CABA: Demoras en cirugías. Otra cara del vaciamiento hospitalario

En los hospitales porteños, un número desconocido de pacientes, pero que todas las fuentes coinciden en considerar varios miles, esperan turno para operarse. Aveces meses, a veces años. Las demoras en las cirugías son un mal crónico del sistema público. Pero la situación es cada vez más grave.
La falta de personal y la carencia de insumos son las principales causas de las listas de espera para las intervenciones quirúrgicas. En casi todos los hospitales de la Ciudad es habitual que el cirujano tenga que enfrentar una y otra vez a la familia del paciente para comunicarle que la cirugía debe ser reprogramada. Profesionales y trabajadores deben poner la cara y contener la indignación de los enfermos y sus familias.
No hay datos precisos sobre este abandono estatal de la salud pública. Como ocurre en toda la administración desde que gobierna Mauricio Macri, los empleados tienen prohibido informar lo que acontece en sus lugares de trabajo. Y no existen estadísticas sobre prácticas quirúrgicas anuales, quirófanos disponibles o listas de espera.
El gobierno tiene una política activa de ocultamiento. Abre sumarios a quienes desobedecen la orden de silencio –como la pediatra Laura Schargrodsky en el Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”–, impone auditorías compulsivas con fines intimidatorios como en el hospital Braulio Moyano. Y designa directores hospitalarios que les son afines. Sin embargo, muchos se avinieron a hablar con Diario Z, a veces con reserva de su nombre. Por ejemplo, una fuente calificada del Gutiérrez dijo que la lista de espera de ese hospital supera los 2.500 niños.
Otra forma de verificar la veracidad de las denuncias es a partir de estadísticas oficiales que ofrecen algunos indicios. Llamativamente, entre 2005 y 2012, descendieron las consultas externas por cirugía. Hubo 80.000 menos. De 1.373.011 a 1.295.576. “El número no implica que haya sido operada esa cantidad de personas, sino que bajó la demanda de atención. Los mismos médicos le decimos al paciente que intente operarse en otro lado”, explica Jorge Selser, cirujano del hospital Argerich y ex legislador de Proyecto Sur.
Tras recibir numerosos reclamos, la Defensoría del Pueblo de la Ciudad tomó el tema. Livia Ritondo, subsecretaria de Derechos Sociales de la Defensoría, afirma que los pacientes “sufren un maltrato cotidiano: no sólo no saben cuándo los van a operar, sino que llegada la fecha establecida, se los suele reprogramar”. Están internados meses a la espera de que se desocupe un quirófano. La Defensoría, dice Ritondo, está labrando oficios para que los directores de los hospitales entreguen información. “La lista de espera parece un secreto de Estado”, ironiza.
Diferente es la reacción cuando está en riesgo la vida, sean urgencias (cuando el paciente necesita atención inmediata) o emergencias (cuando puede aguardar entre 6 y 8 horas). En esos casos, los hospitales dan una respuesta inmediata pero a costa de postergar cirugías programadas. A veces los médicos recurren a una pequeña trampa: pasan una operación prevista como si fuera una emergencia para conseguir quirófano.
Las fuentes consultadas concordaron en que uno de los factores para las demoras en las cirugías programadas es la carencia de anestesistas. “Hay un cuello de botella muy fuerte porque a la falta de anestesistas se le suma tecnología obsoleta y falta de insumos. Todo desemboca en la suspensión de la cirugía”, explica Carlos Oviedo, médico psiquiatra y sanitarista.
Las autoridades hospitalarias lo reconocieron ante la Defensoría: “Los directores de hospitales refieren que son un recurso humano crítico y muchas veces los concursos para cubrir vacantes resultan desiertos”.
“Aunque los anestesistas tienen un acuerdo salarial diferente del resto de los médicos en el sistema público, en el sector privado cobran más del doble y las guardias en vez de ser de 24 horas, son de 12”, explica Oviedo.
El problema se agrava por los retrasos en el nombramiento de personal. Hay más de 2.200 profesionales que concursaron sus puestos pero cuando intentaron ocuparlos el Ministerio de Salud les informó que están “desfinanciados”. Más claro: que no hay dinero para solventar los salarios. “Es sin duda un problema histórico, estructural y añejo del sistema”, reconoció el subsecretario de Atención Integrada de Salud, Carlos Russo, en una entrevista de 2013. Nada parece haber cambiado y el Ministerio de Salud no respondió esta vez a las requisitorias . Sin embargo, un recorrido hospital por hospital permitió elaborar un estado de situación.
Prueba de que la crisis hospitalaria cruzó el límite de lo admisible es que el papa Francisco acaba de calificar como “terrible” la atención en la salud pública en la Ciudad, en una carta dirigida al legislador Vera.
En la renovada campaña de la Red En Todo Estás Vos, Macri sostiene que en la Ciudad existe un sistema de salud “gratuito y de calidad”. Sin embargo, profesionales precarizados y miles de pacientes que esperan, algunos desde hace años, su turno para el quirófano lo desmienten.
Números de un retroceso
En 2002, el 28,8% del Presupuesto general iba a Salud. El porcentaje caerá en 2015 al 19,5%.
En 2003, había 8.430 camas hospitalarias disponibles. En 2012, se redujeron a 7.073.
La reducción de camas provocó una caída en la atención. Los egresos pasaron de 196.675 pacientes en 2004, a 180.339 en 2012.
Se redujo también el porcentaje de ocupación de las camas disponibles. Del 84% de ocupación en 2002, se pasó a un 73,6% en 2012.
Los hospitales atienden mayoritariamente población porteña. La última estadística disponible (2012) informa que el 54,5% de los pacientes viven en la Ciudad; el 39,4 en la provincia de Buenos Aires y el 3,3 en otras provincias.
En 2014, el 30% (casi tres mil millones de pesos) del presupuesto del Ministerio de Salud se destinó a tercerizaciones en mantenimiento, limpieza y gestión de residuos comunes y patológicos.





