, arremete contra la presidencia de Fernández y Kirchner. Está molesto o en modo campaña, hace sentir que su disconformidad se relaciona con los objetivos planteados y a la hora de los discursos está siempre más cercano a la ultraderecha argentina que al electorado.
“Voy a tratar por todos los medios que este gobierno no pueda seguir gobernando” tiró como una amenaza ante las cámaras de la tevé porteña, como si él no viviera en medio de la pandemia que estruja el corazón de la ciudadanía, entre las miles de víctimas que ya no están para los próximos comicios legislativos.
Duhalde olvida con una envidiable facilidad, esa que el laburante no ostenta. Aun así está convencido, o al menos lo demuestra, que podría ganar las próximas elecciones parlamentarias.
El geronte político supo alguna vez, admitir: “No me acuerdo de ninguna elección, tampoco de ningún acto, campaña o caravana; menos todavía de cuando asumí la intendencia por primera vez y tampoco cuando llegué a la vicepresidencia o a la gobernación. Veo esas cosas por televisión y me parece que ese tipo es otro. Veo todo eso, o me lo cuentan, y yo me digo: «No puede ser, le pasó a otro”
DUHALDE RETRATADO POR LÓPEZ ECHAGÜE
Duhalde tuvo una estrecha relación con los militares durante la última dictadura”, señala Hernán López Echagüe.
En La Mañana, el autor de la biografía «El Otro» enfatizó que el ex presidente «vivió tranquilamente mientras sus compañeros eran torturados y asesinados» y atribuyó su propuesta de usar a las FFAA para «combatir la inseguridad» a «una especie de retribución».
El Negro Bujía, asiduo visitante de la finca San Alejo en La Caldera (Salta), en la década de los 80, fue mano derecha del Zabeca de Banfield. Hoy tras bastidores este personaje siniestro quiere tejer y entretejer en la política actual.
Todo figura en el libro escrito por Echagüe, El Otro, donde detalla con pelos y señales quién es Eduardo Duhalde. Entre esas líneas, además cita a ese personaje que le enseñó a “jetonear” las amenazas con las que siempre habla de Cristina, de modo desvergonzado y lascivo.
El Negro Bujía “Con el correr de los años, presentándose continuamente como la mano derecha de Duhalde – con quien, además, guardaba cierto parecido físico, el Negro Bujía logró conquistar la confianza y la simpatía de las poderosas familias peronistas del noroeste del país: los Saadi; los Yoma; los Mera Figueroa; los Romero” es una pieza a tener en cuenta de los quiénes detrás de la cabeza de Duhalde.

El 12-10-2010 Duhalde perdió la querella contra el periodista Hernán López Echagüe. Luego de varios fallos adversos en lo penal el líder del Peronismo Federal, decidió iniciar una nueva causa, esta vez civil, en contra del periodista reclamando un resarcimiento por daño moral de 500 mil pesos. Ante esta nueva embestida el trabajador de prensa se negó a todo tipo de conciliación o retractación y, por el contrario, decidió responder con más información acerca del ex jefe de Estado.
En agosto de 1993, luego de publicar en Página/12 una serie de artículos sobre las mafias políticas en la Argentina, le cortaron la cara de un navajazo. Los agresores lo amenazaron diciéndole «dejate de escribir esas pelotudeces, gato»
En un segundo caso, 15 días después, sufrió una golpiza a las puertas del Bingo Avellaneda. Había concurrido al lugar investigando la adicción al juego de una supuesta amante de Eduardo Duhalde.
De él llegó a decir Ernesto Sábato: «un par más y le dan la jefatura de un diario», a propósito de la enorme repercusión mediática internacional que tuvo.
En ambos casos se debió a sus investigaciones en la Provincia de Bs. As. durante la gobernación de Eduardo Duhalde, con Carlos Menem de Presidente y Carlos Ruckauf como ministro del Interior, quien prometió investigar «hasta las últimas consecuencias», cosa que no cumplió según se encargó de recordarle Jorge Lanata, director del diario donde Echagüe escribía: Página/12.

En ocasión de los juicios que recibió por su libro El Otro, fue llevado por la fuerza ante el juez, lo que fue repudiado por la Asociación Periodistas.
En las primeras semanas de enero de 1998, hastiado de las frecuentes amenazas que recibía a causa de sus trabajos periodísticos, se radicó con su familia en la ciudad de Nueva Palmira, costa oeste del Uruguay, donde reside.
Duhalde no ha cambiado de apariencia, ni de domicilio, tampoco de mañas. En su tercera edad sigue ejerciendo violencia política sobre una mujer que lo incomoda, le hace sentir que está fuera del juego, la misma que al brillar, le revuelve las tripas a un desconocido para las nuevas generaciones de la militancia política.





