Bullrich y la melancolía del 2001

El gobierno perdió la reforma previsional
Escribe Alejandro C. Tarruella
La primera ocasión en que Cambiemos alcanzó el quórum el tablero rezaba 129 presencias. Repentinamente, por razones que tienen hasta un rasgo de misterio, el quórum bajó a 128 presencias y de inmediato a 127. Emilio Monzó y varios de sus amigos no comprendían lo que ocurría o sabían acaso que algún pícaro de ocasión macrista, en lugar del ir al futuro, regresaba al pasado del “diputrucho” que descubrió en el Parlamento el periodista Armando Vidal durante el menemismo. También se dijo que un legislador opositor, desinformado, no sabía que al sentarse en su banca estaba dando quórum “hay que ser vivo”, dicen que describió un vivo de Cambiemos. Graciela Camaño, lo sabía, y se dirigió a Emilio Monzó que la invitaba, gentil, caballeresco, a tomar asiento. Al final no hubo quórum y todos le fallaron al patrón, que razonablemente está enojado. No le alcanzó a Emilio Monzó intentar, con escasa suerte, practicar un cross que destino a Leopoldo Moreau en la misma presidencia de Diputados. Por cierto, fracasó.
En las calles y desde temprano, Patricia Bullrich, preparaba un show represivo como jamás se vio desde el gobierno de Fernando de la Rúa cuando ella le arrebató el 13 por ciento al salario de los jubilados. Eso fue lo que hizo ella, con el intento diputrucho de la Cámara de Diputados, y la violencia gratuita contra trabajadores, jubilados y militantes. Así, Patricia Bullrich instaló un escenario delarruísta propio de diciembre de 2001 en la Argentina. Es casi comprensible que luego, derrotados por el quórum, los oficiales de Macri presentaran a una de sus figuras principales, Marcos Peña, enojado sin argumentos, apelando al recuerdo de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, sin ningún elemento que revele que se trataba de una comunicación del gobierno. Solo el rencor desde un ministro que proviene de las familias dueñas de la Patagonia. La Patagonia trágica. Peña no hizo referencia a la falta de respeto a la investidura de los diputados de la oposición en la cacería.
Al tiempo que Peña intentaba un argumento y respondía alguna pregunta, en las calles del centro, alrededor del Congreso de la Nación, la gendarmería realizaba hasta llegada la noche una cacería entre indigentes de la calle, personas que salían de sus empleos, algunas mujeres centroamericanas que no comprenden aún la realidad argentina. El diputado nacional por Santa Cruz, Horacio Pietragalla, que en la avenida Callao procuraba que cesen las tropelías de la gendarmería de la ministra Bullrich. Fue pasadas las 19 hs. cuando en una gestión ante los cosacos, un efectivo le echó en la cara en dos ocasiones a Pietragalla, gas pimienta. Tenía razón cuando explicaba que había un virtual estado de sitio. La orden de la ministra fue seguramente llegar al mismo límite de la muerte que puede parte del libreto de las próximas movilizaciones populares. Como en la imagen que representa al 2001, la represión fue comunicando lo que no supo hacer Peña. En cierto modo, los desbordes de la gendarmería, la policía federal y la de Rodríguez Larreta, unidos en la cacería, volvieron a aquella imagen que recuerda a más de 30 muertos. Por esas horas, la cacería había logrado el botín de unos 20 detenidos. La diputada Mayra Mendoza en ese momento estaba atendida luego de sufrir la agresión policial.
No alcanzó que Carrió se quejara de la cacería de Bullrich pero dijo “la ministra de Seguridad tiene que parar” “no hacer tanta ostentación de la fuerza”. Carrió, con un tono de voz extraño, recortado, había anunciado un bono para los jubilados como lo hacía Macri en campaña cuando prometía que los trabajadores no pagarían ganancias.
Macri había pasado una noche muy inquieto. Fracasaban los aprietes a gobernadores y diputados y los números no daban. Lo sabían el miércoles. Y acusaba a su área de economía de no dar en el clavo a poco de que la Reserva Federal de EE.UU subiera la tasa a 1,50, cosa que va a impactar en los créditos como los UVA y va a profundizar el desastre que lideran Dujovne y Sturzenegger.
Curiosamente, la imagen del 2001 que lograron Macri, Peña y Bullrich, recuerda a Sturzenegger, a ella misma, a Melconían, y otros funcionarios que fueron parte de la patrulla que llevó al 19 y 20 de diciembre de ese año. Y que parece que inconscientemente o de modo deliberado, el gobierno se empeña en devolver a la sociedad. Lo que no miden es que esa tormenta produjo efectos que ellos parecen añorar cuando salen de cacería no ya en tierras de Peña, o del amigo británico Lewis, sino en las calles del país donde la escasa credibilidad se pierde bajo las pisadas del presidente, de Bullrich, de Peña y de Carrió.
Al fondo de esa fotografía acaso desteñida, está el ARA San Juan, el submarino que pudo haberse llevado la vida de 44 soldados argentinos a los que el presidente no menciona. Y un posible lanzamiento de la reforma previsional por decreto de Mauricio Macri eliminando el rol del Congreso. Hay que recordar entonces, que en política, un DNU, no hacer verano. En tanto, en la mirada que intentan por el espejo retrovisor de la historia, otra vez parecían aludir al 2001 como si vuelto el rostro hacia aquel momento histórico no pudiesen devolverse para arribar, al menos en la ilusión, en el 2017 que se va porque algo viene.





