BALANCE DE UNA SEMANA DECISIVA: DOS AÑOS PARA ORGANIZARNOS
Por José “Pepe” Armaleo

La derrota de Milei en la Provincia de Buenos Aires abre un nuevo capítulo en la política argentina. Entre la crisis económica, el malestar social expresado en zonas urbanas y rurales, la presión de los mercados y la tensión internacional, se consolida un anti-mileísmo transversal. Desde la sobremesa de los viernes, con Perón, Cooke y Ferla, analizamos cómo la política, la cultura y la geopolítica se entrelazan, y por qué la única salida requiere organización, debate y acción colectiva.
Al igual que la semana anterior, cuando la mayoría se había ido de casa, quedamos Hipólito, Miguel, Fernando y yo. La casa guardaba un silencio expectante, roto solo por el roce de los cubiertos y el murmullo lejano de la calle. Un golpe seco en la puerta resonó, anunciando que algo estaba por empezar. Antes de atravesar la cocina y sentarse a la sobremesa, se percibía la historia en el aire: miradas que se cruzaban, gestos contenidos y esa expectativa que solo ciertas conversaciones saben provocar.
Perón, Cooke y Ferla retomaron la charla con la misma intensidad que la última vez, como si nunca se hubieran ido, y como si el tiempo y la política se hubieran detenido solo para escucharlos. Afuera, el país seguía hablando a su manera: derrota del oficialismo en territorio bonaerense, mercados en tensión, legislaciones avanzando y retrocediendo, militantes y ciudadanos debatiendo, chats rurales, comedores y redes sociales. Los ecos de Buenos Aires y del agro se mezclaban con los susurros de la opinión pública mediática, que describía la resistencia a Milei y el auge del anti-mileísmo.
—Esta semana no hay forma de disimularlo —dijo Perón con voz grave—. Las derrotas del gobierno muestran la fragilidad de un liderazgo que confunde gritos con conducción. No es cuestión de contar votos circunstanciales, sino de organizar al pueblo detrás de un proyecto. La política no es un espectáculo de consignas vacías: es construcción paciente, articulación de intereses y conducción de mayorías. Cuando un gobierno falla en eso, la debilidad se expone sola.
Cooke agregó con tono encendido: —Lo que vimos no es una simple derrota electoral o parlamentaria. Es el síntoma de un modelo sin base social. Desde el conurbano hasta los chats del agro, pasando por sectores rurales y medios, la bronca y el descontento con Milei atraviesan distintos sectores. La burguesía financiera puede festejar cada ajuste, pero el poder sin pueblo organizado es aire. Por eso recurren a la persecución a periodistas y al amedrentamiento a cualquiera que quiera manifestarse contra las políticas de ajuste, pero la historia demuestra que la organización popular siempre encuentra su camino. A no creer que el triunfo es de alguien en particular: aún nos queda un arduo trabajo para canalizar ese descontento.
—Dijo el dueño de casa, con humildad, —déjeme poner un bocadillo compañero… Hoy el kiosquero del barrio hizo un análisis que me llamó la atención: “La gente vota al peronismo cuando está mal, cuando ya ve que no puede llegar a fin de mes, pero luego, cuando llega el peronismo al poder, vota para que se vaya”. ¿Cómo analiza eso?
Cooke, apoyando la idea con un gesto grave, respondió: —Es un síntoma de la memoria corta y de la decepción acumulada. La política no se reduce a un voto de castigo; es organización, proyecto y capacidad de articular demandas populares. Pero también es conciencia: los derechos conquistados no son dádivas, sino conquistas del pueblo, y deben ser defendidos cada vez que se intente arrebatarlos. Cuando el peronismo olvida construir esa conciencia y fuerza organizada, el pueblo se siente traicionado o perdido y busca alternativas, aunque sean pasajeras.
Ferla, con su estilo didáctico, señaló: —Y mientras todo esto sucede, la economía sangra. No hablamos de estadísticas frías: millones de hogares requieren cuatro salarios mínimos para no caer en la pobreza. La pobreza estructural no se negocia, y sus consecuencias se sienten desde los barrios hasta el interior profundo. El sector industrial está golpeado, como lo demuestra la escalada de advertencias del dueño de Techint, que suma despidos y cuestionamientos al amateurismo político del gobierno. La apertura indiscriminada de importaciones y la crisis de Vaca Muerta tensionan aún más la economía y la producción nacional.
Cooke, encendiendo un cigarrillo con gesto adusto, comentó: —Y mientras tanto, Milei decide gobernar a fuerza de vetos. Rechazó la Ley de Financiamiento Universitario y la de Emergencia Pediátrica, normas aprobadas con dos tercios en ambas cámaras. Es la motosierra aplicada contra la universidad pública, contra los hospitales y contra los más vulnerables. En nombre de un falso equilibrio fiscal, atenta contra la movilidad social y la salud de nuestros pibes. Eso no es conducción: es una vetocracia sin destino.
Ferla agregó: —El veto a la universidad no es casual: es un golpe a una de las instituciones que más democratiza oportunidades en nuestro país. Y la respuesta popular ya está en marcha: la tercera Marcha Federal universitaria, un paro docente, y los trabajadores del Garrahan organizándose. La política se decide en el Congreso, pero también en la calle.
—El movimiento político no se reduce a Buenos Aires —agregó Perón—. Kicillof vuelve a caminar la provincia, recordando que en octubre hay otra elección. Y en Salta, Cristina Fernández de Kirchner recibió a Juan Manuel Urtubey y le dio respaldo explícito para disputar la senaduría por Fuerza Patria. La jugada reordena al peronismo local, tensiona viejos aliados y confirma que el armado nacional necesita expresiones firmes en cada provincia para que la derrota libertaria no quede a mitad de camino. CFK se erige como articuladora y armadora, construyendo unidad desde la estrategia y no desde la improvisación.
—El peronismo pone condiciones claras —dijo Perón con voz firme—. El indulto a Cristina no es solo un gesto personal: es un símbolo de resistencia y de organización política. No se trata de privilegios, sino de recuperar una referencia que articula al espacio y permite ordenar la gobernabilidad en medio del caos. La recuperación de derechos de CFK, aun con todas las limitaciones del calendario electoral, refleja cómo la conducción política puede generar unidad, articular gobernadores y garantizar que la derrota libertaria no se quede a mitad de camino.
Cooke agregó un matiz internacional: —Mientras Estados Unidos cuestiona la condena a Bolsonaro y amenaza con represalias, frente a CFK mantiene silencio o actúa con cautela. Esa diferencia muestra la selectividad geopolítica de sus intervenciones y el doble estándar que atraviesa la política regional.
Mientras tanto, en Nepal, la generación Z estalló en protesta contra la censura digital y la corrupción, hasta forzar la renuncia del primer ministro tras movilizaciones masivas que dejaron muertos, heridos e incendiaron edificios públicos. En Francia, el descontento popular se expresa con protestas multitudinarias que sacuden al gobierno, mostrando que el malestar social trasciende fronteras y que las recetas de ajuste neoliberal encuentran resistencias en todo el mundo.
Perón continua con el tema internacional: —El multilateralismo adquiere importancia central: el alineamiento con los BRICS representa una vía para contrarrestar el aislamiento y la subordinación implícita del actual enfoque, que favorece dependencia unilateral de Estados Unidos e Israel. Apostar por alianzas plurales no es solo una estrategia internacional, sino un mensaje político fuerte: la soberanía económica se construye desde la cooperación y desde una agenda compartida con los pueblos que enfrentan nuestros mismos desafíos.
Un dato no menor, continua Perón es que: la fortuna de Larry Ellison supera los 390 mil millones de dólares, casi el total de la deuda externa argentina. Una sola persona concentra lo que un país entero debe. Este es el signo de época: menos manos, más poder, más riqueza acumulada, mientras millones caen en la pobreza y los Estados se subordinan a los dictados del capital financiero y tecnológico. En Argentina, el desembarco de los Ellison en Paramount y el control de Telefé muestra cómo las decisiones globales repercuten directamente en nuestra soberanía cultural y mediática. Mientras acá se desfinancia la universidad y la salud pública, las pantallas más vistas del país quedan bajo control de una familia multimillonaria. ¿Qué democracia puede resistir frente a semejante asimetría? Aquí queda claro que la pelea por la soberanía no es solo económica o política, también es cultural y comunicacional.
—Si el Gobierno cae —concluyó Perón—, el mercado disparará el dólar y millones de compatriotas quedarán bajo la línea de pobreza. Si sigue, se perpetúa un modelo que hiere al pueblo y destruye al sector productivo nacional. En ambos casos, la consecuencia es la misma: sacrificios masivos que recaen siempre sobre los mismos. Es como querer agarrar un carbón: si está encendido, te quema; si está apagado, te ensucia. La solución está en mojarlo, trasladarlo y dejarlo secar para que recupere sus propiedades.
Alguno trasnochado analista, habla de un supuesto golpe destituyente por parte del peronismo ante el olor de la derrota, y subrepticiamente proponen la continuidad vía la vicepresidenta. Nada más lejos de la verdad: la historia demuestra que la continuidad se construye desde la estrategia, la unidad y la organización política, y que los golpes de Estado nunca fueron propiciados por el peronismo. No se trata de atajos ni de maniobras ocultas, sino de conducir y articular al espacio, de garantizar que el país no se desmorone mientras se defienden los derechos del pueblo.
Tenemos apenas dos años para trabajar en esa tarea, que no admite postergaciones si de verdad queremos un futuro distinto. Y hay que dejar de lado el vedetismo individualista y los egos: la única salida real es organizar al pueblo, discutir colectivamente y construir poder desde la base.
La sobremesa se prolongó hasta la madrugada. Afuera, el barrio parecía escucharnos. Los comensales hablaron de organización, militancia y batalla cultural. La historia vuelve cuando más se la necesita: los dirigentes deben actuar, el pueblo debe organizarse y la cultura debe hablar. Entre platos, vino y memorias, comprendimos que la política es tarea colectiva, diaria y exigente, y que el silencio o la apatía solo profundizan la crisis.
Lo que dejó la semana
- Derrota política y legislativa: el oficialismo sufrió un traspié que expone debilidad y falta de conducción.
- Anti-mileísmo consolidado: descontento expresado en zonas urbanas, rurales, chats del agro y medios críticos, que ahora también incluyen algunos hegemónicos.
- Vetocracia en marcha: Milei vetó la Ley de Financiamiento Universitario y la Emergencia Pediátrica, ambas aprobadas por amplísima mayoría en el Congreso. El frente universitario convocó a la Tercera Marcha Federal y a un paro nacional, mientras los trabajadores del Garrahan preparan medidas de fuerza.
- Concentración obscena de riqueza: Larry Ellison concentra más que la deuda externa argentina, controlando medios y plataformas clave en el país.
- Pobreza estructural: millones de familias con ingresos insuficientes; cuatro salarios mínimos no alcanzan para no ser pobres.
- Presión internacional: los BRICS critican políticas unilaterales, mientras Nepal y Francia muestran movimientos sociales y diplomáticos que dan dimensión de lo que está pasando en el mundo. Diferencia de reacción de EE. UU. frente a Bolsonaro y CFK.
- Gobernabilidad y unidad: CFK como articuladora y armadora, respaldando a Urtubey en Salta, y el peronismo avanzando hacia acuerdos de gobernabilidad que incluyen el indulto como primer paso.
- Riesgo Milei: inflación, aumento de alimentos y descontento industrial con medidas económicas y apertura de importaciones.
«La historia no se borra, la memoria no se clausura, la justicia no se negocia, la soberanía no se entrega y la apatía es la derrota que ningún pueblo puede permitirse.»
José “Pepe” Armaleo – Militante, abogado, magíster en Derechos Humanos, integrante del Centro Arturo Sampay y de Primero Vicente López.





