Política

«Cristina: Vivir y compartir»

Alejandro C. Tarruella Discurso ante gente de la cultura y el espectáculo

Una voz única

Cristina llegó de pronto, cuando los artistas, escritores y cantantes la esperaban en la sede de la Fundación de la calle Rodríguez Peña. El espacio, un ambiente de unos cuarenta metros encerrado entre paredes de techos altos, tenía una mesada en la mitad. Ella observó que su lugar era demasiado lejano al fondo, que llegaba a un patio techado con cristales, y comenzó a caminar lentamente. De pronto se detuvo en la mesada y dijo al micrófono que se iba a sentar allí para hablar. Y se sentó como quien descubre la alegría común.

Para llegar a su punto de ubicación tuvo que atravesar abrazos, besos, personas que querían tocarla. Estaba sola, sin más compañía que dos personas que aparentemente pertenecían al Instituto. Su sentimiento de alegría era intenso y se correspondía con un abrazo y una mención.

Peteco Carabajal, de Santiago del Estero, Mavi Díaz, hija del notable Hugo Díaz, notable creadora nacional, Liliana Viale, la hermana de Lito, hoy cuñada de Hilda Lizarazzu, Luciana Jury, Guillermo Fernández, Luis Longui, la Negra Fiorentino, Dadi Brieva, Rita Cortese, celebraban el encuentro.

Cristina Fernández de Kirchner se veía despojada, sencilla, tal vez dispuesta a asumir que no hay mayor odio que el que genere el hecho de ser mujer en ejercicio del poder

La ex presidenta reconoció en su discurso que el gobierno de Isabel Perón fue derrocado cuando había adelantado las elecciones en un país industrial. Interesante subrayado para recoger para un análisis histórico. Posiblemente habrá que reflexionar, en un frente ciudadano, sobre cuestiones urgentes. Sí Evita hubiese ejercido un cargo concreto, pues nunca lo tuvo, ¿cuál hubiera sido la reacción del mamarracho masculino semejante al que hoy la rechaza incluso en el peronismo?

Es posible que la hubieran calificado de yegua, tal vez un reconocimiento indirecto, inconsciente, como lo hacen hoy los oligarcas, garcas, que azuzan, en desuso, las prácticas de los que operan para someterse a la oligarquía populista de la época. Se llama macrismo.

CFK contó su experiencia con los curas de Isla Maciel, en el Dock Sur temible por las refinerías y amable por las vivencias de los amenazados; el amor de los curitas que la convocaron y encontraron que la ex es un presente solidario que puede acompañar el dolor de los otros. No había usura ni intereses en sus manos sino palabras, un cálido asunto de conocerse cuando muchos conocían quien había tomado la decisión de que fueran mejores. Los tiempos cambian y aún el despojo no aleja a la coherencia.

Cristina abogó nuevamente por el frente ciudadano. Recordó los principios de la revolución francesa. “Yo no sé que me han hecho tus ojos”, diría con tesón contenido Luciana Jury, anotando lecciones de Violeta Parra, a quien parecía aludir Cristina en un gracias a la vida que esa tarde compartía con Darío Grandinetti y Alejandro Dolina.

Hoy Evita sería negada como conductora por intendentes del conurbano que pasearon el menemismo con pasión, nadie les discute el sentimiento misógino, apenas se trata de remarcar que rechazan el ejercicio de poder por una mujer. «Me gustas cuando callas porque estás como ausente, no me gustas cuando me hallas» podría decir el poeta.

Escritores de rumbo flecha como Vicente Batista o Alejandro Dolina, Jorge Dorio podrían sumarse como Camilo García o la actriz Marcela Ferradás, a un mundo de voces cuyos apellidos no siempre resuenan en los circos serviciales de la tevé.

Ciudadanía, parecía sintetizar, representa a nuestra alternativa de exigir derechos como argentinos. Teresa Parodi exigiría un Apurate José y arrancaría lágrimas con la changa de los domingos, cuando padre y madre criarían los hijos sin verse, heridos de encuentros, dormidos en una canción con ritmo de aguas litorales y una estrella en el firmamento del sur.

El frente ciudadano está planteado en sus palabras como el lugar de la libertad, la igualdad y la fraternidad en una patria libre, justa y soberana. Un desafío que habrá de plasmarse tal vez cuando la canción lleve a cantar “Volver a los 17”, el de octubre, el de noviembre, el de algún mes que lleve como emblema un mismo día que reencuentre un país al que algunos presumen como un lugar para endeudarse con la firma de otros. La víctima. Y no tomen en cuenta que rebelión y resistencia recuperan en la adversidad la gracia de sol y sombra. Solo para vivir y compartir.

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