Torturaron a dos militantes de la Villa 21-24

Ezequiel Villanueva Moya, de 15 años, y su amigo Iván Navarro, fueron salvajemente torturados por efectivos de la Prefectura Naval Argentina (PNA), que en teoría velan por la seguridad de los habitantes de la Villa 21-24, tras ser requisados en un principio por efectivos de la Policía Federal, quienes los demoraron unos minutos por «portación de rostro». Moya iba camino a casa de su abuela y se encontró en la calle con su amigo.
El sábado pasado, cuando Ezequiel Villanueva Moya se dirigía a la casa de su abuela Beti, quien también vive en la Villa 21-24, fue demorado por Policía Federal, quienes lo denigraron y chicanearon por el supuesto «origen espurio» de sus ropas. Tras ese breve, y lamentablemente común, encuentro con la Federal, siguió caminando y se encontró con su amigo Iván Navarro, ambos integran el colectivo que edita la revista la «Garganta Poderosa».
Luego de caminar media cuadra, fueron interceptados por tres móviles de Prefectura Naval, con cuatro uniformados cada uno, sin mediar palabras los introdujeron en uno de los vehículos, y los llevaron a la garita que esa Fuerza posee en la intersección de las calles Osvaldo Cruz e Iguazú, donde les pegaron en reiteradas ocasiones. Luego los subieron a otro vehículo con las cabezas tapadas, obligados a sentarse uno arriba del otro.
Fueron llevados por Prefectura con la cabeza tapada a un descampado cerca del Riachuelo, donde fueron salvajemente golpeados, amenazados de muerte, y varias de sus prendas fueros robadas por los efectivos
Desde ahí fueron trasladados a un descampado lindero al Riachuelo, donde tras pegarle trompadas en la cara y palazos en las piernas, los obligaron a hacer flexiones de brazo mientras los amenazaban de muerte. Luego los esposaron a un caño y tiraron varios tiros al aire, mientras les robaban las camperas y otras prendas que llevaban puestas.
Luego les ordenaron que se vayan corriendo, semidesnudos como estaban, y al lunes siguiente se presentaron en la Procuraduría Contra la Violencia Institucional, y en la Fiscalía de Pompeya, con la amarga sorpresa de encontrarse con uno de los prefectos torturadores, de Leandro Adolfo Antúnez.
Inmediatamente lo denunciaron y el fiscal a cargo de la causa, Marcelo Munilla Lacasa, pidió su orden de detención y la remoción de los agentes que integraban el móvil, aquella tenebrosa noche.





