Cristina y el Papa unidos en un acontecimiento histórico sin precedentes

Por Alejandro C. Tarruella
La sorpresiva noticia sobre la reiniciación de relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, tomó también por sorpresa a los presidentes del Mercosur reunidos en Paraná. Más allá de que alguno de los mandatarios contara con ciertos datos del proceso que se vivía (tal vez Cristina Fernández de Kirchner estaba informada por el flamante embajador en el Vaticano, Eduardo Valdés quien sabía algo de los entretelones de las negociaciones, o Maduro, por medio de su vínculo estrecho con Raúl Castro), la puesta en la calle de los hechos, activó a varias corrientes de pensamiento desde las que es posible analizar la importancia del acto que lanzaron los presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Cuba, Raúl Castro.
No es posible considerar que la intención de Obama tenga que ver exclusivamente con el hecho de haber perdido la reciente elección en su país. Es una impresión precaria, no definitiva. Obama no es un improvisado de la política y sabe que si su país está “apretando” en varios frentes, el más notorio de los cuales es Rusia, tiene que aflojar algunos de los que prevalecen. Como político avizoró que el tema Cuba es el pasado de la política y la política actúa en el presente. Pero además, es posible que haya imaginado para dar ese paso, que hay un campo para trabajar en unidad, la problemática de los hispanoamericanos y los inmigrantes de su país, a los que acaba de dar ventajas legales ineludibles para asimilarlos a un nuevo mapa de los Estados Unidos. Esos dos elementos son importantes a la hora de evaluar ese paso. Acercarse a América hispana, América Latina, es parte de la conformación de una política estratégica respecto de cómo ver al continente en su conjunto. Y la hipótesis del patio trasero, de su consideración en esos términos, es hoy tan anacrónica como la distancia y el bloqueo a Cuba. Tan injusto como lo son las injusticias que su país reparte en varias regiones del planeta.
Cuba por otra parte, precisa de aperturas hacia adentro y hacia afuera para consolidar el cambio económico que pretenden sus autoridades. Y este nuevo escenario robustece al campo del Unasur y el Mercosur, porque amplia en términos de asumir la realidad completa del continente como una totalidad, sin frentes que queden fuera de un hacer institucional que representa a la misma historia común de los países hispanoparlantes. Ver en un rol diferente a los Estados Unidos, con apertura hacia un nuevo concepto de las relaciones, aunque sea en la parcialidad, pues el 60 por ciento de la población de ese país aprueba el paso de Obama, es un cambio de mirada y esos momentos de ruptura, modifican la visión filosófica de los asuntos que se tratan.
Argentina, su gobierno, su presidenta y líder, Cristina Fernández de Kirchner, tienen en este hecho, la confirmación de un camino de reconocimiento de las necesidades políticas y sociales de las mayorías populares que se verá sin dudas beneficiado en la historia y en la construcción del presente. No en vano, los senadores republicanos que se oponen al camino de Raúl Castro y Barak Obama, son los servidores de la política de los fondos buitres.
Los buitres están ahí
Los senadores Marco Rubio, aspirante a la presidencia de Estados Unidos, y Roberto Bob Menéndez, republicanos que se oponen al camino de Obama, son hombres de Paul Singer a quienes algunos vinculan incluso a mafia, y Bob incluso pertenece a la firma de Abogados Lowenstein Sandler – asociada a los fondos buitres –su segundo mayor contribuyente de fondos de campaña entre los años 2009 y 2014. Fondos, por supuesto, de fondos buitres. Esa es parte de las injusticias a enfrentar.
Nada es casual o improvisado en la política internacional. “La política –enseñó Perón- es política internacional”. Tanto que otro argentino, el Papa Francisco, resulta ser un actor central de las negociaciones que durante un año y medio, abrieron las puertas de un acuerdo que iba a conmover al mundo. Francisco tiene una preocupación muy seria por la paz en un planeta convulsionado por las guerras, que las corporaciones económicas, en parte el petróleo, desarrollan para colocar sus productos y arrebatar porciones de poder en varios continentes. Y tiene en América Latina, un bastión donde gobiernos de corrientes populares, interesados en la promoción social de sus habitantes, van logrando niveles de unidad política e institucional desconocidos.
Es importante considerar que la noticia se conoció a nivel mundial el día de cumpleaños número 78 de Jorge Bergoglio. Y que su vocero, Guillermo Karcher, señaló que «El papa Francisco sueña con la democracia en Cuba». Frase significativa en el sentido de que es posible que haya propuestas para encarar un camino democrático común a los países de Iberoamérica. Cuba tiene en el plano regional y municipal mecanismos democráticos y en cierto modo, tanto el bloqueo como la presión de esa gran potencia con la que ahora ensaya un acercamiento, dieron marco a un rumbo en el cual sus autoridades políticas, procuraban resguardar un sistema político basado en la revolución iniciada en enero de 1959. Ahora, si los cambios exigen cambios, los protagonistas de la apertura, pondrán sobre la mesa propuestas, observaciones y su capacidad de reflexión para analizar presente y futuro de los vínculos y sus formas.
Argentina, liderazgo y transformación
Para Argentina, el escenario político e histórico de la hora, es de una enorme importancia. Consolida el legado político de Néstor Kirchner, profundiza el histórico del federalismo, de Artigas, de Dorrego, de San Martín, de Rosas, de Yrigoyen, y pone el presente en manos del liderazgo de Cristina en tiempo electoral. Abre aún más los cauces de un tiempo político y social para el continente, que reafirma lo hecho en estos años en el país. A la vez, solidifica el protagonismo del kirchnerismo como fuerza política del cambio en paz, con educación, producción, salud, cultura y todo aquello que haga a la dignidad de los pueblos y las personas.
Por eso mañana, cuando en el Vaticano, el nuevo embajador argentino, Eduardo Valdés asuma, un lazo profundo y novedoso va a ganar fuerza y fervor. No por nada, la Presidente de la Argentina, a través de la representación del titular de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez, estará presente. Nos cabe entonces indagar para hacer un nuevo tiempo que también nos da motivo para imaginar un escenario de transformación nacional con proyección regional y continental sin precedentes. El pasado se funde en un tablero político inédito y la realidad exige, sobre la marcha de los acontecimientos, consolidar los pasos que nos llevan de 2003 a la transformación.





