Cristina tiene la claridad que se sostiene en la respuesta del pueblo argentino

Por Ignacio Campos
A una semana de sucedido el episodio que acabó con la vida del fiscal Nisman, y al menos dos datos que no pueden ser desmentidos: la conducción del país tiene en Cristina Fernández de Kirchner a una líder que se sostiene en la claridad de un país y un pueblo, que sabe adónde va. La otra, es que el episodio encierra una trama que trasciende las fronteras nacionales y constituye, el más fuerte intento desestabilizador de cuanto se conocen desde el 25 de Mayo de 2003.
Si el primer intento de quebrar el Estado de Derecho fue el editorial de Claudio Escribano en “La Nación”, que anunciaba que el gobierno que asumía no llegaba a fin de 2003, éste no solo es el último, sino el más contundente. Los mandamases políticos implicados (hay que marcar en particular a tres, Patricia Bullrich, Laura Alonso y Sergio Massa por sus vinculaciones a centrales internacionales de acción contra el país), se jugaron una vez más en la idea de aquí se acababa todo. Lo que no midieron es que en Argentina la convicción de la Presidente y del pueblo, son más sólidas y precavidas que los vaivenes histéricos de ellos y sus amigos, llámense Lanata, o como quiera.
Una muerte paraliza. Sin dudas. Y eso ocurrió con Nisman. No se trata aquí de dilucidar el caso, para eso está la justicia, y se espera que no ocurra lo que se sufre con AMIA, con Cabezas y tantos otros. Al paralizar por estupor, los desestabilizadores salieron en masa (nunca mejor expresado) a los medios de comunicación. Sin excepción acusaron al gobierno para lanzar un nuevo operativo odio. Salieron los señores bien hasta en Punta del Este a exponer su triste modo de contar que odian a pobres, a trabajadores, a mujeres que luchan, a personas diferentes, a gauchos e indios, etc. Sobre esa base, creían que lograrían movilizar su desesperanza. Fracasaron, no alcanzó ni la sanata ni el bolazo. Se diluyeron porque a la hora de “mostrar” las pruebas que no exhibió el malogrado fiscal, dejaron en claro que uno de los mayores indicios del gordo sanata, en las escuchas de los opositores de inteligencia, era que D’Elía hablaba con su amigo de origen árabe, de comer comida árabe. Lo que parecía un operativo perfecto, caía en los pantanos del ridículo.
De manera que no hay modo de contradecir a la percepción de que estamos envueltos en un gran operativo con base en el norte (recordemos uno de los discursos de Cristina hace más de un mes), que tienen por aquí a varios empleados de fuerzas políticas que pueden estar cobrando para pasar el verano. Pero es lo menos importante, porque lo importante reside en que la convicción de Cristina Fernández de Kirchner indica que hay un movimiento nacional en lucha, que hay un pueblo que toma esas convicciones y las hace suyas, y que no está dispuesto, sin hacer ni siquiera un gesto hasta que no se requiera, a que se quiebre el tiempo histórico político iniciado por Néstor Kirchner. Lo avalan un camino, la recuperación de las paritarias, 6 millones de puestos de trabajo, un presupuesto de educación histórico, la asignación universal por hijo, el giro cultural nacional, popular con proyección a la Patria Grande, el crecimiento de la industria, los subsidios a pymes, productores, creadores, etc. Las obras en todo el país, las escuelas construidas. No se puede borrar con el codo lo que se escribió en miles de realizaciones en todo el país. Y ese hacer de cada día, construye convicción a cada hora. Ese es el imposible de la reacción que rezuma a gorilismo herido de pasado.
Como no estamos en 1955, hemos tomado esa experiencia y sabemos que no podemos cometer errores que nos devuelvan a un horizonte de sangre. El ’55 es semejante al ’76. Hoy estamos en 2015 y hemos asimilado la experiencia. El país cuenta con una democracia vibrante y una conductora política avalada por millones en su misión de hacer el país que queremos. Ante estos embates, se recomienda repasar lo realizado y tener sangre fría. Como hay liderazgo, desde ese espacio se marca la línea de acción sobre la unidad de concepción que lo sostiene. No importa perderse un detalle de la sanata de los medios, observemos que los propios difusores de la mentirosa presentación del pobre fiscal a la justicia, se bajan ahora de sus dichos porque no hay forma de mostrar una certeza. Cuidado, no lo hacen por buenos. Una vez instalada la duda social, el clima adverso, se bajan para no perder toda la escasa credibilidad que tenían.
El pueblo argentino sabe, desde el magnicidio de Dorrego, que hay enemigos de adentro y de afuera, que procuran volverlo a la deuda externa para ponerle la soga al cuello. Ahora se trata de caminar con cuidado luego de mirar la próxima huella, en la certeza de que este año el país reafirmará en las urnas su proyecto histórico presente. Sin que le tiemble el pulso.





